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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEste 11 de julio se cumplen 100 años de su nacimiento, sea este mi homenaje.
Lo conocí en el Frente Amplio, lo seguí en el Nuevo Espacio e ingresé al Partido Colorado con su retorno. Soy de la generación que se formó políticamente en la dictadura, militando por la vuelta a la democracia y leyendo los libros escondidos, que en mi casa eran los de una biblioteca de izquierda clásica. Un tiempo en el que fueron revalorizados el Estado de derecho, las formalidades republicanas, el diálogo y el libre pensamiento.
Unir estas lecturas marxistas-leninistas-maoístas con las luchas por la democracia y la libertad me llevó por los debates del “socialismo democrático” y la socialdemocracia, muy presentes en la interna de la 99 de entonces. La flexibilidad y el antidogmatismo que a Batalla y su sector los distinguían fueron ingredientes necesarios para que sintiera que eran un mismo movimiento el destape español, la primavera alfonsinista, la lucha por los sindicatos independientes en los astilleros de Gdansk, los estudiantes manifestando en la plaza de Tiananmen y nuestras peleas contra el autoritarismo (y sus rémoras).
Las elaboraciones ideológicas o doctrinarias no fueron parte de sus preocupaciones, sus posturas políticas parecían emanar de una “ética del buen vecino”. No hubo día ni noche de dictadura en que no hiciera algo por alguien perseguido, fuera del pelo que fuera.
Junto a Hugo Batalla muchos aprendimos a cambiar conservando lo sustancial, a ser firmes sin endurecernos, a no aceptar intolerantes, a sentir que hay soledades que nos honran, a nunca creer que tenemos la verdad en el puño de la mano y a que todas las personas deben tener una silla en la mesa de la democracia.
En fin, con los debates de la socialdemocracia me hice “batallista”, con Batalla me hice batllista y con Pepe Batlle me hice colorado. Algunos me dicen que hice el camino al revés, pero esa es mi forma de andarlo.
Muchas veces sus críticos le reprochaban ser un “buen tipo”. Un grande era el Hugo.
Andres Moura