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Una biografía es, como toda pieza literaria, un relato. Y constituye, por tanto, un corte de la realidad, una mirada siempre parcial que, en el mejor de los casos, tiene aspiración de honestidad, pero que no puede eludir el sesgo o un poco de indulgencia. Cuando, además, se trata de una autobiografía ?es decir, la versión de los hechos desde la óptica de su protagonista?, el lector debe mantener una distancia conceptual que evite el enamoramiento absoluto con el personaje, por encantador que este sea. A fin de sostener este sano escepticismo en términos razonables, el lector cuenta con herramientas que le permiten cruzar o completar la información que lee con la que aparece en medios confiables de Internet y otras publicaciones. En pocas palabras, nadie engaña a nadie que no quiere se engañado.
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Con esas prevenciones leí las quinientas páginas de Mi historia, la autobiografía de Michelle Obama o, como me gusta llamarla, Michelle Robinson. Es cierto ?y sería absurdo negarlo? que su popularidad y gran parte del poder que le han permitido realizar una gestión pública intensa se deben a su condición de esposa de Barack Obama. Pero no es menos cierto que la notable inteligencia de esta mujer, su claridad de objetivos ?con momentos de duda incluidos? y su determinación para alcanzar las metas propuestas, le confieren un brillo propio que no rinde tributo a ninguna relación conyugal. Michelle Obama, o Michelle Robinson, es una mujer fuerte, ambiciosa, sensible, disciplinada y trabajadora. Como ella se define, “una chica con la cabeza bien amueblada”, una mujer que desde niña supo que “enfrentaba el más universal de los desafíos, que consiste en conciliar quién eres con el lugar del que provienes y el lugar hacia el que quieres ir”.
El libro propone un recorrido colmado de simpáticos detalles. Empieza con un prólogo delicioso y deriva hacia su infancia en la segunda planta de una casa modesta en Euclid Avenue, en el South Side de Chicago. Allí vivía con su padre ?supervisor de calderas en una planta de filtración de aguas?, su madre ?un ama de casa que salió a la arena laboral para colaborar en la educación universitaria de sus hijos? y Craig, su hermano mayor ?un prometedor jugador de básquetbol que accedería a la universidad y luego ocuparía altos cargos ejecutivos.
Es en esta sólida estructura familiar, reforzada por una tribu infinita de tíos y primos, donde Michelle encontró los cimientos que la mantuvieron en pie y alineada con sus sueños. Aprendió a leer muy pequeña, antes de ingresar a la escuela, y pronto entendió que el único camino para promoverse desde el punto de vista social y profesional estaba en la educación. En ella depositó sus mejores esfuerzos. Estudió en la Universidad de Princeton y luego en la de Harvard. De allí fue a trabajar a un prestigioso estudio de abogados donde conoció al joven Barack Obama, un estudiante de quien debía ser mentora durante la práctica de verano. Michelle recuerda el momento en que accedió a realizar esta tarea como uno de esos instantes en los que, sin que uno lo sepa, cambia la vida.
Lo que sigue es el relato de las tensiones internas de una mujer que ya había alcanzado grandes logros y comenzaba a dirigir su rumbo hacia otras metas más afines con sus ideales de justicia social y humanismo. Y la irrupción de ese hombre que iba a dar vuelta todos los planes ?aunque no las convicciones? y con quien se comprometería en la construcción de una nueva familia y en el acompañamiento generoso y activo hacia la presidencia en dos períodos consecutivos.
En el libro hay fuerza de voluntad, pero también vacilaciones. Desencanto y esperanza. Ligereza y profundidad. Vulnerabilidad y fortaleza. Amor y resentimiento. Una serie de contradicciones que vuelven al personaje humano. Lo público y lo privado compiten. El deseo de servir a un país y acaso las ambiciones personales se ven coronados por el éxito, pero la vida familiar se resiente, los espacios privados se acotan y una salida en pareja a cenar y al teatro se vuelve un engorroso trámite de seguridad nacional. La soledad del poder acecha.
Michelle Obama ?que en sus ocho años como primera dama lideró cuatro importantes iniciativas: Let´s Move!, Reach Higher, Let Girls Learn y Joining Forces? se apura en aclarar que no está en sus planes ocupar cargos públicos, que es “una persona común que acabó embarcada en un viaje fuera de lo común” y que su mayor logro ha sido encontrar una voz propia para inspirar a otros a encontrar la suya y ampliar sus horizontes. A lo largo de su existencia una pregunta la atormentó y, a la vez, constituyó su estímulo para dar el siguiente paso: ¿soy lo suficientemente buena?
A sus cincuenta y cuatro años, parecería ser que la respuesta a esta pregunta es un sí categórico, aunque supongo que habrá más desafíos que renovarán la saludable duda de dar o no con la talla en cada momento. Una mujer tan llena de energía y ganas de cambiar los aspectos menos gratos de la realidad, no desaprovechará su posición de privilegio y continuará moviéndose en dirección a sus metas.
Regreso al principio. Toda biografía es un relato, una lectura parcial de los hechos y una selección más o menos amable de lo que se cuenta y lo que se deja por fuera. Si el personaje es interesante, vale la pena aproximarse a su historia no para creérsela a ciegas, sino para conocer una de sus varias facetas. Cuando, como en este caso, está bien construida desde el punto de vista literario, es entretenida en sus anécdotas y ofrece tramos de inusual valor poético, la lectura se vuelve un ejercicio placentero.