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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHasta el presente el trío argentino de rock Soda Stereo (1982-1997, más un regreso solo para una gira en 2007) sigue siendo la agrupación más importante de todos los tiempos del género en versión en español, tanto musicalmente como en el muy masivo arraigo. Su desarrollo se basó en la creatividad de Gustavo Cerati (1959-2014, que incluyó un lapso final de cuatro años de sobrevida en estado vegetal, con internación hospitalaria y asistido con máquinas). Fue el compositor totalmente preponderante, el guitarrista, el hombre frontal en las presentaciones en vivo (front man), el principal vocero, con salidas y apreciaciones novedosas, llamativas, siempre sin modestia.
Cerati se caracterizó por liderar la construcción de una imagen glam para toda la banda, apoyado originariamente en las novedades del rock británico del momento, luego se desarrolló la propia, la del grupo y a impulso del periodismo y del público se transformó en “hombre alado”, y todo esto lo acompañó en su carrera solista, caracterizada por la innovación constante, disco a disco, gira a gira. Este trayecto, entre 1999 y 2010, con cuatro discos (Bocanada, Siempre es hoy, Ahí vamos y Fuerza natural), más dos anteriores (Cerati-Melero, Colores santos, 1992 y Amor amarillo, 1993), constituye la muestra más contundente de que configuró su propia versión con alcances similares a los de Soda Stereo, tanto artísticamente como en la captación de públicos, por las tres Américas y parte de Europa.
Sus compañeros de Soda Stereo, Charly Alberti y Zeta Bosio, en una valoración muy fría, aportaron muy poco a lo fundamental de la creatividad de la banda. Sin Soda Stereo el derrotero de cada uno luego de la separación verifica la ausencia de producción, no tienen obra propia. Musicalmente, dentro de Soda Stereo cumplieron un desempeño importante como intérpretes.
Obviamente que una banda en su funcionamiento tiene componentes de sintonía, de afectividad, de empatía, de solidaridad entre sus integrantes y claro que en ello estuvieron presentes los tres. Y en estas dimensiones Soda Stereo es el resultado de la interacción entre ellos, al menos durante los años iniciales y algún tiempo más; luego los mismos atributos pasan por énfasis que dejan de ser totalmente armónicos para teñirse de conflictos, distanciamientos, de separación, como le sucedió a los Beatles e innumerables agrupaciones de rock.
Ahora bien, en estos días comenzó una gira internacional de Soda Stereo denominada Ecos, con Gustavo Cerati como un avatar, como un holograma o, tal como lo comparó Eduardo Fabregat en Página 12, un resultado similar a la magia de David Copperfield. La aceptación del público de manera masiva habla de que el mal gusto existe y no tiene cercos, nichos, estilos. El espectáculo es por plata, hay que hacerlo bien, sin necesidades e intereses artísticos de los profesionales, pero sí del público.
Este negocio se montó por un acuerdo a iniciativa de Zeta Bosio y Charly Alberti y que incluye a Laura Cerati, la hermana de Gustavo, la que figura como encargada de asuntos del difunto, más Benito y Lisa, sus hijos, todos interesados en fabricar un espejismo de calidad, compartido en su no realidad con todo el planeta y que facture bien.
Siendo así las cosas y viendo que todo va muy positivo con la cantidad de espectadores (como dato, 500.000 entradas vendidas antes de su estreno si se suman todos los países), cabría decir que esto se puede replicar en otras áreas en un mundo que desea y produce cada vez más entretenimiento, despojado de originalidad y autenticidad, así como boludeces que se presentan como alternativas, por ejemplo, el llamado arte contemporáneo.
Concretamente, la final del Mundial de Fútbol próxima se podría registrar de manera tal que al año siguiente se volviese a realizar, jugar, disputar (no repetir el mismo partido) de forma televisiva, pero usando inteligencia artificial y todos los otros recursos necesarios. Así, los desarrollos incluirían variables como la formación de los equipos titulares, los usos de suplentes, registro de la evolución de los rendimientos físicos de los jugadores (cosa que actualmente se realiza), antecedentes previos de los desempeños de los equipos de cada selección en el torneo, errores y dudas arbitrales y muchos más, dando rienda suelta a lo que dicte la inteligencia artificial, desde el comienzo del match hasta el término. Y llegará un momento en que se podrá realizar no solo televisivamente, sino también en vivo.
Y esas nuevas finales —modificando variables explicitadas para todos, sin engaños, sin ocultamientos— se sucederán una vez al año, durante los cuatro años previos al nuevo torneo. Hay miles de millones de personas que adherirán como televidentes, por razones que van en un continuo compuesto por los polos mera curiosidad y fanatismo. La FIFA tiene el poder para materializar esto y sería absurdo no pensar que sus integrantes ya manejan esta posibilidad. Todo esto es una muestra de la banalidad a la que las llamadas industrias creativas pueden remitirnos.
El invento que motivaron estas líneas parece argentino, no se conocen o citan antecedentes. Una Argentina que siempre está al palo, que se ve susceptible, que tiene antecedentes de jugar con la muerte como en el caso de Evita Perón, el manejo delirante de Montoneros sobre la vida entre sus propios militantes y la de los por ellos declarados enemigos o la enorme cantidad de desaparecidos en la última dictadura militar. Ahí vamos.
Manuel Esmoris