En la esquina de la rambla 25 de Agosto y Colón, en la Ciudad Vieja, en 1886 se erigió el Gran Hotel El Globo, una construcción de estilo ecléctico historicista que recibió a inmigrantes, turistas y empresarios que llegaban en barco.
El viejo Hotel El Globo vuelve a brillar en la Ciudad Vieja con una propuesta de hospitalidad sofisticada frente al puerto de Montevideo
En la esquina de la rambla 25 de Agosto y Colón, en la Ciudad Vieja, en 1886 se erigió el Gran Hotel El Globo, una construcción de estilo ecléctico historicista que recibió a inmigrantes, turistas y empresarios que llegaban en barco.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDesarrollado en cuatro niveles —el último agregado a principios del siglo XX—, las habitaciones se organizaban en torno a patios de aire y luz con un restaurante en la planta baja. En su época de apogeo, entre las décadas de 1920 y 1940, era frecuentado por viajeros argentinos, familias vinculadas a la actividad portuaria y forasteros. Tras su cierre en el año 2000, quedó en un prolongado estado de abandono que durante dos décadas afectó negativamente al entorno.


Al desembarcar en la terminal de Montevideo, Valentín Bueno —presidente de SWI Group— se topaba con un paisaje de edificios históricos cuyas antiguas fachadas apenas resistían el duro paso del tiempo. El empresario mendocino identificó una oportunidad y se decidió a emprender Distrito El Globo, una propuesta global de rescate de edificios patrimoniales para convertirlos en un polo multifacético de trabajo, gastronomía, arte y servicios. El Gran Hotel El Globo es un claro ejemplo del rescate de la historia del Río de la Plata. Por un lado, Jorge Luis Borges lo eligió como el escenario donde el protagonista del cuento Avelino Arredondo planifica el asesinato del presidente uruguayo Juan Idiarte Borda y, por el otro, la cineasta Beatriz Flores Silva lo utilizó como set de filmación para su película En la puta vida.
Después de varios años de solicitudes de permisos, diseños, planificación y obras, el antiguo hotel se convirtió en Casa El Globo, primera edificación de un total de seis con las que se busca revitalizar el casco histórico para posicionar a la Ciudad Vieja en un centro de encuentro de empresarios, turistas e inversores.
En la planta baja de Casa El Globo funciona el restaurante Quinquela, en los dos pisos superiores hay espacios de coworking premium corporativo y en la parte superior hay una cafetería con sala de conferencias y un rooftop con vistas a la ciudad. Está previsto que en las próximas semanas en la tercera planta se inicien las obras de un hotel boutique con 13 habitaciones. El proyecto continuará con la apertura de Casa Colón en el mes de noviembre, las dos Casa Solís para el año próximo y más adelante está previsto que se inaugure Casa Rambla.
El director comercial de Quinquela, Pablo Pesce, lo define como “un proyecto absolutamente disruptivo, innovador para el mercado de Montevideo y tremendamente ambicioso, no solamente por la inversión sino también por la impronta”.
El propósito de la hospitalidad es brindar una estancia caracterizada por el confort para generar sentido de pertenencia en una experiencia de “hogar lejos del hogar”.
De alguna manera, en sus orígenes el Gran Hotel El Globo ya implementaba este concepto de manera intuitiva, gracias a un diseño arquitectónico de múltiples niveles estructurado alrededor de patios que aportaban luz y ventilación natural, habitaciones con ventanas a la calle, ascensor y un restaurante en el primer piso.
Llevado al ámbito del trabajo contemporáneo, se traduce en oficinas que prioricen el bienestar y la versatilidad, con mobiliario ergonómico, iluminación cálida, áreas de descanso y cafetería de primer nivel, junto con zonas adaptables tanto para el trabajo colaborativo como para la máxima concentración. En consecuencia, no se siente como una oficina fría donde se cumplen tareas, sino que es un espacio vivo donde se disfruta, se cuida a la gente y se construye una cultura corporativa sólida.
“Cuando se habla de hospitalidad inmediatamente se piensa en turismo o en hotelería. En realidad, el concepto es más abarcativo y está vinculado a cualquier empresa de servicios, incluso a una institución médica o una de transporte. Integralmente, en Distrito El Globo se trabaja para que la experiencia del cliente sea memorable y, con consistencia y coherencia, se transforme en un cliente leal”, describe Pesce, mientras se recorre Las Caballerizas, un ambiente distendido de livings con obras de Carlos Páez Vilaró.
La marca sueca de work-lifestyle más exclusiva del mundo, No18, desembarcó en Casa El Globo, pensando en profesionales que valoran un ambiente de inspiración y networking de alto nivel. Se trata del primer club de negocios y espacio de trabajo boutique de lujo que se instala en América Latina.
