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Cinco cabalgatas en Uruguay entre sierras, dunas, lagunas y playas

Las cabalgatas están cada vez más extendidas; desde Rocha a Montevideo y Lavalleja, en Uruguay las hay tanto para principiantes que prefieren recorrer paisajes a caballo como para aventureros en busca de desafíos

Editora de Galería

En el grupo de ocho personas que está por salir de cabalgata por los bosques y playas de arenas blancas al oeste de Montevideo, son varios los que, con entusiasmo y cierto temblor en las piernas, se suben a un caballo por primera vez.

En el país que se hizo a caballo y que figura entre los primeros del mundo en cantidad de equinos per cápita, todavía hay quienes a diario amanecen, preparan el mate y ensillan para comenzar su jornada de trabajo. Para la mayoría, sin embargo, el simple hecho de sentarse a más de un metro de altura sobre el lomo de este animal representa una actividad tan excepcional como intimidante.

Entre rutinas hiperconectadas, jornadas frente a la computadora y vidas rodeadas de cemento, tomarse­ el tiempo para salir de cabalgata puede sentirse casi como un acto de rebeldía. “Ya estoy para hacer esos saltos que hacen los jinetes”, dice una de las mujeres justo antes de bajarse del caballo, sorprendida de no haberlo hecho antes y con la certeza de que no dejará pasar otros treinta años.

Hay algo en la urgencia por desconectarse y volver al contacto con la naturaleza que convierte el andar a caballo en una actividad recreativa cada vez más extendida y demandada. Y aunque no siempre están a la vista y mucho menos a la vuelta de la esquina, lo cierto es que Uruguay ofrece experiencias de cabalgatas de todo tipo, para todos los gustos, niveles y necesidades, en terrenos y paisajes tan diversos como sierras, lagunas, dunas, bosques y playas. Solo hay que saber dónde buscarlas.

Montar en las sierras

Después de unas horas de cabalgata junto a Angélica o alguno de los voluntarios con quienes trabaja (de países tan lejanos como Sudáfrica, Suiza o Alemania), uno se siente lo suficientemente diestro como para ir por más. Es que incluso los principiantes logran atravesar diversos paisajes y terrenos, desde elevaciones rocosas hasta vistas panorámicas y senderos en los que el cuerpo roza la vegetación circundante, o ruinas que fueron habitadas por familias solitarias a fines del siglo XIX y principios del XX.

Cabalgata en las sierras - Villa Serrana

Mientras las caderas se balancean al suave ritmo del caballo, da la impresión de estar adueñándose del paisaje junto con el animal. Uno también se siente casi jinete experto —aunque sea, claramente, una simple sensación— debido a que esta experiencia permite formar parte de todo el proceso, desde que se busca al caballo suelto en el campo hasta que se le retiran las riendas para volver a liberarlo, algo que parece clave a la hora de generar una conexión y entendimiento con los caballos y su mundo. “Vamos de a poquito, muy tranqui; podemos caminar un rato cada uno con su caballo, introduciéndolos en su mundo, sin apuro. Los traemos acá sin ensillar, les traigo cepillos, hago que los cepillen. También hacemos observación de la manada para la gente que quiere aprender cómo se relacionan entre ellos”, señala Angélica Biramontes.

La cabalgata comienza por una introducción. “En Uruguay tenemos la mentalidad de que andar a caballo es subirse y andar, pero es un deporte extremo y de riesgo”, explica la directora de Experiencias Villa Serrana.

Cabalgata por las sierras - Villa Serrana

Hace más de una década Angélica entró en el mundo de los caballos, un camino de ida, dice. Pasó día y noche recorriendo los senderos de las sierras de Minas con el objetivo de conocerlos a fondo y, finalmente, crear su emprendimiento de paseos a caballo. Las cabalgatas salen desde Sapreche Cabañas, un centro equino que también ofrece hospedaje, o bien desde Villa Serrana cuando se realizan las rutas de valles del Toro o el cerro Marmarajá.

“Llevá la energía del caballo hacia vos. Ellos se sincronizan con tu ritmo cardíaco”, le dice a una joven que no montaba desde su infancia, y que ahora se prepara junto al equino desde un corral.

