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Todo el sistema de seguridad social en Uruguay está en crisis estructural con base demográfica y relativismo o torpeza en valores éticos, morales, de gestión. Tal como decía un docente de Medicina Familiar, se encuentra en “estado de mal”.
Como toda realidad, se puede visualizar lo que se quiera: buenos indicadores cuando se está en el gobierno, luego de invertir 9,3% del producto en medicina curativa, y simultáneamente tener una grave miopía y presbicia en la gestión y el financiamiento
Un sistema que hace convivir 41 instituciones mutuales privadas a nivel nacional en competencia oculta “heterofágica”, en un país en decrecimiento poblacional, y que el propio Estado, luego de 18 años de reforma y gobiernos de diverso signo, no ha logrado integrar a sus grandes prestadores sanitarios también en competencia oculta hablan por sí solos.
Luego de años de experiencia asistencial, en gestión, vemos que existe una pobre honestidad intelectual y política hacia la población aportante y sus expectativas.
A la población se le dice que que se jerarquizará el primer nivel de salud, que los médicos generalistas, pediatras generales y equipos de salud resolverán el 80% de los problemas de las personas y comunidades. La tecnología de punta realizará el resto. Olvidan informar que esto es para aquel que pueda pagarlo.
Que el drama de la salud mental se resolverá diversificando roles, capacitación ad hoc con abordaje territorial más allá del escitalopram alprazolam, etcétera, los comités de recepción o la terapia de $ 2.000 a $ 5.000 la sesión particular.
Que el sistema es sin fines de lucro y que toda rentabilidad potencial será reinvertida en las prioridades emergentes y los desafíos tecnológicos, diagnósticos y terapéuticos globales.
Que es posible seguir con un PIAS y un FTN definido en postrimerías de 2008, hace 20 años, y que se ha creado un mercado cifrado en millones de dólares no regulado de prestaciones innovadoras.
Que el sistema se financia a partir de cápitas calculadas por género y edad, olvidando toda preexistencia y variación relevante en costos, factores de riesgo, distancias territoriales.
Que los pool de riesgo son comparables cuando las tasas de envejecimiento divergen y se polarizan y sus costos frente a la aspiración de inmortalidad saludable poblacional los vuelve inviables.
¿Es posible que convivan complementación, cooperación y competencia de libre mercado. No lo creo, con total certeza.
¿Es posible que las IAMPP no reporten beneficios y asuman responsabilidades sus dueños, inclusive patrimonialmente, como cualquier empresa, con la posibilidad de éxito o de cierre?
¿Es posible que el mercado de trabajo profesional siga siendo liberal, muy relacionado a la tradición académica, ahora con múltiples universidades, absorción migrante, y que a la vez resuelva trabajo para todos, con buenos ingresos y cargos de alta necesidad y dedicación?
Muchos desafíos de tantos aseguradores prestadores.
Debemos ir a instituciones de escala, no más cuatro planes asistenciales nacionales que den viabilidad y sustentabilidad presente y futura.
Y se debe informar a la población que en sus conductas, estilos de vida y determinantes sociales se esboza la esperanza de mejorar lo que tenemos y heredarlo viable a nuestros hijos.
Marcelo Avellanal