A la conversación sobre la hospitalidad se une Rodrigo Bueno, director de Operaciones de Distrito El Globo y hermano de Valentín: “Este concepto es relativamente novedoso en Latinoamérica. Por eso el club de negocios está orientado a brindar servicios premium. Ofrecemos un nivel máximo en todos los aspectos, hasta un espacio de trabajo con obras de arte originales: tenemos más de un millón y medio de dólares en piezas originales. Acá está la colección más grande de uno de los mejores pintores de Uruguay, Carlos Páez Vilaró, muchas de ellas cedidas para nuestro proyecto. Entonces, trabajás en espacios open en el primer y segundo piso, y luego vas a una sala de reunión —cada una tiene una obra que lo representa—. Además, brindamos lo máximo de la tecnología, desde pantallas táctiles inteligentes hasta un sistema de privacidad de smart film para evitar la visual hacia adentro. Tenemos un barcito en cada piso con el servicio de Quinquela, que me atrevo a decir que es de lo mejor o el mejor de Uruguay. Además, en cada piso hay servicios de tisanería gratuitos con café expreso, café filtrado, agua fría y caliente, todo tipo de té, agua saborizada elaborada a diario y una máquina de hielo”.
El proyecto integral de Distrito El Globo impulsa una transformación importante y necesaria en la Ciudad Vieja. Sobre la rambla 25 de Agosto y Colón, frente a Casa El Globo, se abrirá Casa Colón con locales comerciales, un spa y un rooftop. Ubicadas sobre la calle Solís, las dos casas dispondrán de oficinas privadas, nuevos espacios comerciales y una terraza. El ecosistema se completa con Casa Rambla y Parking Distrito, hotelería boutique, áreas de trabajo compartido y zonas de estacionamiento.
Bueno reconoce que Distrito tiene otro diferencial: un parking propio, servicio de vigilancia y seguridad 24 horas, y valet parking. “Dejás el auto en la puerta del restaurante y te lo traen cuando te vas. Además, en Casa Colón, que aspiramos a abrir en noviembre, tendremos una tienda comercial orientada al turismo con el mismo concepto premium de todo el complejo; habrá artículos regionales, de tecnología para dar soporte al distrito, joyería, productos propios de Quinquela y las mejores marcas de Uruguay. También tendremos bibliografía de la historia del Uruguay, del Río de la Plata, de la gastronomía uruguaya. ¿Cuál es el concepto? Venís a trabajar, te alojás en el tercer piso, trabajás en nuestras oficinas, almorzás, chequeás correos en Las Caballerizas, cruzás al gimnasio, comprás algún regalo en la tienda, volvés al hotel, tomás café y te vas”.
El restaurante Quinquela rinde homenaje a dos figuras representativas de la cultura rioplatense: Benito Quinquela Martín y Quino (Joaquín Salvador Lavado Tejón). La obra del icónico pintor argentino que retrató la vida en el barrio porteño de La Boca inspira la decoración del lugar y lo conecta con el Puerto de Montevideo. Mientras que Quino, creador de Mafalda, con su particular tipografía y mirada aguda, se refleja en detalles y en la ambientación. De esta manera, el nombre vincula la identidad de la zona, el arte y el espíritu rioplatense que define a todo el proyecto.
Al frente del restaurante se encuentra el chef ejecutivo Leandro Rosas, formado en cocinas del Río de la Plata. “Cada plato interpreta la memoria portuaria y los sabores de los inmigrantes conectando el pasado con el presente”, explica Nacho Salvo, director de Quinquela.
La carta, recientemente renovada, se inspira en el “paisaje, la historia y el diálogo con artistas y comensales”. Quinquela nació para contar una historia de sabores y herencias, donde “la prioridad absoluta es generar un vínculo con cada comensal apostando por un servicio protocolar y, al mismo tiempo, cálido y cercano”.
El diferencial se centra en los detalles. “Apuntamos a un servicio cuidado en el que, por ejemplo, las botellas no están en la mesa, entonces exige que el mozo esté atento, que brinde un servicio formal centrado en la cercanía, la amabilidad y la cortesía. Entonces, el cliente disfruta que lo reconozcan por el nombre, que recuerden lo que le gusta: nos enfocamos en conocerlos, en saber sus preferencias y anticiparnos”.
La historia del Río de la Plata también se refleja en la cocina. Según considera el director de Operaciones, “no hay diferencia de un lado y del otro del río. Uruguayos y argentinos nacimos siendo hermanos, entonces la idea es volver a esa raíz. Yo elegí este país para vivir y queremos que en Quinquela los platos sean los que comíamos de chicos, los que nos hacía nuestra abuela, milanesa con fideos, pascualina… pero todo con un toque contemporáneo. Los que vienen están enamorados de Quinquela porque somos diferentes. Con Nacho lo venimos pensando desde hace años, y nos distinguimos por algo que falta en Uruguay: el buen servicio. La comida puede ser fantástica, pero el servicio tiene que ser único”.
