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El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAnte una nueva rendición de cuentas se observa, en una primera lectura, un aumento leve del gasto, motivado, según se declara, a atender urgencias: seguridad y población vulnerable.
Para financiar este incremento, sin aumentar el tan abultado déficit, se plantea algún recorte cosmético, v.g. relaciones exteriores y aumento del Imesi a la venta de autos eléctricos, por citar lo principal.
Esta última decisión, abrupta, junto con el ataque agregado simultáneo de aumento de patente y costo de electricidad en la carga en vía pública, resultan en un cambio relevante de la política energética. Lo que hasta la fecha era una política de Estado, que se había mantenido y profundizado con los cambios de gobierno.
Debe tenerse presente que el Estado no debe ser neutral en el uso e incentivo de fuentes de energía. Debe favorecer el uso de energías renovables, porque son limpias, más baratas y las producimos nosotros. A diferencia del petróleo: exógeno, precio volátil y contamina.
En esta instancia se quiere recaudar más para gastar más. En esa búsqueda implacable de fondos cayó en la volteada un pilar de Uruguay. De telón de fondo, la brutal carga impositiva a las naftas genera sentimientos encontrados a la hora de propiciar usos alternativos de energía. O sea, somos “verdes”, pero no exageremos tampoco.
Más allá de estos manotazos desesperados para buscar ingresos, me pregunto si, antes de seguir ampliando la presión tributaria, el Estado agotó realmente las herramientas para recaudar los impuestos ya vigentes. En otras palabras, el combate de la elusión y defraudación.
Hoy vemos publicidad y anuncios de la DGI apuntando a alquileres y plataformas asociadas. Puede ser. Sin embargo, hay situaciones que, por lo generalizadas, rompen los ojos. En comercios, en gastronómicos en particular, en el interior fundamentalmente, la facturación es poco frecuente. Se propicia aún hoy el pago con efectivo o transferencia como únicos medios de pago aceptados. No es uno o dos, son muchos en los rubros y zonas mencionados.
En lugar de trapisondas como la del robo de la devolución de Fonasa, anunciadas en verano entre gallos y medianoche o aumentos de franjas y porcentajes o dañar en la zona de flotación una política de Estado, la tarea inicial obvia está ante nosotros. Que no solo paguen “los nabos de siempre”. “Que gobierne la honestidad”.
Pablo Oroño