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    El legado de Carpintería

    Sr. director:

    En el corriente mes se cumple un nuevo aniversario de la batalla de Carpintería, hito trascendente en la fecunda historia de los partidos Colorado y Nacional.

    Han transcurrido 19 décadas desde aquel lejano episodio, en el cual los dos bandos se enfrentaron por un conflicto de poder que involucró a sus principales caudillos, y cuyos efectos superaron ampliamente la causa específica que provocó esa batalla.

    Desde entonces los acuerdos y las desavenencias entre los mencionados partidos marcaron los hitos de un recorrido en cuya evolución se mezclan caudillismos, ideales conservadores y liberales, federales y unitarios. Entre tanto, la República independiente fue afianzando sus instituciones democráticas hasta llegar a nuestros días en pleno funcionamiento.

    Mirar hacia ese origen remoto no es un ejercicio reducido de evocación nostálgica a los partidos tradicionales. También constituye una marca de identidad casi única que distingue al país en un escenario mundial cada vez más inestable e imprevisible.

    Esas estructuras, consolidadas y vigentes, se valoran más ante la multiplicación de liderazgos sin arraigo ni legitimación partidaria. Partidos con tradición se pulverizan o desaparecen en todas partes, mientras aumentan las posturas extremistas y radicalizadas frente a la emigración o la seguridad pública que ganan adhesiones emocionales cuando cunden la desconfianza y la impaciencia o fracasan las medidas convencionales.

    Contar con partidos históricos que se mantienen como mediadores reconocidos de la opinión pública contribuye a poner en valor la trayectoria de la democracia uruguaya. También existen partidos y movimientos fundados en coyunturas históricas más recientes que han demostrado su capacidad para cumplir roles en el gobierno y en la oposición. La conmemoración actual invita a observar el proceso a largo plazo, sin menospreciar otros aportes concurrentes.

    Los partidos son herramientas que deben adaptarse a las exigencias de los nuevos tiempos. Sus estructuras y programas deben tener la plasticidad necesaria para actuar frente a temas clave como la integración económica y comercial en un marco de potencias asimétricas, así como para atender los problemas sociales y culturales que comprometen la igualdad de oportunidades al elevarse los desafíos tecnológicos junto con el advenimiento imparable de la inteligencia artificial.

    También existen cambios importantes en la comunicación política. Los líderes ya no utilizan la correspondencia epistolar respetuosa y formal como lo hacían Manuel Oribe y Fructuoso Rivera, incluso antes de enfrentarse militarmente por la comandancia general de la campaña.

    Hoy los mensajes políticos lanzados en las redes sociales cuidan menos el estilo al privilegiar el impacto inmediato en destinatarios innominados o indefinidos. La descalificación personal como recurso olvida que los afectados pueden convertirse en futuros aliados para tomar decisiones que benefician el interés general de los ciudadanos.

    Las costumbres políticas han cambiado radicalmente. A veces se menosprecian los enfrentamientos caudillistas del pasado para quitarles trascendencia, y se desconoce así que esos liderazgos contaban con el apoyo popular de masas que confiaban en ellos. En la actualidad los enfrentamientos persisten con otra fisonomía que sustituye los escenarios bélicos por otros virtuales más opacos, donde el valor personal termina siendo subestimado.

    Carpintería engendró partidos que superaron una política de fusión destinada a eliminarlos, y sus interacciones —pactos, guerras civiles, en el Parlamento— permitieron avanzar y consolidar las instituciones republicanas con separación de poderes, creciente participación ciudadana, acceso a los derechos y las libertades, desarrollo económico y social y proyección internacional para una pequeña República alejada de los centros de poder.

    A veces se insiste en las contradicciones generadas en ese largo recorrido histórico para minimizar su importancia en función de los posibles errores cometidos por los partidos fundacionales en el ejercicio de responsabilidades en el gobierno. Tal vez sea adecuado señalar, como recuerda el ensayista Pino Aprile, que cuando el poder se contradice en el proceso de toma de decisiones posiblemente haya tenido razón dos veces.

    Invocar la batalla de Carpintería luego de 190 años es recordar su legado y valorar su dimensión trascendente con justicia. Significa tomar conciencia de nuestro pasado, no para tratarlo con indulgencia romántica, sino para aprender las lecciones que nos deja.

    Carlos A. Bastón