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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSe da hoy por vía de libros, artículos, videos y redes sociales una verdadera lluvia de opiniones sobre el pensador Baruch de Spinoza, filósofo de la Holanda del siglo XVII. Asocian su pensamiento a cualquier creencia con tal de llevar agua para sus molinos. Están quienes encuentran en él al ateo o panegirista de panteísmos y deísmos, incluso al materialista a la manera del siglo XX, y otros que atribuyen a su “método geométrico” la calidad de un sistema deductivo perfecto.
Desde mi perspectiva, no es posible encontrar tales cosas en Spinoza y tampoco ninguna señal que pueda revelar su verdadero credo. El principal mensaje de sus dos principales obras, la Ética y el Tratado teológico-político, responde a la intención de recomendar una fe liberada de los dogmas que en aquel entonces hacían las veces de ciencia indiscutible y de moral inapelable.
Spinoza critica la interpretación de las Escrituras que sirve de acicate para promover determinadas políticas con base en una ética solapadamente intencionada y de carácter dogmático. No niega a Dios en ninguna línea de sus escritos, y al mencionarlo lo hace siempre con la reverencia que era de uso entre filósofos y teólogos. Tampoco defiende a un eventual Dios despojado de los atributos de la doctrina cristiana: solo niega los fundamentos de carácter maravilloso. Concibe una Sustancia infinita y eterna que se manifiesta según diferentes modos que están al alcance de la comprensión humana, finita y perecedera, asunto que no alcanza para suponer la negación ni la afirmación.
Su famoso método geométrico, por lo demás, no responde estrictamente a los procedimientos de la lógica de su tiempo ni se ajusta —ni podía ajustarse— al de Euclides en su tratado de geometría. Por lo tanto, no es el racionalista formal de su tiempo, sino solo un hombre racional que buscaba la manera de mostrar cómo devienen las ideas cuando se quiere mostrarlas en su verdad, sean las que fueren, y qué consecuencias acarreaban, por lo que abunda en demostraciones, corolarios y escolios que a veces no resultan con la consistencia que demanda el método que se le atribuye.
Jorge Liberati
CI 1.020.496-7