Desde sus orígenes, hace más de 150 años, la Escuela y Liceo Elbio Fernández ha ido desarrollando diferentes proyectos y programas siempre basados en una educación bilingüe de enfoque laico, humanista e inclusivo.
El edificio, que tiene valor patrimonial, tendrá tres canchas deportivas con pisos de última generación y dos gimnasios
Desde sus orígenes, hace más de 150 años, la Escuela y Liceo Elbio Fernández ha ido desarrollando diferentes proyectos y programas siempre basados en una educación bilingüe de enfoque laico, humanista e inclusivo.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAdemás de innovar en lo pedagógico, la institución ha buscado desarrollar aún más sus actividades extracurriculares, especialmente las vinculadas al deporte. No solo que el colegio promueve fuertemente la actividad física, sino que también muchos padres y exalumnos compiten representando a Elbio Fernández en diferentes ligas de fútbol, básquetbol, handball, hockey y voleibol.
“Primero compramos un antiguo cine para construir un gimnasio y después hicimos un campo deportivo, en donde desarrollamos campamentos, jornadas de integración y capacitaciones. Allí tenemos canchas de fútbol, espacios sociales y cabañas con capacidad para 140 personas”, explicó Enrique González, presidente de la Sociedad de Amigos de la Educación Popular (SAEP), sociedad sin fines de lucro que dirige la institución desde que fuera fundada por José Pedro Varela.
Pero en diferentes auditorías y encuestas de satisfacción, padres manifestaron que estas instalaciones no eran suficientes y hacían falta más y mejores canchas, debido al volumen de la institución y la cantidad de actividades que se estaban organizando.
Fue así que, tras negociaciones, el colegio adquirió un predio, a dos cuadras de su sede (Maldonado 1381), que está transformando en un renovado complejo polideportivo. “Se nos presentó la oportunidad increíble de adquirir la antigua sede de Peñarol, un predio de 2.000 metros cuadrados con frente a tres calles (Maldonado, Durazno y Quijano)”, detalló González.
El predio estaba pegado a una casa abandonada, sobre Carlos Quijano, que casualmente pertenecía a una familia de ex alumnos del colegio, y se pudo adquirir también la vivienda, que fue fundamental para garantizar los accesos a las canchas sin comprometer el tamaño del complejo.
“En total son tres padrones de características diferentes: un baldío, una casa abandonada y un edificio semi abandonado de carácter patrimonial. Allí Elbio Fernández va a construir 5.800 metros cuadrados deportivos indoor, donde habrá tres canchas deportivas con pisos de última generación y se va a poder practicar fútbol, handball, hockey, básquetbol, voleibol y fútbol 5”, dijo el arquitecto Diego Rivero, de MPR Project Management.
Además, el proyecto incluye dos gimnasios: uno para talleres como danza y gimnasia artística y otro de corte tradicional. Habrá también un sector dedicado a las actividades sociales, con una barbacoa y un espacio multipropósito, donde se podrán desarrollar desde asados hasta conferencias. La seguridad del lugar estará garantizada con molinetes, al igual que la accesibilidad en todos los pisos.
“Es muy importante destacar la centralidad a la que apuesta Elbio Fernández. El colegio se encuentra en una manzana en el centro de la ciudad y apunta a tener su centro deportivo a dos cuadras, evitando así traslados tanto de chicos como de padres”, destacó el arquitecto.
Por otro lado, gracias a un acuerdo entre la institución y la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), el edificio podrá ser utilizado por las escuelas públicas que se encuentran entre las calles Ciudadela, Gonzalo Ramírez, Colonia y Magallanes. “De esta forma, chiquilines que no tienen acceso a instalaciones para la educación física van a poder usar las diferentes canchas”, comentó González.
El edificio central en el que se enmarca el proyecto fue construido en 1930 por el célebre arquitecto Julio Vilamajó, quien diseñó la Facultad de Ingeniería de la Udelar y fue miembro del equipo consultor que realizó la sede de la ONU en Nueva York, entre otros proyectos.
El lugar cuenta con una fachada que es patrimonio nacional y una bóveda interior catalogada de valor patrimonial por la Intendencia de Montevideo. “La fachada, que estaba en pésimas condiciones fue recuperada, y el Ministerio de Educación y Cultura nos reconoció el trabajo. La bóveda, por su parte, fue reconstruida”, explicó González.
Para la renovación de la histórica fachada, el equipo que lleva adelante el proyecto debió conseguir, entre otros elementos, azulejos originales con una clásica tipografía que diseñó Vilamajó.
Se pueden conocer más detalles y seguir los avances del proyecto a través del sitio web de la institución.