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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace décadas, en Uruguay se invoca al cambio como un artilugio que todo lo puede mejorar. La mayoría de los políticos, los institutos, los centros, las academias caen en lo mismo: atender lo que cada uno entiende que mejoraría “su” marco teórico-práctico de interés y/o actividad. Recomiendan a otros lo que ellos no practican.
La semántica da pistas. Hace años demasiados dirigentes hablan de “transversalizar” todo. En criollo, que nos manifestemos sobre todo, sepamos o no del tema en cuestión. Equiparan la razón a la opinión o doxa, un absurdo epistémico. Resulta una mezcolanza que luego nadie traga. La excesiva democratización autorreferenciada no puede, racionalmente, atender de forma fundada las necesidades comunitarias. Prima la teoría y la fantasía imposible de concretarse. Es hipocresía compartida que, en función de la transversalidad compartida, diluye la responsabilidad de cada uno y cada cual. Lo previo deriva en dos encares posibles que condicionan las consecuencias.
1º. El dilema sobre si la suma simple y lineal de los factores en juego resulta menor, igual o mayor que la del conjunto complejo, armónico y sistémico de esos mismos factores. Los cocineros podrían dar varias clases prácticas sobre el tema. La clave y el objetivo es que el conjunto genera más, tanto en lo cuanti como en lo cualitativo.
2º. Definir si los cambios parten de quien los ofrece o del entorno que los reclama. Para simplificar, un equilibrio entre oferta y demanda, entre el o los encargados de administrar la política pública y los ciudadanos contribuyentes que pagan el proceso. El ideal es alcanzar un auténtico “nosotros” que lleva esfuerzo y tiempo.
Se dice que la caridad bien entendida comienza por casa. La cuestión, aquí y ahora, no es de caridad del que da ni de exigencias del que pide; es de responsabiliadad compartida. Y esa debe comenzar en nosotros mismos. Predicar con el ejemplo, arriba y abajo, a diestra y siniestra. De eso tratan las políticas públicas: bien común e interés general.
La calurosa mañana del viernes 2 de enero (arquetipo de día “sandwich olímpico”) el programa En perspectiva de Radiomundo nos regaló la entrevista de Romina Andrioli (Premio Morosoli 2025) al intendente municipal de Flores, Diego Irazábal. No tuvo desperdicio. Resultó inspiradora. El relato —con datos— de Irazábal está en las antípodas de lo que en el ámbito nacional estamos habituados a escuchar. Es un antes y un despues; ver en: https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/el-90-del-presupupuesto/
Imposible imaginar un mejor inicio de año: “El rey está desnudo”, y lo asume. Vislumbré que el despegue que tanto invoca Uruguay está cerquita, a la vuelta de la esquina, en tanto y en cuanto hagamos lo necesario. Terminemos con los discursos sin contraparte fáctica, con diagnósticos que terminan en nada, con la burocracia que enreda, con la ineficiencia y los costos estatales irresponsables. Basta de decir lo correcto y hacer lo incorrecto. Basta de la errática discrecionalidad política del gallinero uruguayo, donde mucho se cacarea, pero no se recoge lo que de ellos se espera: huevos. Lo digo como analogía alegórica, con estricto fundamento biológico, sin pizca de ironía.
Resumo parte de la conversación entre Andrioli e Irazábal, pero recomiendo ir a la fuente. Ilusiona y da esperanza en la medida que cambiemos nuestras cabecitas. Alterna valores, principios, opciones, compromisos, programas y concreción efectiva:
“Flores cumplió 140 años de su fundación el 30 de diciembre. La intendencia propuso al sindicato de funcionarios del gobierno departamental la firma de un convenio que introduce una reforma que reduce los márgenes de discrecionalidad del intendente”.
“El 90% del presupuesto de la IMF se destina a sueldos; es difícil desarrollar un departamento con estos números”.
“Hemos disminuido las horas extras entre 20% y 30%”. “El sueldo del intendente se redujo un 30%”. “Los pagos por compensación a asesores se abatieron”.
“El 90% del presupuesto de la intendencia se lo lleva el pago a sus funcionarios; no hay margen para obras y servicios necesarios”.
“Hay lógicas que son difíciles de cambiar. Requieren un cambio cualitativo. Todos saben de qué estamos hablando; es un tema de índole cultural”.
“Funcionamos con un organigrama caduco del siglo XX. Así no es posible cumplir con lo necesario. La IMF cuenta con 670 funcionarios. Solo 97 son presupuestados. Urge implementar la carrera del funcionario en base a concursos”.
“Terminar con la discrecionalidad de los jerarcas. Hagamos lo necesario para la comunidad y no lo conveniente para mí”.
“Logré tener menos poder político. En base a ello consolidaremos una adminstración profesional, transparente y eficiente”. “La intendencia no es un aparato político, es una organización de gobierno al servicio del contribuyente”.
