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El rock despidió a uno de sus dioses: diez pinceladas sobre Ozzy Osbourne

Al frente de Black Sabbath fue uno de los padres del heavy metal; su música influyó a varias generaciones desde su debut discográfico en 1970

Salvado por The Beatles

No nació en cuna de oro y sus primeros años supieron de varias privaciones. John Michael Osbourne vio la luz el 3 de diciembre de 1948 en Marston Green, Warwickshire, y creció en Aston, Birmingham. Ambas eran zonas proletarias en un país que todavía se lamía las heridas de la Segunda Guerra Mundial. Sus padres eran obreros, la pareja ya tenía tres hijas y luego se sumarían dos varones más. Toda la familia vivía en un apartamento de dos dormitorios. Desde muy chico fue llamado Ozzy, deformación de su apellido. Era disléxico, sufrió bullying, abuso sexual y alguna vez intentó suicidarse. Dejó la educación formal a los 15 —iba al mismo instituto que un tal Tony Iommi, que también protagoniza esta historia— y empezó a trabajar muy joven, destino marcado para todos los que eran como él: trabajó en la construcción, en una sanitaria, en un taller mecánico y en un frigorífico. También fue ladrón pero de los malos: acababa preso casi siempre. Muy poco instruido, tenía sin embargo inquietudes artísticas que lo llevaron a actuar en obras teatrales escolares. Sin embargo, su vida tuvo un parteaguas cuando escuchó por la radio She Loves You, de The Beatles. Tenía 14 años. El mundo cambiaba, él cambiaba y él pronto ayudaría a cambiarlo.

Inicios musicales

Con un tipo también de Birmingham llamado Terence Geezer Butler, Ozzy formó en 1967 su primera banda, Rare Breed, y su segunda, Polka Tulk Blues. Cream era la banda del momento en Inglaterra, y su blues a alto volumen, influencia directa de lo que ya asomaba como hard rock y luego sería el heavy metal, eran el modelo a seguir. En la última ya se habían sumado otros dos fulanos de la misma ciudad, Bill Ward y el mencionado Iommi. Pese a que un accidente en una fábrica le había mutilado dos dedos, Iommi era guitarrista, un buen guitarrista, y obligó casi que de pesado a Geezer a pasarse al bajo. Bill era baterista y Ozzy cantaba, más con actitud que talento. Pronto cambiaron su nombre a Earth, pero al advertir que ya había otro combo llamado igual, se inspiraron en una película de terror con Boris Karloff de protagonista llamada Black Sabbath para rebautizarse. Eso fue en agosto de 1969. El nombre combinaba perfecto con su propuesta dura, oscura lindante con lo terrorífico y afinaciones graves. En gran parte por ellos nacía lo que hoy es conocido como heavy metal, con Ozzy como su cara y su voz de ultratumba, espeluznante, que pronto le harían merecedor del apodo de Príncipe de las Tinieblas.

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Los padres del heavy metal

A diferencia de los otros dos integrantes de la trilogía iniciática del heavy metal británico, Led Zeppelin y Deep Purple, la propuesta de Sabbath era más oscura, tosca, barrial, sucia y lumpen. Muy lejos de cantantes contemporáneos que terminaron siendo íconos eróticos como Mick Jagger, Robert Plant y David Coverdale, nadie podía pensar en Ozzy —ni en ninguno de los otros músicos del cuarteto— como un sex symbol. Mucho en ello tuvo que ver su personalidad, el histrionismo payasesco de un tipo al que la suerte había sacado de las tabernas de su barrio y lo había catapultado a los escenarios. Bueno, la suerte y su talento como cantante y compositor, perfecto para ser la versión rockera del género terror. Desde su debut discográfico en 1970 hasta 2013 vendieron 70 millones de álbumes. La primera etapa de la banda con Ozzy como cantante, que duró hasta 1979, incluye varios de los mayores clásicos del género: Black Sabbath, N.I.B., War Pigs, Paranoid, Iron Man, Sweet Leaf, Children Of The Grave, Supernaut, Sabbath Bloody Sabbath, Hole In The Sky, Megalomania o Never Say Die.

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Breve intento de normalidad

Tapado por su rol como músico y por el personaje creado por sus excesos, se pierde que en algún momento inicial Ozzy quiso sentar cabeza. No, nadie habla de Sharon Arden, otra heroína en este lío. En 1970, año en el que salieron los primeros dos discos de Black Sabbath, Ozzy fue a un boliche con amigos en Birmingham (dónde más) y conoció a una chica llamada Thelma Riley. Según contaría en su autobiografía de 2009 I Am Ozzy, el flechazo fue total. Para 1971 ya estaban casados. “Pensaba que era lo que había que hacer: ganar dinero, encontrar una chica, casarme, sentar cabeza, ir al pub”, escribió. Con ella, que ya tenía un hijo de una relación anterior, tendría a sus primogénitos Jessica (1972, que el tiempo la convirtió en madre de tres de sus nietos) y Louis (1975). Su primera experiencia como padre y marido fue, según él mismo admitió, bastante desastrosa, por culpa de sus ausencias, sus adicciones y su errática manera de lidiar con un éxito para el que no estaba preparado. El divorcio llegó en 1982. Para entonces él tenía otra mujer, otra banda y los mismos problemas.