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En la obra de El Globo, el estudio Berthet-Méndez-Taranto, integrado por Marcela Berthet, Cecilia Méndez y Perla Taranto, se asoció con la empresa Correa-Egaña, de las arquitectas Alejandra Correa y Halinna Egaña, para realizar el anteproyecto, el proyecto y la dirección de obras.
Tres de las arquitectas, Marcela Berthet, Alejandra Correa y Perla Taranto, explicaron parte de sus trabajos.
¿Cómo definieron el equilibrio entre la conservación del edificio original y las necesidades del centro de negocios moderno?
El proyecto se planteó, más que como un equilibrio, como un diálogo dinámico entre lo antiguo existente y lo nuevo a construirse. Tuvimos que adaptar un programa de vanguardia, de alta exigencia tecnológica para espacios de cowork, oficinas, sala de eventos, hotel boutique y también un restaurante en la esquina de planta baja, a un edificio patrimonial prexistente. La premisa fue contundente: conservar la espacialidad original de El Globo y el valor arquitectónico de este hotel histórico, y ponerlo en valor gracias al nuevo programa. Los contrapuntos modernos se diferencian de la arquitectura original, respetuosamente. Lo antiguo se recicla, se redibuja y se relee. La tecnología se subordinó al edificio y se integró de manera oculta, preservando la lectura del espacio histórico. El desafío fue salvar la distancia de 100 años: del hotel de 1886, pensado para acoger inmigrantes, a un business hub contemporáneo. Este renacer de El Globo se da en una parte de nuestra querida Ciudad Vieja que ha perdido su dinamismo, en la que el puerto moderno se siente como una barrera, a pesar de la belleza de la bahía y el cerro. Conciliar ambos mundos y ambos siglos requirió una sensibilidad arquitectónica capaz de potenciar lo mejor de cada uno. Y en el punto de partida estuvo y está un importantísimo empresario argentino que llevaba años soñando con hacer en el edificio ruinoso que veía cada vez que llegaba a Montevideo un polo de negocios que atrajera a interesados en trabajar desde Uruguay para el mundo.
¿Cómo se articuló el proyecto con las directrices de protección patrimonial?
El edificio tiene Grado de Protección Patrimonial 2, lo que implica que la Comisión de Patrimonio debe supervisar y autorizar el proyecto antes del ingreso del permiso de construcción en la Intendencia de Montevideo. Lejos de ser una dificultad, ese proceso fue natural, porque nuestro proyecto estaba en la misma línea conceptual buscada por la comisión: conservar la envolvente exterior y los grandes elementos que definen la identidad de El Globo, un edificio emblemático que sufrió a lo largo del siglo pasado un progresivo deterioro y que estuvo abandonado 20 años, de manera que el edificio renazca y tenga un efecto positivo en el entorno urbano. Más que limitarnos a preservarlo, realzamos las cualidades de El Globo, y todas las intervenciones contemporáneas se plantearon como capas legibles, distinguibles de lo original y sin imitaciones.
¿Qué elementos originales se rescataron del ex Hotel El Globo?
No podría decirse que haya una lista de elementos originales. Lo más importante que se rescató fue el alma y la esencia del edificio, dada por su espacialidad: una tipología organizada en torno a dos patios coronados por importantes claraboyas. Esta espacialidad se refuerza por la altura de techos de casi cinco metros que hay en cada uno de sus niveles. Por otra parte, se conservaron elementos como el ascensor antiguo, delicadamente restaurado, la escalera de madera que lo abraza y piezas de herrería, cada uno evaluado en su momento. En la fachada también se rescató cada uno de sus elementos: se recuperaron los vanos y las formas de las aberturas originales, perdidas cuando la planta baja se dividió en locales comerciales hacia 1960. La mansarda del último nivel, construida hacia 1920 y posteriormente mal reformada, se relaboró con materiales actuales, como un contrapunto que devuelve al edificio su coronamiento y sus proporciones originales. Sobre el nivel de azotea se construyó un rooftop en clave contemporánea que alberga una sala de eventos, una cafetería y servicios. Está rodeado de una terraza en L, con una hermosa vista al puerto, la bahía y también a otros bellos edificios y techos con claraboyas típicos de la Ciudad Vieja y de Montevideo. La construcción nueva se retira expresamente de la fachada original, para no tener incidencia a nivel urbano. Le da uso a lo que antes era únicamente un techo y de paso recuerda sutilmente a los miradores de las antiguas casonas de la Ciudad Vieja desde los cuales se miraba partir y llegar a los barcos.