Este deporte que Angélica cataloga como extremo y de riesgo también es, curiosamente, uno que lleva a las personas hacia un estado de relajación profunda. Alcanzarlo, además, resulta esencial a la hora de forjar un vínculo con el animal, por más breve que sea.

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Angélica Biramontes dirige Experiencias Villa Serrana, emprendimiento que ofrece distintas modalidades de paseos a caballo por las sierras.

Angélica Biramontes dirige Experiencias Villa Serrana, emprendimiento que ofrece distintas modalidades de paseos a caballo por las sierras.

La respiración del yoga es una gran aliada, así como el mantener una postura erguida, con el coxis hacia adentro y el abdomen firme.

En todos los casos se indaga en el tipo de público para sugerir alguna de las diferentes experiencias, y la actividad se adapta a los ritmos y habilidades de cada uno. “Tratamos de no mezclar a quienes no andan con frecuencia con público que busca otra experiencia, como correr o cosas más arriesgadas. Y si es familia con niños, la cabalgata es privada, para ellos”, cuenta , dice la jinete y emprendedora.

Para jinetes intermedios, es decir, con algo de experiencia, las cabalgatas duran tres horas, aunque los tiempos son siempre flexibles. “Si veo que están pasándola bien y quieren aprender un galope, lo hacemos. El otro día con una chica hicimos varios intentos hasta que pudo galopar y se fue recontenta”.

Experiencias Villa Serrana. Duración: desde una hora y media a seis horas. Precio por persona: 65 dólares para la cabalgata de tres horas; 45 dólares las clases y talleres de una hora y media, y 90 dólares las jornadas de seis horas, con pícnic y snacks para el camino. Contacto: 099 024 434.

La calma de la laguna

Más que un proyecto, las cabalgatas son el día a día de Rodrigo Altez. “Son mi filosofía de vida. No es que haya inventado algo, sino que vivo entre caballos”, cuenta a Galería.

Dos de sus paseos recorren el monte y la playa y tienen duraciones de una hora o una hora y media. Pero uno de los más demandados es el que, además de incluir la cabalgata por la playa, también bordea la reserva natural de la laguna de Rocha, un paisaje protegido e intermitentemente separado del mar por una barrera de arena.

Cabalgata Laguna de Rocha

De este paseo, Altez destaca las diferentes sensaciones que ofrecen estos ecosistemas naturales: la intensidad de la orilla del mar, en contraste con la serenidad y el silencio de la quieta laguna, donde se avistan unas 250 especies de aves, desde el cisne de cuello negro hasta flamencos y una gran variedad de garzas y aves migratorias.

“Si me dan a elegir entre playa y laguna, no sé con cuál me quedo. Son dos lugares que se separan por pocos metros y te dan cosas totalmente diferentes”, dice.

Cabalgata Laguna de Rocha

A las cabalgatas Don Altez llegan turistas de todo el mundo. Según el emprendedor, son quienes sin proponérselo enseñan a los locales a valorar lo propio. “Gente de Países Bajos, Alemania o Estados Unidos te dice que esto es un sueño. Algunos incluso han llorado de la emoción”.

Las cabalgatas son al paso o, como máximo, al trote, y no se requiere experiencia previa. “Formamos un grupo de caballos adaptados para todo público porque en nuestra cabalgata no se puede galopar. La idea es recorrer, disfrutar el paisaje, y el cuidado del caballo está ante todo”, asegura Altez.

Don Altez, laguna de Rocha. Horario en Semana de Turismo: 16 h. Duración: dos horas y quince minutos. Precio por persona: 2.000 pesos. No se requiere experiencia previa. Contacto: 091 839 029.

Una cabalgata íntima y contemplativa

Lideradas por Paula Bachella, oriunda de Rosario (Argentina), las cabalgatas Azupá son íntimas, pensadas especialmente para quienes buscan relajarse, desconectar y contemplar el paisaje con una guía prácticamente personalizada, ya que las cabalgatas se realizan con un máximo de tres caballos: Paco, Fiona­ y Azúcar.

