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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDe nuevo le estoy escribiendo. Lamentablemente, lo hago cuando algunos políticos pretenden engañar a la población con un discurso totalmente obsoleto y perdiendo el foco de quiénes somos los que financiamos el sistema para que todo pueda “funcionar”… o simplemente andar.
Por parte del gobierno se pretende destinar dinero para subsidiar a uno de los sector más sumergidos de la sociedad. Hasta aquí no hay problema. El tema es que se pretende que sea en efectivo y una vez más sin una contrapartida.
La oposición entiende que ese dinero debe darse a través de los mecanismos actuales, en donde se puede verificar que efectivamente sean utilizados en los rubros correspondientes para quienes están solicitando el amparo del Estado por necesidad.
Hace días que vengo escuchando a representantes del gobierno y legisladores oficialistas querer instalar otra vez el discurso de la lucha de clases. En esta oportunidad, diciendo disparates como que al pobre se le exige que demuestre en qué gasta la plata, o como dijo la diputada Julieta Sierra: “Me revuelve las tripas escuchar gente todo el tiempo queriendo saber qué hacen los pobres con la plata”.
Yo soy un ciudadano y un trabajador, como los cientos de miles que hay en el Uruguay, y quisiera responder esa afirmación al igual que todas las que están en esa misma sintonía.
Hoy se habla del Estado como alguien ajeno, y lo que se tiene que entender es que el Estado somos todos, por lo tanto, todos merecemos saber en qué se gasta lo que nosotros mismos financiamos. No es una cuestión de pobres o ricos, es una cuestión de transparencia y justicia con quienes hacemos frente a nuestras responsabilidades económicas para que exista un presupuesto nacional.
El Estado recauda a través de tasas, tributos e impuestos. El dinero con que funciona un país sale de los aportes que hacen sus contribuyentes y por lo tanto los contribuyentes merecemos que justamente se nos rindan cuentas.
El pobre, o cualquiera que solicite una prestación financiada por el Estado, tiene que tener la obligación y el deber de rendir cuentas porque vive en parte del fruto de los esfuerzos de otros y no del suyo propio.
El Estado me exige pagar esas tasas, esos tributos y esos impuestos, yo que sí los pago (a diferencia de muchos integrantes de este gobierno) merezco saber a dónde va a parar ese dinero. Y si a alguien no le gusta cumplir con la única obligación que hoy exigimos, que es mostrar en qué gasta el dinero, que busque trabajo u otras herramientas y no viva de los subsidios o planes que el Estado ofrece, que, repito, salen de mis propios aportes y fruto de mi trabajo (al igual que el de miles de uruguayos).
Quiero aclararle a usted que no estoy en contra de que se intente contribuir con los sectores más sumergidos, pero sí del populismo barato. Sería muy ingenuo creer que con un bono de $ 10.000 en efectivo se vaya a solucionar un problema que es estructural. El Estado no está más presente que ayer por darle una prestación mensual de ese valor a una familia que no puede vivir en las condiciones mínimas que permitan desarrollarse aceptablemente.
Para finalizar, le comento que logro entender también una de las explicaciones de la oposición que insiste en que no sea en efectivo. Lamentablemente, todos los uruguayos vivimos en la constante inseguridad que nos tiene acostumbrados el Frente Amplio cada vez que gobierna. La inmensa mayoría de los sectores sumergidos a los que está destinado el plan se encuentran en los barrios en donde la delincuencia y el narcotráfico le ganan a la seguridad pública, donde el ministro Negro no está pudiendo llegar y el Estado está totalmente ausente. Teniendo en cuenta esto presente, ¿no le parece que es un riesgo hasta para las familias acreedoras de ese dinero andar con él encima? Donde se lo roben, no lo podrá recuperar y destinar para poder cubrir parte de las verdaderas necesidades. ¿Quién se hará cargo ese mes?
Nicolás Fusario