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    “159.000 hombres y una mujer”

    Por Lector

    Sr. Director:

    Soy lector de Búsqueda desde prácticamente sus inicios. Semanalmente leo con especial interés, entre otros artículos, las opiniones de distintos actores de nuestra sociedad y, en especial, la sección “Cartas al Director”. Entre las columnas de opinión se encuentran las que reflejan posturas feministas, denuncian situaciones y exponen casos relacionados con discriminación por género. En todas estas, sin excepción, los relatos se centran en denuncias y victimización de las mujeres por situaciones de discriminación o acoso. Ninguna de las columnistas relata algún hecho positivo, no se tienen en cuenta conquistas y logros de las mujeres, su destaque y reconocimiento en múltiples áreas, la participación en todo tipo de ámbitos, en general no se menciona en absoluto ningún avance en pro de la paridad.

    Todo lo que mencionan es estrictamente cierto, pero es parte de la realidad, es deshonesto solo resaltar lo negativo de vivir en una sociedad denominada “machista”. Para abarcar realmente el problema, y así aportar a su solución, se deben tener en cuenta también los avances que muy merecidamente las mujeres han conquistado. Además, este análisis no es completo si no se consideran las consecuencias negativas para los hombres de vivir y ser educados en un mundo donde se les exige e impone ser “machos”. Las voces que prevalecen son las de militantes feministas convencidas de que el camino para mejorar nuestra sociedad es confrontar. Soy optimista de que con el tiempo se impondrá la realidad, las nuevas generaciones lo lograrán, donde hombres y mujeres bregarán por un mundo donde convivamos con la más amplia paridad, tanto en derechos como en deberes, en oportunidades, en reparto igualitario de tareas; en fin, convivir en un mundo más justo para todos.

    Luego de leer la columna de Mercedes Rosende del pdo. 27 de junio, decidí dejar pasar unos días para arriesgar comentarios sobre esta, temeroso de ser acusado de machirulo, discriminador o directamente de ser un acosador. Parece desmedido, pero lamentablemente es a lo que nos exponemos todos los que osamos con marcar algún comentario o exponer un matiz sobre la lucha feminista de género. Este preámbulo es para comentar la columna de la escritora Mercedes Rosende que tituló “159.000 hombres y una mujer”. Esta se basa en los avatares que debió sortear la periodista Martha Gellhorn para poder estar presente, el 6 de junio de 1944, en el desembarco de las tropas aliadas en las playas de Normandía y la feroz resistencia de los soldados alemanes a esta incursión bélica. Se hace mención a los intentos de su esposo, el famoso escritor Ernest Hemingway, para que ella no estuviera en ese campo de batalla, como los de su amigo, el escritor Roald Dahl, quienes buscaron que desistiera.

    A pesar de los obstáculos que tuvo que sortear, Martha logró desembarcar con las tropas aliadas en la playa Omaha. La columna de opinión es una denuncia de discriminación y destrato por su condición de mujer que debió soportar la corresponsal de guerra. Y sí, visto desde ese punto de vista resulta condenable el trato recibido, pero, si dejamos de lado nuestros prejuicios e intentamos entender la visión, puede ser muy otra. En primer lugar, se pretende analizar la situación social y el rol de la mujer en medio de la mayor guerra que ha vivido la humanidad. Millones intervinieron y millones murieron, una locura bélica injustificable. No podemos, con nuestros parámetros morales y éticos, juzgar la realidad imperante en 1944, cometeremos una injusticia intelectual por no considerar infinidad de condicionantes. En la columna que comento se hace un relato en tono de denuncia, se presenta a la periodista Gellhorn como una víctima de destrato, cuando es todo lo contrario. Su esposo y su amigo Dahl lo que buscaron fue protegerla de lo que a priori sería una muerte segura. Se menciona que, en ocasión del desembarco, Hemingway permaneció a bordo de un pontón, insinuando veladamente como si esto fuera una actitud cobarde. Hemingway no era un soldado, qué se sugiere, que debería haber desembarcado y enfrentar las balas de los enemigos.

    Por otra parte, ¿cuál es el reclamo o denuncia? Al parecer para aplicar la igualdad de género deberían haber desembarcado ese día 79.500 mujeres y 79.500 hombres, para que las actuales feministas radicales no denunciarán hoy, 80 años después, haber sido discriminadas. ¿Entonces, en esos días en las playas de Normandía, deberían haber muerto más de 100.000 mujeres para que las feministas hoy se sintieran reivindicadas? Las sociedades machistas, tanto a mediados del siglo pasado como hasta ahora, han sido y son muy injustas con las mujeres en cuanto a paridad, consideración y posibilidades, pero también se debe reconocer que esta realidad impone a los hombres asumir riesgos y enfrentar situaciones, en muchos casos a costo de su vida, para proteger a las mujeres. Rosende menciona, con acierto, que durante la Segunda Guerra Mundial las mujeres se destacaron como “… enfermeras, matemáticas, criptoanalistas, cartógrafas, encargadas del servicio postal, manejaban los reflectores en los ataques aéreos y tantas que desempeñaron roles cruciales sin ser nombradas siquiera”, pero no menciona que en esta cruel guerra fueron millones de hombres que pagaron con sus vidas y que los puestos a los que fueron destinadas miles de mujeres fueron aquellos en los que menos se exponían sus vidas. En esta guerra se estima que murieron unos 20 millones de soldados, pregunto si para las feministas radicales lo justo hubiera sido que la mitad, 10 millones, fueran mujeres.

    No es posible solucionar ningún problema si su planteo y análisis no abarca la totalidad de este. La sociedad machista que heredamos es el resultado de un proceso que se inició hace unos 200.000 años. Con los avances en todos los órdenes que ha tenido la humanidad, estamos en el momento histórico de modificar conductas y reglas de comportamiento, pero solo lo lograremos transitando el camino de la razón, con amplitud mental y justicia. Asumamos que la construcción de esta sociedad, que es injusta en el trato y consideración, es responsabilidad de hombres y mujeres, que el padecimiento, destrato y discriminación lo padecemos todos en distintas medidas y momentos. Solo transitando el camino que parte del correcto planteamiento del problema nos llevará a construir una mejor y justa realidad para todos.

    Daniel H. Báez

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