La información disponible no detalla todavía cómo se organizarían las capturas, traslados y la permanencia de los animales en las instalaciones militares, ni precisa un calendario de ejecución. Agro de Búsqueda intentó comunicarse con la ministra Lazo, pero no tuvo respuesta.
La propuesta pone nuevamente sobre la mesa una limitante que trasciende los episodios individuales de ataques de perros.
El informe titulado Determinación de pérdidas por depredación y asociadas al proceso de recría para la producción ovina en Uruguay, elaborado por el Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL), estima que la combinación de depredación y mortalidad adicional durante la lactación y la recría, bajo condiciones ambientales adversas, podría representar más de 760.000 corderos y un valor económico promedio próximo a US$ 57 millones.
El cálculo incorpora distintos depredadores y suma la mortalidad adicional posterior a la señalada de un escenario desafiante frente a otro de menores pérdidas. Se trata de una extrapolación nacional construida sobre supuestos productivos y antecedentes experimentales.
Respaldo
El informe técnico permite ubicar esa discusión dentro de un problema productivo más amplio. Los perros integran el grupo de principales depredadores de ovinos, junto con zorros, jabalíes y caranchos. Además de las muertes directas, su presencia provoca estrés y dispersión de las majadas, y puede afectar la eficiencia reproductiva. Las primeras 72 horas de vida aparecen como un período especialmente crítico para los corderos.
Como antecedente, el documento cita la Encuesta Ganadera de 2016, en la que el 71% de los productores ovinos declaró muertes por depredadores en sus establecimientos.
El trabajo recoge la percepción de que la presión ha aumentado, pero también advierte que hacen falta estudios científicos para respaldar algunas de las explicaciones sobre la evolución de las poblaciones de depredadores.
Pérdida de 395.000 corderos
Para dimensionar las pérdidas por depredadores, el estudio asume una incidencia del 15% y la aplica a las 2.633.261 ovejas encarneradas registradas en la declaración jurada de existencias de 2025. Con ese procedimiento obtiene una estimación de 394.989 corderos perdidos. La cifra surge de extrapolar los antecedentes considerados; no es el resultado de un conteo nacional de animales muertos por ataques.
En un segundo cálculo, basado en una serie histórica de precios de carne y lana, la pérdida por depredación alcanza un promedio de US$ 29,4 millones, con valores que van desde US$ 20,6 millones hasta US$ 43,1 millones. La diferencia entre las valoraciones responde a los precios considerados. El daño físico puede ser el mismo, pero su expresión económica cambia con las condiciones comerciales del rubro.
La metodología toma como referencia un peso de canal de 16,1 kilos y una producción de lana de 2,5 kilos por cordero. Para la valoración presentada con los precios de referencia de 2025, el documento asigna un total de US$ 85,2 por cabeza: US$ 74,5 por carne y US$ 10,7 por lana.
Son valores de producción potencial; no deben interpretarse como márgenes netos, porque el cálculo no descuenta todos los costos necesarios para obtener esos productos.
Recría y más pérdidas
La supervivencia no queda asegurada cuando el cordero supera la parición. El informe analiza también el período entre señalada y destete, y el comprendido entre destete y primera esquila. En esas etapas la alimentación, la sanidad y el ambiente condicionan tanto la mortalidad como el crecimiento y la capacidad posterior de los animales para incorporarse a la reposición o a los sistemas de producción de carne y lana.
Para un escenario normal, el trabajo considera pérdidas de 3% entre señalada y destete y de 5% entre destete y primera esquila. En condiciones desafiantes esas tasas aumentan a 8% y 20%.
Los parámetros se apoyan en observaciones del Centro de Innovación y Capacitación Ovina Mario Azzarini, del SUL, en Salto, y en publicaciones sobre recría de la institución.
Aplicando una señalada promedio de 70% a las ovejas encarneradas de 2025, el documento estima 147.463 muertes en el escenario normal y 516.119 en el desafiante. La diferencia es de 368.656 corderos. Ese excedente de mortalidad es el que incorpora al análisis conjunto con las pérdidas por depredadores, y no la totalidad de las muertes posteriores a la señalada del año adverso.
El exceso de lluvias ocupa un lugar relevante, porque favorece procesos parasitarios, especialmente los asociados a lombriz de cuajo. También inciden las afecciones podales y las bicheras.
A esos desafíos se agregan las restricciones nutricionales y el estrés del destete, cuando la separación de la madre modifica la alimentación y puede reducir temporalmente el consumo y la ganancia de peso.
La mortalidad adicional del escenario desafiante representa unos US$ 31,4 millones con la valoración de referencia empleada en el informe. Al utilizar la serie histórica de precios, el promedio se sitúa en US$ 27,4 millones y el máximo supera US$ 40,2 millones. El estudio destaca que un contexto de mejores precios eleva el valor económico de cada animal que no alcanza las siguientes etapas productivas.
Más producción
La suma de ambos componentes arroja 763.645 corderos: 394.989 atribuidos a depredación y 368.656 de mortalidad adicional durante lactación y recría en condiciones adversas. Con los precios de la serie histórica, el impacto combinado promedia US$ 56,8 millones y alcanza un máximo de US$ 83,3 millones. La magnitud muestra una oportunidad productiva, aunque no implica que todas esas pérdidas puedan eliminarse.
Para dar una referencia de escala, el documento compara el promedio de US$ 56,8 millones con los US$ 71,9 millones de exportaciones de carne ovina de 2025, una relación de 79%.
La conclusión central es que mejorar la supervivencia permite obtener más animales de la misma base de vientres. Cada cordero que llega a reposición o venta aumenta la producción física y contribuye a distribuir los costos del sistema entre más productos.
El estudio propone actuar sobre las dos limitantes en forma complementaria, articulando prevención de ataques con manejo nutricional, sanitario y forrajero.
Herramientas disponibles. Entre las alternativas contra depredadores, el informe describe barreras físicas y animales de guarda. El alambrado eléctrico se utiliza para controlar jabalíes, mientras los potreros de parición protegidos y las mallas con hilos complementarios buscan evitar el ingreso de perros y zorros.
Su desempeño depende del diseño, la instalación y el mantenimiento, además de la adaptación a las características de cada establecimiento.
Los antecedentes muestran resultados favorables, aunque también variaciones entre años y sistemas.
En la majada de doble propósito fino del Centro de Investigación y Experimentación Dr.Alejandro Gallinal (Ciedag), en Florida, las pérdidas entre corderos potenciales identificados por ecografía y señalados fueron de 21% a 28% entre 2021 y 2024, sin la utilización de malla, y de 11% en 2025, con malla.
La comparación ilustra el potencial de la protección, sin aislar por sí sola todos los factores que explican la diferencia.
Los animales de guarda incluyen burras, llamas y perros de razas como Maremmano Abruzzese y Gran Pirineo. Su función es alertar a la majada y disuadir a los depredadores.
El informe destaca que los perros requieren una socialización temprana con los ovinos y una persona de referencia que los alimente y cuide. La elección debe considerar la escala, el terreno y el manejo.
Para la recría, propone reservar potreros sin ovinos durante al menos 90 días antes del ingreso de los corderos, separar los lotes por peso y suplementar a los que pesan menos de 20 kilos al destete.
Destaca también el seguimiento sanitario con asesoramiento veterinario. Estas medidas buscan mejorar el crecimiento y reducir la vulnerabilidad antes del invierno.
El desafío es lograr que la coordinación institucional y las herramientas de prevención se traduzcan en más animales producidos, mayor eficiencia y mejores resultados para la cadena ovina.