El recorrido dura aproximadamente dos horas y es una manera diferente de recorrer La Esmeralda, que con sus 1.160 hectáreas es uno de los balnearios más extensos de Rocha. “Al no ser un lugar muy poblado, corremos con la suerte de que no nos vamos a cruzar con tanta civilización”, comenta Bachella. Sí es común cruzarse con mulitas, aves de todo tipo, zorros y lagartos, entre otros animales.

La Esmeralda
Las cabalgatas Azupa tienen una duración de aproximadamente dos horas y recorren tanto la playa como el monte.

Las cabalgatas Azupa tienen una duración de aproximadamente dos horas y recorren tanto la playa como el monte.

A diferencia de otras propuestas más masivas y aventureras, en las cabalgatas Azupá se avanza a paso lento por los largos caminos de tierra rodeados de monte, o por las dunas que conducen hacia playas vírgenes. “Lo que más les gusta del recorrido es ir bajando por las dunas; cuando salimos al mar y ven toda la inmensidad de La Esmeralda”, detalla.

Para quienes quieren aprender a montar, durante toda la cabalgata esta guía está dispuesta a compartir sus conocimientos, desde la importancia de estar tranquilo y confiar en el caballo (“ellos son vagos por naturaleza”, bromea) hasta los lineamientos básicos para doblar hacia un lado o el otro y frenar. Lo que más busca el visitante, sin embargo, es dar un paseo tranquilo, sin expectativas de salir convertido en jinete. “Hay gente que sabe, otros que nunca se subieron a un caballo y se van quitando el miedo de a poquito. Más que nada buscan el paseo, conocer el lugar, bajar a la playa, tener esa experiencia con el animal y la naturaleza, que es enorme acá en La Esmeralda”.

Azupá, La Esmeralda. Duración: Dos horas. Precio por persona: 1.500 pesos. No se requiere experiencia previa. Contacto: 098 472 331.

A orillas del Río de la Plata

No hay que alejarse mucho de la capital para salir de cabalgata por un entorno agreste. En apenas 20 minutos es posible pasar del auto y el ruido de la ciudad al lomo de un caballo como transporte entre montes y playas desiertas. En sus cabalgatas guiadas de 50 minutos, La Baguala aprovecha justamente la variedad del paisaje dentro de sus más de 400 hectáreas, con un recorrido pensado para pasear y observar el entorno más que para cabalgar como actividad deportiva.

Cabalgata en La Baguala

En este caso, la cabalgata es de ocho personas (el máximo es 12), reunidas en primer lugar en un área cercada para conocer a los animales y que cada una cuente su experiencia con estos animales. De todos ellos, la mitad dice que jamás se subió a un caballo. Sobre esa base, se eligen los más mansos para los primerizos, aunque todos ellos son dóciles y están más que habituados a ser montados por personas sin experiencia.

Cabalgata en La Baguala

Con los caballos ya ensillados, se reciben una serie de instrucciones básicas antes de empezar el paseo. De todas formas, basta con avanzar unos metros para notar que, por pura costumbre o entrenamiento, los animales se alinean y avanzan prácticamente en fila, siguiendo al guía: si uno se detiene, todos lo hacen; si uno dobla, los ocho caballos doblarán.

El recorrido empieza por campos abiertos y algo ondulados con vistas permanentes al Río de la Plata, atraviesa zonas de chacras algo más delimitadas y sigue por caminos de arena entre arbustos frondosos rumbo a la playa. En esos 50 minutos se cabalga por dos pequeñas playas desiertas, donde más de un caballo buscará acercarse a la orilla para refrescar sus pezuñas. Entre una playa y otra, los caballos cruzan varios senderos de pasto alto y menos trazados, donde el caballo guía resulta clave, ya que los árboles y arbustos se dispersan de manera irregular.

Cabalgata en La Baguala

Hasta los menos experimentados aseguran haber perdido el susto inicial a los pocos minutos, una sensación que se mezcla con la confianza en el animal y el estado de relajación que impone el suave paso del caballo.