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Largo intento de destrucción

Ozzy hizo todo, pero todo lo posible para ser parte del trístemente célebre Club de los 27. Hubo pocos tipos más desbundados en la historia del rock y eso es mucho decir. En su autobiografía dice que pasó 30 años borracho y 40 drogado. El mismo año en el que se casó, 1971, probó la cocaína (nadie dice que una cosa tenga que ver con la otra) y no paró: drogas legales, ilegales, de buena calidad, de la peor calle y del peor dealer, alcohol en cantidades industriales. Semejante dieta no hizo sino afectar su creatividad y la convivencia en la banda, donde las discusiones se terminaron zanjando a las piñas. Curiosamente, pese a que era el más adicto de los cuatro era también el que tenía más “aguante”. Como sea, podridos de que viviera colocado, los otros Sabbath le mostraron en 1979 la puerta de salida. Aquí tocó más fondo, si se quiere, del que salió gracias a Sharon Arden, su manager primero y segunda esposa después, hija de quien había sido manager de Black Sabbath, Don Arden.

Más allá de una resurrección musical, en la década de 1980 protagonizó varios episodios que mostraban lo loco que estaba: en 1982 le arrancó la cabeza de un mordisco a un murciélago que le arrojaron desde el público (lo que motivó que le inyectaran un cóctel antirrábico) y orinó en el monumento que conmemora la batalla del Álamo en Estados Unidos (lo que provocó que una horda de nacionalistas casi lo linchara); en 1984, durante una gira con los Mötley Crüe, se esnifó una hilera de hormigas; varias veces hubo que suspender recitales porque estaba dopadísimo o porque le había dado por optar por el camino de la violencia con sus compañeros; en 1989 por poco asesina a su mujer. En 2002 se mandó una cruda confesión: “No hay ninguna razón médica plausible de por qué estoy vivo. Tal vez mi ADN pueda decir la razón”. Curiosamente, estudios publicados posteriormente en la revista Scientific American revelaron que él tenía “cientos de miles de variables genéticas inusuales” que le permitían metabolizar sustancias como el alcohol mejor que el común de los mortales. Que el tipo haya muerto a los 76 años, como cualquier abuelo promedio, es un milagro.

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Ozzy solo bien se lame

Cuando le dieron salida de Sabbath, nadie daba dos cobres por su carrera solista. No ayudó que dedicara los tres meses siguientes a meterse hasta las sustancias que no se sabía que existían en su cuerpo y acumular ideaciones suicidas. Sharon Arden, antes de casarse con él, lo impulsó a formar su propia banda, bajo nombres tentativos como Son of Sabbath (que odió) o Blizzard of Ozz (que escuchó con más cariño). Le acercó nombres muy importantes como el notable guitarrista Randy Rhoads y el bajista Bob Daisley para armar su debut solista —bajo su propio nombre— en 1980. Su trayectoria como Ozzy Osbourne está repleta de clásicos del metal: Crazy Train, Mr. Crowley, Over The Mountain, Bark At The Moon, Shot In The Dark, No More Tears, Mama I’m Coming Home, Mr. Tinkertrain, Hellraiser o I Don’t Wanna Change The World. En su banda han pasado monstruos como los guitarrista Rhoads, Jake E. Lee y Zakk Wylde, los bajistas Daisley, Robert Trujillo y Jason Newsted, los bateristas Carmine Appice, Randy Castillo y Tommy Cufletos, y tecladistas como Don Airey. Hasta principios de la década de 1990 era una primera figura del rock de esas que tienen algo para decir, luego entró en ese capítulo de leyendas de la música que, en realidad, no hacen más que lucrar con su glorioso pasado. Claro que en su caso, era glorioso en serio.

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Sharon Arden fue su manager primero y segunda esposa después, hija de quien había sido manager de Black Sabbath, Don Arden. Se casaron en 1982 y fue la gran impulsora de su carrera solista

Sharon Arden fue su manager primero y segunda esposa después, hija de quien había sido manager de Black Sabbath, Don Arden. Se casaron en 1982 y fue la gran impulsora de su carrera solista

El festival propio

A mediados de la década del ‘90 ya se decía que la salud de Ozzy era complicada. Es por eso que cuando Sharon Osbourne —su esposa desde 1982— le pidió a los organizadores del festival anual Lollapalooza que incluyeran a su marido, la respuesta fue por demás desdeñosa: “It’s a fucking dinosaur!”. En represalia, ella organizó su primer festival anual itinerante, el Ozzfest, destinado sobre todo al heavy metal, que tuvo su primera edición en octubre de 1996, que terminó eclipsando a los irrespetuosos agresores. Por supuesto, Ozzy Osbourne fue la cabeza de cartel de un programa que incluía nombres tan pesados como Slayer, Danzig y Sepultura. Al año siguiente, el Ozzfest incluyó la reunión de la formación original de Black Sabbath, lo que fue un negocio musical y económico redondo. En realidad, Ozzy se vería varias veces de nuevo las caras con sus viejos compañeros, con quienes los ha unido tanto el amor como los litigios legales, a lo largo del tiempo. El último Ozzfest se celebró en 2018.

