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    La importancia de la ciencia

    Sr. director:

    Agradezco la publicación de esta carta abierta.

    Carta abierta al señor presidente de la República

    Prof. Yamandú Orsi.

    Señor presidente:

    Enterado por la prensa, que supongo habrá chequeado adecuadamente la información, quiero manifestar mi tristeza, amargura y decepción para con el gobierno actual, y en particular referida a Ud., quien por su condición de docente debe conocer el valor de la ciencia, al ministro de Economía, docente universitario y heredero de un linaje ilustre, y al director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, exrector de la Universidad, quienes no solo mantuvieron la política anticientífica desarrollada por los gobiernos anteriores de Sanguinetti, Vázquez y Lacalle Pou y que, en este momento, a través de la supresión de cargos del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, manifiestan en los hechos estar decididos a darle el tiro de gracia al desarrollo intelectual de este país.

    El problema no es nuevo. El Dr. Sanguinetti quiso cerrar la institución y declarar a los científicos excedentarios. Su tesis fue “no se precisa ciencia, el conocimiento se compra”. Pobre, qué tristeza, qué pena me da que un presidente de este país no sea capaz de darse cuenta de que el conocimiento no se compra ni se vende, está en el cerebro de cada ciudadano. No hay conocimiento si no hay ciencia genuina en el país.

    El Dr. Batlle fue el único que entendió cabalmente el problema. Fiel a su idea de que “los países son felices cuando tienen más filósofos, más científicos y más educadores”, repuso parte de los cargos perdidos en el período previo y facilitó su llamado a concurso. Es de destacar la importante comprensión del valor de la ciencia por el ministro de Cultura de la época, el Dr. Leonardo Guzmán, durante su gestión. Todavía recuerdo sus palabras cuando, el día previo a su renuncia, al inaugurar el primer microscopio confocal del país en el IIBCE, dijo más o menos así: “Cuando se oponen la economía y la cultura, prefiero la cultura porque un país culto siempre desarrolla su economía, pero mantener una economía marginal no hace lo mismo con su cultura”.

    El Dr. Vázquez, además de ser presidente dos veces, fue prescindente en lo que a la ciencia se refiere. No solo bloqueó la asignación de nuevos cargos de plantilla como corresponde a un instituto que crece y debe mantener la vis a tergo generacional, también dificultó el llamado de vacantes en tiempo y forma. En la primera presidencia hubo un oasis en ese desierto, en el breve período cuando la ingeniera Simón fue ministra de Cultura. Durante ese período se desarrolló la política de ciencia más importante del siglo XXI en el Uruguay. Lástima que los recovecos de la inconsciencia política no nos permitieron contar con la Ing. Simón durante más tiempo en cargos de gobierno. El Sistema Nacional de Investigadores, la ANII (con todos los defectos que padece), el portal Timbó, la Academia Nacional de Ciencias son perlas de un collar que administraciones posteriores no siguieron construyendo.

    El señor Mujica, sin entenderlo demasiado, pero con una gran intuición, también lo comprendió, aunque, mal asesorado, apoyó insuficientemente a la institución, tal vez por un problema de competencia con un proyecto de desarrollo más afín a su “barra”, el Institut Pasteur. Sin embargo, debo hacer notar en este momento que —como antes en el caso de la Facultad de Ciencias de la Udelar— el IIBCE había cooperado, apoyando con tecnología y funcionarios, el nacimiento y desarrollo de dicho instituto.

    El Dr. Lacalle Pou se benefició en gran medida del desarrollo científico nacional movido e impulsado por la vocación de los investigadores durante mucho tiempo a pesar de la inconsciencia política. Con los científicos campeó el temporal de la pandemia, pero, más allá de actos y fanfarrias, su apoyo real al desarrollo científico fue paupérrimo. De dicho período salió el Instituto de Investigaciones Biológicas con un altísimo déficit de funcionarios. En mi caso particular, me jubilé por obligación reglamentaria a los 70 años en la mitad de su período. Todavía está por llamarse la vacante. Que lástima que al Dr. Lacalle le hayan pesado más los genes paternos que los Pou. Su madre, la Dra. Pou, con una formación cultural mucho más amplia, entendió la importancia de la ciencia y, durante su breve pasaje por el Senado, fue una firme defensora del desarrollo científico nacional.

    Vuelvo al principio. Qué pena que un presidente formador de jóvenes y que funcionarios de rango ministerial, un docente de larga trayectoria personal y familiar y un exrector de la Universidad de la República repudien el desarrollo científico de esta forma, excusándose en unos parches seguramente porosos (porque el mentado aporte de dinero no solo no alcanza para frenar, sino que facilita su filtración) para el desarrollo social. Me descorazona, como uruguayo, como ciudadano y como militante de izquierda.

    Señor presidente, agradezco vuestra atención y, como la esperanza es lo último que se pierde, aprovecho el artículo 30 de la Constitución de la República para motivar vuestra reflexión al respecto de la ciencia.

    Atentamente.

    Dr. Ángel Ariel Caputi Cavalli, prof. emérito, PEDECIBA. Investigador activo nivel III del Sistema Nacional de Investigadores.