La Baguala, Montevideo. Duración: 50 minutos. Precio por persona: 35 dólares, o 100 dólares dentro del paquete por el día que incluye almuerzo y merienda. No se requiere experiencia previa. Contacto: 099 502 290.

Un paisaje dunar único en Uruguay

A 58 metros sobre el nivel del mar, el cerro de la Buena Vista es el punto más alto de las dunas costeras. Las conocidas como “cabalgatas valiceras” llegan en grupo hasta ese punto del paisaje dunar que ofrece vistas únicas en el país. La inmensidad del océano desde la altura, las islas, Cabo Polonio hacia un lado, Valizas hacia el otro y la laguna de Castillos al fondo. “Realmente entendés por qué fue un punto estratégico, por qué en 1752 se colocó el primer pilar del marco de la división de los imperios español y portugués. Se entienden muchas cosas a nivel geográfico una vez que llegás allí”, comenta Mauro Ríos, director de Los Chajá Ecolodge, posada de campo en Valizas que propone diferentes cabalgatas.

La del cerro de la Buena Vista —al igual que la mayoría de las que ofrecen— no es una cabalgata para principiantes. En otras palabras, la idea es que la persona “esté en modo jinete, no pasajero”. “No hacemos cabalgatas para que vayan en modo automático uno atrás de otro. Son para jinetes de nivel intermedio que quieran algún desafío”, cuenta.

Cabalgata Valizas

Durante la cabalgata, el grupo toma en su conjunto diferentes ritmos, incluso galope, si la zona lo permite. “Hay zonas en que le podemos meter un poco de ritmo y vamos más ágiles. Hay que poder indicar con seguridad el camino. Además, hay arenas movedizas, dunas que cambian de lugar y, si el arroyo Valizas tiene salida hacia al océano, se desensilla el caballo —para que cruce nadando— y se cruza en bote. “Hay que ser capaz de sortear esas dificultades, obviamente con la ayuda del guía”.

De todos modos, antes de la cabalgata se da una charla para unificar criterios de guiado y pautas de seguridad. “Es mucho más fácil que los jinetes hablen el idioma de los caballos que pedirles a los caballos que todos los días cambien de idioma”, detalla el director de Los Chajá.

La cabalgata dura aproximadamente tres horas, saliendo desde la posada, para entrar al área protegida de Cabo Polonio. Con el grupo de caballos se bordea la costa hasta llegar y ascender al cerro. “El cerro de la Buena Vista es la zona más virgen de toda el área protegida; se puede llegar solo caminando o a caballo. Es la parte que más me gusta y tiene esos desafíos, no es una cabalgata por la playa lisa”, subraya.

Los Chajá Ecolodge, Valizas. Lunes, miércoles y sábados a las 14.30. Duración: tres horas. Precio: 83 dólares por persona. Se requiere experiencia previa. Contacto: 099 574 685.

Al bajarse del caballo queda el cansancio acompañado de satisfacción y ganas de más. “Bajar de un caballo te deja tranquilo, te saca todo el estrés, más aún en un entorno como este”, asegura Paula Bachella, de Azupá Cabalgatas.

Aunque no lo parezca, andar a caballo es una actividad física completa: incluso a paso lento, el cuerpo trabaja el abdomen para mantener el equilibrio, los aductores para sostener la posición sobre el caballo y los glúteos. También se tonifican los músculos de la pelvis, se mejora la postura y, como todo ejercicio físico, libera endorfinas, conocidas como hormonas de la felicidad.

Mapa de las cinco cabalgatas en Rocha, Lavalleja y Montevideo

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Claves para una cabalgata exitosa

Vestimenta
Calzado cerrado y cómodo, pantalón largo, camisa de manga larga y sombrero.

Qué llevar
Evitar el uso de mochilas, ya que pueden incomodar o desbalancear; en su lugar, optar por una riñonera pequeña. Llevar agua y protector solar.

Para los primerizos
La mayoría de las cabalgatas están pensadas para principiantes, con caballos entrenados para seguir al guía, por lo que no es necesario contar con experiencia previa.

Postura
Relajar el cuerpo y acompañar el movimiento del caballo.

Seguridad
No acercarse por detrás de otros caballos.

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