Estrella de TV

Y llegó el momento, ese maldito momento en el que el Loco, el Príncipe de las Tinieblas, se transformó en una estrella mediática. La artífice de ello fue esa máquina de lucrar llamada Sharon Osbourne; la ortodoxia rockera nunca la detestó tanto, olvidando que si no fuera por ella Ozzy ya llevaría tiempo viendo crecer los árboles desde las raíces. The Osbournes fue el nombre del reality show que duró cuatro temporadas, entre 2002 y 2005, que mostraba la vida “cotidiana” del ídolo, su esposa y dos de los tres hijos que tuvo con ella: Kelly (1984) y Jake (1985). Aimée, la mayor de la pareja (1983), no quiso participar. Fue un éxito grande, en momentos en que la cadena MTV estaba iniciando su tránsito de una señal musical a una bizarra. Claro que la imagen que se daba de Ozzy (un tipo torpe, irresoluto, ido, tembloroso, desactualizado y que muchas veces parecía demasiado afectado por rivotril o similares) estaba muy lejos de ser —tanto en lo épico como en lo decadente— la de sus años de gloria. El final fue forzado, cuando se le detectaron los primeros indicios de Parkinson además de severos problemas auditivos. Quizá fue el momento de venganza de Sharon, una mujer que mientras luchaba por reencauzar la carrera de su marido, estuvo a punto de ser víctima de femicidio cuando un Ozzy totalmente drogado la estranguló hasta casi matarla en 1989 (episodio del que él aseguró no recordar nada). Los problemas con drogas para Ozzy siguieron, al menos, hasta 2013.

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En agosto de 2002, Ozzy, Sharon y sus hijos Kelly y Jack, en su casa de Beverly Hills, donde las cámaras los grababan para el reality show The Osbournes.

En agosto de 2002, Ozzy, Sharon y sus hijos Kelly y Jack, en su casa de Beverly Hills, donde las cámaras los grababan para el reality show The Osbournes.

La despedida

Repleto de achaques (Parkinson, enfisema, lesiones en la médula espinal y varias cosas más), Ozzy se dio el gusto de despedirse en un escenario. Fue en un macrorecital ante 45.000 personas en Birmingham, donde todo comenzó, el 5 de julio de 2025 en el estadio Villa Park. El festival fue transmitido por internet y tuvo un pico de visualizaciones de casi seis millones de espectadores, recaudando la fabulosa cifra de 140 millones de libras, donadas a instituciones médicas. El evento, titulado Back To The Beggining (Regreso al inicio), tuvo la participación de luminarias del heavy metal como Anthrax, Alice In Chains, Pantera, Tool, Guns ‘n’ Roses y Metallica, entre varios otros. Sentado en un simil trono, sin poder pararse, Ozzy Osbourne —que desde una caída en 2019 apenas se había subido a un escenario— ofreció un pequeño recital solista de seis temas y luego, para emoción de todos, la formación original de Black Sabbath terminó con cuatro de sus mayores clásicos. Paranoid, una canción que fue pensada como relleno para el segundo disco de la banda, y terminó impactando tanto que rebautizó el álbum y se convirtió en uno de los mayores clásicos de la historia del rock, fue lo último que la leyenda interpretó en vivo. Diecisiete días después, Ozzy falleció rodeado de su familia. Tuvo cinco hijos, un hijo adoptivo, al menos ocho nietos (no todos sus hijos han abierto su corazón a la prensa, demasiado con el padre que tuvieron) y millones de fans en todo el mundo.

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El legado

"La supervivencia es mi legado", dijo Ozzy a la revista People en 2022. Todavía le gente lo aplaudía y sus discos se seguían vendiendo. "Me gustaría ser recordado por el trabajo que hice con Black Sabbath. Estoy muy orgulloso de la música. Pero para ser honesto, el simple hecho de ser recordado sería un logro para mí", le había dicho a The Guardian en 2018. Para entonces, ya había entrado dos veces al Salón de la Fama del Rock and Roll, en 2006 por la banda de Birmingham y en 2024 como solista. Es que más allá de sus hijos y nietos, la cantidad de bandas y artistas que han explicitado públicamente lo influyente que ha sido Ozzy en cualquiera de sus etapas es larga; en una enumeración no taxativa se puede incluir a: Mötley Crüe, Metallica, Megadeth, Motörhead, Pantera, Rob Zombie, Alice in Chains, Anthrax, Def Leppard, Korn, Slipknot, Linkin Park, Black Label Society, Coal Chamber, System of a Down, Marilyn Manson, Pappo, Riff, White Zombie, Lita Ford y Judas Priest. Casi tantos como The Beatles, aquellos que le cambiaron la vida a los 14 años.

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