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    ¿De verdad “se fue demasiado lejos” en igualdad de género?

    Sr. director:

    Una encuesta reciente de la Usina de Percepción Ciudadana, realizada en marzo de 2026, indagó las percepciones de la población uruguaya sobre igualdad, violencia de género, cuidados y feminismo. Uno de sus resultados fue particularmente llamativo: “El 52% de la población consideró que se llegó tan lejos en la promoción de la igualdad de género que ahora se discrimina a los hombres”. Así fue titulado el artículo publicado por la diaria el pasado 24 de marzo.

    La afirmación merece ser tomada en serio. Las percepciones sociales importan: construyen narrativas, alimentan el imaginario colectivo, influyen en el clima democrático y condicionan la legitimidad de las políticas públicas.

    Pero una sociedad democrática no se sostiene solo en percepciones; la democracia necesita transparencia e información, datos y evidencias. Al leer ese titular, sentí la necesidad de escribir esta columna de opinión para contrastar esa percepción con los datos oficiales disponibles para Uruguay.

    La conclusión es clara: a pesar de la percepción de que “ahora se discrimina a los hombres”, los indicadores siguen mostrando una brecha a su favor.

    Esto no implica afirmar que quienes sienten que se llegó muy lejos con la promoción de la igualdad de género mientan o actúen de mala fe. La sensación es real, la percepción existe, pero no coincide con lo que muestran los datos.

    Permítanme, entonces, pasar a argumentar con base en la evidencia.

    Mercado laboral, remuneraciones y jubilaciones y pensiones

    Empecemos por el mercado laboral. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en el segundo semestre de 2025, las mujeres enfrentan una tasa de desocupación significativamente mayor (8,6 %) que los hombres (5,7 %). A esto se suma un dato contundente respecto a las remuneraciones: los hombres ganan en promedio alrededor de un 25% más que las mujeres en Uruguay, una brecha estructural que, según el INE, se mantuvo entre 2018 y 2024 y llegó a superar el 40% en ciertos sectores y tamaños de empresa.

    Lejos de mostrar discriminación contra los hombres, estos números indican lo contrario.

    Estas desigualdades, además, no desaparecen con el paso del tiempo: se acumulan. Las mujeres llegan a la vejez con jubilaciones más bajas, producto de salarios menores, interrupciones laborales por tareas de cuidados y una menor densidad de aportes. Aun cuando Uruguay presenta mejores indicadores relativos que otros países de la región, la brecha previsional persiste.

    Y si analizamos la pobreza en Uruguay, la mayoría de los hogares pobres son liderados por mujeres: de los casi 88.000 hogares bajo la línea de pobreza, más de dos tercios (68%) tienen jefatura femenina, mientras que solo un tercio son de jefatura masculina.

    Uso del tiempo y cuidados

    Sigamos con una desigualdad menos visible pero central: el uso del tiempo. Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (INE, INMujeres 2022), las mujeres en Uruguay dedican en promedio 14 horas semanales más que los hombres al trabajo no remunerado (tareas domésticas y cuidados de personas). Esta sobrecarga tiene efectos directos y perjudiciales para las mujeres: restringe la participación laboral,1 reduce el acceso a empleos de calidad y afecta las trayectorias salariales. No es una opinión: es una relación documentada en Uruguay y en el mundo.

    Entre las dos últimas mediciones de uso del tiempo (2013 y 2022), la participación masculina en el trabajo no remunerado aumentó, es cierto, pero el incremento fue de apenas 17 minutos diarios en esa década. Por lo tanto, este cambio no creo que pueda explicar la percepción de que se fue “demasiado lejos”.

    Cargos de decisión

    Miremos ahora quienes ocupan los espacios de decisión en Uruguay. Empecemos por la política. Antes de 1932, las mujeres no podían votar ni ser electas en Uruguay. Casi un siglo después, el Parlamento que asumió en febrero de 2025 alcanzó su máximo histórico de representación de mujeres de apenas 29%. ¿Es eso “llegar demasiado lejos”? Con ese porcentaje, Uruguay se ubicó en el puesto 84 del ranking mundial de representación femenina, muy por debajo del promedio regional y global. En el nivel subnacional también encontramos una clara subrepresentación femenina: solo un departamento de los 19 cuenta con una mujer intendenta, y vale la pena recordar que antes del 2010 nunca hubo una mujer electa intendenta. Y algo similar ocurrió con el cargo de vicepresidenta, que lo estrenó una mujer electa por primera vez recién en 2019.

    ¿La percepción de discriminación hacia los hombres será porque los cargos de representación política han empezado a dejar de ser únicamente masculinos y van apareciendo las primeras mujeres en cargos jerárquicos relevantes? Además, hablar de “discriminación hacia los hombres” en este contexto no resiste un análisis democrático básico: nadie pierde poder cuando se amplía la representación; lo que se pierde es el monopolio del poder.

