Desde 2018, UCU Business School, la escuela de negocios de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), tiene la misión de formar líderes con propósito y visión global, capaces de aportar a la construcción de una sociedad más justa.
El rector de la Universidad Católica del Uruguay, Julio Fernández Techera, profundizó sobre la formación de líderes y los desafíos que afronta UCU Business School
Desde 2018, UCU Business School, la escuela de negocios de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), tiene la misión de formar líderes con propósito y visión global, capaces de aportar a la construcción de una sociedad más justa.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa institución ofrece MBA, otras maestrías, programas ejecutivos, focalizados y workshops pensados para la formación integral de profesionales de distintas áreas.
En entrevista, Julio Fernández Techera, rector de la UCU, explicó el cometido de UCU Business School, la importancia de formar líderes y cuáles son los principales desafíos que afrontan actualmente las instituciones educativas.
—¿Cuál cree que es el mayor desafío de formar líderes empresariales en el contexto actual de cambios globales constantes?
—Buscamos formar líderes con propósito. Un buen líder tiene un fin y quiere lograr algo, ya sea en una empresa, organización o posición política o pública. Si uno no tiene un objetivo, no tiene a dónde apuntar el liderazgo.
Lo segundo tiene que ver con el conocimiento personal, algo que tradicionalmente no se vinculaba a las escuelas de negocios. Para nosotros, el saber quién soy, cuáles son mis características, qué necesito trabajar y qué debo potenciar para lograr mis objetivos es fundamental.
—¿Líder se nace o se hace?
—Las dos cosas. Hay muy pocas personas que no lideran en nada. Dentro de una familia, por ejemplo, uno lidera a los hijos. Pero pensando en organizaciones complejas, las condiciones personales son importantes. Aunque incluso teniendo condiciones personales innatas es necesario pulirlas, con formación y trabajo.
—¿Qué características cree que deben tener los profesionales del futuro?
—Mucha creatividad y flexibilidad. Estamos en un mundo que cambia a una velocidad enorme. Los que tenemos ya cierta edad hemos vivido cambios muy grandes, pero no una vez, sino varias: cuando apareció Internet, cuando llegaron los smartphones. Y ahora estamos viviendo un cambio imponente con la inteligencia artificial. No sabemos qué va a ocurrir dentro de dos o tres años, y eso nos obliga a tener creatividad, flexibilidad y plasticidad ante lo nuevo. Por eso es tan importante el autoconocimiento, para saber qué es lo que quiero y no ser arrastrado por el fluir de las modas. Todos esos desarrollos tecnológicos los tengo que encuadrar en un sistema de creencias y valores propios.
—¿Cómo se adapta UCU Business School a todos estos cambios?
—Nos cuestionamos constantemente lo que estamos haciendo. Hacemos una reforma o rediseño curricular, pero sabemos que no hacemos un nuevo plan de estudios para 10 años, ni siquiera para cinco. A lo mejor, en dos años tenemos que estar haciendo ajustes. No hay que cambiar todo todo el tiempo porque hay cosas básicas que hay que mantener, pero ya no existe la mirada a largo plazo.
Miramos mucho a las generaciones que llegan a estudiar el MBA y los másteres porque son distintos, según la edad y características, y porque la revolución tecnológica llega antes a las empresas que a los centros académicos y las personas que vienen a UCU Business School son personas que llevan años trabajando. El mercado exige cambios permanentes y nosotros debemos cuestionarnos, en el buen sentido de la palabra, para aggiornarnos día a día.
—Se da una retroalimentación en la que los profesores aprenden de los alumnos, ¿es así?
—Exactamente. Por suerte, quedó atrás el modelo del profesor sabelotodo y que su ego se sustentaba en que no lo dejaran en evidencia. Eso no tiene ningún sentido y menos en el nivel de una business school, en la que cualquier alumno puede saber más que un docente en un tema puntual.
—¿Cómo las instituciones educativas pueden equilibrar la formación técnica con el desarrollo de habilidades interpersonales?
—Dedicándoles tiempo. Cuando recién se comenzó con el trabajo personal y de conocimiento se trataba de cursos agregados, y lo serio era Finanzas, Operaciones, etcétera. Hoy sabemos que las habilidades interpersonales son fundamentales en la experiencia de un máster profesional y valoramos muchísimo la cohorte, lo que los estudiantes aprenden unos de otros. De este tipo de cursos muchas veces salen socios, clientes, proyectos nuevos o ideas que luego los graduados llevan adelante. Hoy, el equilibrio es más claro y la gente muchas veces viene a un MBA por las llamadas habilidades interpersonales porque son las que les faltan para crecer en el mundo profesional.
—¿Qué desafíos y oportunidades presenta la irrupción de la inteligencia artificial en una formación de negocios?
—La inteligencia artificial, aunque lleva varias décadas, llegó a la vida cotidiana hace un año y medio. Ni la conocemos lo suficiente ni dimensionamos lo que nos va a cambiar. Cuando surgió, en las universidades la discusión era si se usaba en las evaluaciones para hacer trampa, lo vinculado al plagio. Eso es realmente lo menos importante.
Tenemos que enfocarnos en cómo va a afectar a las profesiones en las que se forman o trabajan nuestros estudiantes. En todos lados se está utilizando, en la mayoría de los casos como una máquina muy sofisticada, pero es mucho más que eso. En la Universidad Católica del Uruguay tenemos un equipo de especialistas en inteligencia artificial muy destacado que nos ayuda a aterrizar este conocimiento en todas las profesiones y áreas para que nuestros egresados salgan sabiendo utilizar estas herramientas. Tanto en arte, derecho, medicina, y todas las disciplinas, la inteligencia artificial va a ocupar un espacio enorme y va a seguir creciendo mes a mes. Tenemos el desafío de incorporar la inteligencia artificial en todos nuestros programas, aprender a sacarle jugo, adaptar a los que fueron formados sin esta herramienta y prepararnos para enseñar a quienes la traerán incorporada.
No tenemos que quedarnos con una mirada neutra. La inteligencia artificial debe tener una mirada ética, humana y de servicio porque si no, nos come. Las tecnologías nunca son neutras y tienen dimensiones éticas importantes, que en la identidad de nuestra universidad son fundamentales.
—¿Cuáles son los principales desafíos que tienen la universidad y UCU Business School para los próximos cinco años?
—En primer lugar, incorporar la inteligencia artificial en los planes de estudio y fortalecer el currículum basado en competencias. Tenemos que dedicar mucho más tiempo a las habilidades interpersonales porque tenemos justamente más tiempo para dedicarles a ellas, porque va a haber cosas que ya no vamos a tener que aprender.