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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿Qué determina que una persona pueda progresar? La respuesta no parece encontrarse en un único factor. Y hay muchos uruguayos que parece que esperan todo del Estado.
Nacemos con capacidades específicas, dentro de una familia y unas circunstancias que no elegimos. A partir de allí intervienen nuestras decisiones, el esfuerzo, la perseverancia y también dosis inevitables de azar. Por eso, afirmar que el éxito depende exclusivamente del mérito individual resulta tan incompleto como sostener que las circunstancias sociales determinan enteramente nuestro destino.
El progreso es el resultado de la interacción entre lo que una persona quiere hacer y las oportunidades que la sociedad le ofrece. Alguien puede tener talento y voluntad, pero difícilmente desarrollará esas condiciones sin una educación razonable, atención sanitaria, seguridad, reglas previsibles o posibilidades reales de incorporarse a la vida económica.
Aquí aparece una responsabilidad fundamental de las instituciones. Su función no consiste en garantizar que todos obtengan los mismos resultados, ya que las personas tienen distintas preferencias y capacidades. Lo que sí debe procurar una sociedad es que el punto de partida no determine de antemano el futuro de nadie. Esto supone construir un marco institucional que amplíe oportunidades: salud que proteja a la familia, seguridad para trabajar sin temor, justicia independiente y reglas que favorezcan la iniciativa, la innovación y el emprendimiento.
Pero existe una segunda responsabilidad igual de importante: la individual. Una sociedad puede ofrecer herramientas, pero no puede utilizarlas en lugar de la persona. Aprender, asumir riesgos razonables, perseverar ante las dificultades y aprovechar las opciones disponibles son decisiones estrictamente individuales.
De allí surge un equilibrio necesario. Una comunidad saludable debe evitar que el origen condicione el destino, sin pretender por ello que el punto de llegada sea idéntico para todos.
Además, el concepto de progreso merece entenderse en un sentido amplio. No debe reducirse al ingreso, al patrimonio o a la posición social. También significa adquirir conocimientos, alcanzar mayor autonomía, construir vínculos satisfactorios, cuidar la salud o realizar una actividad que otorgue sentido a la vida. Desde esta perspectiva, el desafío colectivo consiste en crear las condiciones para que cada uno intente construir su propio proyecto.
Una sociedad justa no tiene que garantizar que todos lleguen al mismo lugar; debe procurar que nadie vea innecesariamente limitado su camino por circunstancias que no eligió. El progreso personal es una responsabilidad individual, pero crear las condiciones para que sea posible constituye una responsabilidad colectiva. El desarrollo de una sociedad se mide por la capacidad de lograr que ambas dimensiones se complementen en lugar de enfrentarse.
José V. Marzo