En suma: cartón lleno. Estamos ante un caso inédito de revisión de la habitual praxis política nacional. Un giro copernicano, radicalmente racional. No son promesas, son acciones concretas ya tomadas al inicio del mandato. ¡Que comienza por ajustar sus propias facultades, prerrogativas y retribuciones!! Sí, los pagos del interior siguen dando criollos que cabalgan en pelo calzados con bigotudas chancletas de yute, de sol a sol.
Flores es el departamento con menos habitantes (26.700). Un sexto del que tiene el Municipio CH de Montevideo. Junto con San José, tienen el PIB per cápita más alto del país. El desempleo es de los más bajos: 3.5% versus 7,2% nacional. Tiene una alta tasa de suicidios, en especial de jóvenes. Tiene carencias y advertencias.
Los desafíos son múltiples. Las posibilidades de superarlos, ciertas; hay apoyos que se han manifestado. Hay que redoblar, ir a más. Con base en ideales compartidos y no a ideologías constreñidas a mantener el statu quo de cada cual a su gusto y placer.
Flores es un ejemplo a procesar y analizar: El primer ajuste fue en carne propia. Eso genera un respaldo ético invaluable para solicitar colaboración. El secreto del éxito de los cambios es que la gente se apropie de ellos. Compartir el éxito. Es comunidad.
Flores puede ser un caso de estudio y un proyecto piloto modélico para Uruguay. Los que aducen que es un caso “menor” no tienen idea del valor intrínseco de lo pequeño.
Condición sine qua non para quien propone cambiar es que esté bien pertrechado en cuanto a la duda sistémica, el rigor del pensamiento crítico, la autoexigencia de máxima transparencia y atender “detalles” que hasta ese entonces se obviaron. Eso para la etapa epistémica. Para la etapa de comunicar, munirse de una coraza a prueba de balas, misiles y drones: fortaleza anímica y resiliencia a los ataques viles.
La mayoría de los cambios innovadores de la historia partieron de las ideas de algún “loco” ignorante que pensó “fuera de la caja”, en un sótano aislado o un rincón escondido. Los cambios alteran intereses, privilegios y estilos de vida; no son gratis. Lo común es que se inicien con poca casuística y escasos recursos. Las innovaciones no surgen en la sala de sesiones, el escritorio del CEO o los directorios políticos. Hay que estar alertas para que cunda el análisis criterioso del cambio propuesto y, sobre todo, a que no cunda el pánico neutralizante del establishment político, académico o empresarial. Naturaleza humana; los afectados suelen ser afines al lampedusiano y su Gatopardo: aceptan cambios si todo sigue como está y va. Cooptar, le dicen.
Los proyectos piloto experimentales e innvadores pequeños suelen ser de bajo riesgo, costo limitado y evaluables en plazos breves. Irazábal lo tiene claro, la prioridad es la juventud y el futuro, por lo tanto, no hay tiempos a perder. Ese “Uruguay que nos debemos” de Ricardo Pascale debe, de una vez por todas, hacerse realidad. Algo parecido hace Richard Read en Cosechando Esperanzas con jóvenes del Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente. Es un piloto a escala reducida o pequeño, cuyo futuro es expandirse. Inicio las cosas quieren. Hora de integrar, coordinar, armonizar y sistematizar experiencias.
Dejemos la manía de transversalizar todo que termina en un archipiélago de discursos corporativos desconectados de la realidad; difuminan responsabilidades y fracasan en modificar la medianía que defienden los mediocres que se miran y admiran el ombligo. Llevamos décadas de esto.
Esperemos que Búsqueda le hinque el diente al caso Flores, es una mina de oro que brota a flor de piel y resulta fácil de explorar y acompañar. El caso merece conocerse, discutirse, criticarlo y evaluarlo. No soy promotor y menos incondicional. La cuestión excede y trasciende a sectores y partidos políticos. Lo mejor que podemos hacer es ser críticos positivos y propositivos, exigir lo máximo para lograr lo óptimo. Todo bien documentado con data estadística periódica. Ese es el quid de los piloto: modelo, evaluar, mejora continua, expandir.
Y para desdramatizar y uruguayizar la cosa, recordar la singularidad de los jugadores de truco y las sesudas estrategias para mover piezas de los amantes del ajedrez.
Lo que no debemos hacer, como comunidad, es desapovechar la oportunidad de intentar cambiar para mejorar. Salgamos de la noria.
Todo esto en un contexto inédito. Mientras el mundo se desestructura sin saber a dónde caray va, en Uruguay podríamos, al fin, trascender y no solo saberlo, sino hacerlo y compartirlo.
Se dice que el sol sale por Rocha. En un futuro quizás se diga que la luz nos alumbró desde Flores.
Gonzalo Pou