    Esto que ocurre en la política también ocurre en otros ámbitos. En la actividad académica, por ejemplo, de las 48 rectorías en la historia de la Universidad de la República del Uruguay, todas fueron ocupadas por hombres. En la actividad económica, la Encuesta Anual de Actividad Económica (INE) reveló que solo el 26% de las empresas uruguayas tienen como máxima autoridad a una mujer Esta desigualdad se refleja también en el sindicalismo, las cooperativas, etcétera.

    Violencia hacia las mujeres

    Finalmente, hay una dimensión que no admite relativizaciones: la violencia hacia las mujeres. Entre 2018 y 2025, de acuerdo con el criterio de medición del Ministerio del Interior, se registraron en Uruguay 194 homicidios a mujeres por violencia basada en género, de los cuales el 72% fueron cometidos en manos de pareja, expareja o un vínculo afectivo sexual. Comparemos con los datos publicados en el Catálogo de Datos Abiertos, entre 2018 y 2025, se registraron 2.606 homicidios a varones, de los cuales, solo en el 1,34% de los casos fueron cometidos en manos de pareja/expareja. En cuanto al programa de tobilleras para situaciones de violencia doméstica, de los 4.596, el 75% se enmarca en situaciones de pareja/expareja. En general, las víctimas en el programa representan un 94% de mujeres, mientras que el 6% son varones. No se trata de hechos aislados cuando se tienen en promedio entre 110 y 120 denuncias por violencia doméstica por día en Uruguay, sino de un patrón persistente que demuestra que la igualdad real aún no se alcanzó en su nivel más elemental: el derecho a vivir una vida libre de violencia.

    Y respecto a relatos de que el sistema protege más a las mujeres que a los hombres y que hay muchas denuncias falsas por violencia doméstica, la investigación realizada por CLAEH en 20242 mostró que para los años estudiados 2021, 2022 y 2023 se encontraron más denuncias falsas en torno a otros delitos, como los económicos, que para los casos de violencia doméstica, los cuales además de haber sido insignificantes, el sistema contó con los mecanismos necesarios para desarticular y penalizar ante la ocurrencia de denuncias falsas. Y me pregunto entonces ¿por qué está tan instalado ese relato de las denuncias falsas? Quizás habría que analizar el impacto de cuentas como Varones Unidos, que promovía un discurso misógino, que incitaba el odio hacia las mujeres y hablaba de denuncias falsas a su comunidad de más de 117.000 seguidores, y que justamente uno de sus líderes mató a su expareja, a su suegra, al chofer que lo condujo hasta el lugar de los hechos, secuestró a su hijo y luego se le encontró pornografía infantil en su celular. Seguramente el número de seguidores de Varones Unidos sea mayor que el de las personas que leyeron los resultados de la investigación basada en evidencia.

    Entonces, ¿de dónde surge la percepción de que los hombres están siendo discriminados?

    La evidencia internacional es consistente: cuando se cuestionan privilegios históricamente naturalizados, aquello que antes era exclusivo puede vivirse como una pérdida. Durante décadas, muchas desigualdades entre hombres y mujeres estuvieron naturalizadas e invisibilizadas. Cuando esas desigualdades se nombran, se miden y se discuten, aparecen preguntas incómodas y se tensionan privilegios. Ese momento de transición suele generar resistencias defensivas, que a menudo se expresan diciendo que “se fue al otro extremo” o, como se escuchó del otro lado del río, que “se pasaron tres pueblos”. El feminismo no quiere que los hombres pierdan derechos, solo quiere que las mujeres también puedan ejercer los suyos.

    Seamos claros: la igualdad no quita derechos, redistribuye oportunidades. Y los hombres no están siendo discriminados; no han perdido derechos, tal vez privilegios.

    Escuchar percepciones es necesario. Sin embargo, los datos cuentan otra historia. Por eso desde el Grupo Interagencial de Género de Naciones Unidas hemos elaborado en 2025 un Perfil de Género basado en evidencia y que ayuda a transformar datos en información e información en conocimiento.3 Uruguay no ha llegado “demasiado lejos” en igualdad de género. Al contrario: aún hay mucho trabajo por hacer y por lo tanto es preciso seguir impulsando políticas públicas por la igualdad sustantiva en Uruguay.

    1 La tasa de actividad masculina para el segundo semestre de 2025 fue de 72,2%, casi 15 puntos porcentuales superior a la femenina, que alcanzó apenas el 57,4%.

    2 https://lac.unwomen.org/es/digital-library/publications/2025/09/resumen-ejecutivo-del-estudio-existen-denuncias-falsas-de-violencia-basada-en-genero-en-uruguay

    3 Ver documento completo: https://uruguay.un.org/es/291144-perfil-de-g%C3%A9nero-y-generaciones-de-uruguay

    Magdalena Furtado, directora en Uruguay del programa de ONU Mujeres

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