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Usted no se ubica a sí mismo en la distinción formulada por Luis Lacalle Herrera entre políticos “carnívoros” y “herbívoros”. Más bien sus expresiones, gestos y gustos político-culinarios van por otro lado, preferentemente hacia un cierto equilibrio.
En su discurso de conmemoración de los 190 años del Partido Nacional quedó claro que no está por la polarización ni destrucción de adversarios. Allí sostuvo que se hace un “flaco favor a la política si termina siendo un concurso de ego, el insulto o el agravio”.
Usted no pertenece a las barras bravas y no incluye entre sus expresiones a las “familias ideológicas” que supuestamente agrietan la política del Uruguay. E importa anotar que el introductor de esa idea simplista y equivocada ya no la menciona hoy.
Usted no necesita averiguar que algo huele mal en el gran país del norte, al otro lado del río, en Medio Oriente y varios lugares más.
En su discurso se notó, además, que ve hoy a las elecciones de 2029 como lejanas.
Si las cosas son algo así, podría pensarse en convergencias políticas puntuales. En dar batallas que en conjunto pueden ganarse.
Usted podría, junto con el presidente, soplarles a las barras bravas parlamentarias de cada uno que dejen de farmear aura con estilo feo y en el lugar equivocado.
Que superen la adolescencia política y se libren del ridículo público.
Y acordar:
Es un buen momento, ¿no le parece?
Alejandro Baroni