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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCuando para la celebración de los treinta años de la Naciones Unidas se organizó la Asamblea de la Juventud, yo estaba en la Unión de Jóvenes Uruguayos por las Naciones Unidas. Además de militar en la FEUU como independiente y participar del movimiento de jóvenes de Sayago de donde salió el movimiento Tacurú. La ONU me invitó a un seminario para líderes sobre educación de adultos según Pablo Freire en San Miguel, Buenos Aires, y fue una experiencia increíble.
Con jóvenes de toda América, desde México, Centroamérica, Colombia, Perú, Paraguay, Brasil, Argentina, compartimos experiencias y culturas diferentes, aplicamos dinámica de grupos y revaloración de los valores cristianos que venían desde las raíces y la hermandad de los pueblos más humildes. Fue como desenterrar tesoros, tesoros que las campañas publicitarias alienadoras de las empresas multinacionales, y también de las ideologías totalitarias multinacionales, quieren erradicar para cambiarlas por Coca-Cola o por estrellas y martillos de consumo masivo.
En ese entonces la rebeldía del movimiento estudiantil de Mayo del 68 en París nos inspiraba a muchos, no aceptábamos verdades impuestas, sin pensar antes con un razonamiento crítico, como el de Vaz Ferreira y Rodó, para ser libres.
El camino que se abría: la educación de todos, especialmente los más pobres y los más necesitados. Y con ellos descubrir sus valores, que encontramos eran los mismos en los más pobres de las favelas de Brasil, los más pobres en los barrios en las montañas de Lima, los más pobres en los ranchos de la pampa y los más pobres en las chozas en la selva. Solidaridad, hermandad, dar el corazón al que llega de lejos. Si es de otro color o de otra raza o de otra cultura, mejor. Nos enriqueceremos con los valores de hermanos diferentes, y compartiremos también con ellos valores nuestros.
Usar un método de alfabetización global que Freire propone en grupos: analizar el presente y discernir el futuro, para alentar el desarrollo intelectual, social y moral, y descubrir que hay un mundo que en democracia se puede mejorar para todos, fue una revelación para todos nosotros.
Este seminario organizado por las Naciones Unidas fue fantástico y a todos nos cambió la visión del futuro. Había en nuestros pueblos una reserva de valores frente al caos que se venía.
Incluso, al final, el último día me pidieron organizara la reunión de conclusiones y despedida. Con la experiencia en grupos, y en asambleas universitarias, conociendo a todos no fue difícil. Terminamos en un abrazo interminable, había que salir y cambiar con el ejemplo las situaciones, con el apoyo de todos; aunque fuera poco, sería el nacimiento de una esperanza en nuestra propia gente, como brotes verdes de vidas nuevas saliendo como capullos entre el desierto de la masificación que nos venía de afuera.
Al otro día, para mi sorpresa, me llamaron los funcionarios de la ONU. Se estaba organizando la Asamblea de la Juventud, en conmemoración de los 30 años de las Naciones Unidas.
Querían que fuera no una conmemoración más, sino un hito donde los jóvenes le dijeran a la Asamblea General que estaban hartos de componendas políticas y negociación de privilegios, que se pusieran las pilas y pensaran en el mundo que venía. Y me designaron como el miembro joven de América para el Comité de Organización de la Asamblea de la Juventud, con cuatro jóvenes más de las demás partes del mundo, para preparar los documentos, coordinar las comisiones sectoriales y dirigir los debates.
Como estaba aún con amigos del seminario, lo hablamos. Era al principio entusiasmante, pero antes bajamos la pelota al piso. Mirar, pensar y discernir, después actuar. Y rezar.
De la gente argentina, vimos fondos de las Naciones Unidas que por ONG estaban financiando guerrilleros montoneros. En Brasil, guerrilleros del MR8. Y por conocidos aquí, otros fondos de la ONU llegaban a Tupamaros, ERP y grupos estudiantiles demócratacristianos y comunistas.
Cuando se filtró mi oferta, hacían cola los grupos de jóvenes de izquierda que querían llegar no solamente a la Asamblea, sino también a los financiamientos sin repago de la ONU. De todos los colores, y averiguando un poco, las delegaciones de cada país las nombrarían los gobiernos.
Conversando con funcionarios de la ONU, una casta aparte, eran muy preparados y fantásticos, pero también diplomáticos que nunca quedaban mal con ningún gobierno. La fe en las Naciones Unidas se me cayó al piso al verla desde adentro, costos de funcionamiento fabulosos que es imposible rastrear en qué se utilizan. Y la paz es un objetivo que se alcanza siempre que los poderosos estén de acuerdo; si no, vean ahora en Ucrania y Gaza. No entra la ONU para imponer la paz como en su momento en Corea, el Congo o el Sinaí.
Mirando desde afuera, vi un grupo de cinco jóvenes bien intencionados, de los cinco continentes yo sería el anillo rojo por América. Pero como la bandera olímpica, una linda fachada para que en el fondo los conocidos de siempre manipularan las cosas, para que con el cambio no cambiara nada, y siguiera todo al gusto de los poderosos.
Les dije, lo que era cierto, que tenía que estudiar para un examen de Física de Ondas en la facultad, y me bajé. No fui a Ginebra a las reuniones del comité. No me arrepiento, ya conocía cómo se manejaban algunas ideologías en las asambleas grandes y ordenar a los 644 delgados no me hubiera asustado, pero esa Asamblea de la Juventud nació muerta; no había espacio para miradas frescas y compartir las luchas de las juventudes en las distintas sociedades, para reclamar a los mayores un espacio de renovación, para un mundo nuevo a la luz de los valores. Fue un circo de la Guerra Fría y de tirios contra troyanos, un fracaso a gritos y patadas.
Las Naciones Unidas en Nueva York es hoy una feria de atracciones para cuando uno va a la gran manzana, para aplaudir un discurso como el de nuestro presidente; y también la plaza del mercado para negociar algún negociado, como cuando Uruguay traicionó a Taiwán por China por unos pesos que se trajo Asiain, o cuando el presidente Mujica cambió la ley de aborto por unos dos millones años más tarde. Ya no es la de 1947, cuando Rodríguez Fabregat hizo respetar al Uruguay y le pidieron escribiera él la carta de creación del Estado de Israel, para campo de refugio seguro de un pueblo perseguido en muchas sociedades, y casi aniquilado por los nazis.
El antisemitismo y el odio al pueblo judío ha prendido en las Naciones Unidas, y no es de ahora que esa organización mundial que derrotó a Hitler, Mussolini y garantizaría la paz mundial, no cumple con su Carta Fundamental. Y menos defender las democracias, como es Israel.
Esta semana, con la entrevista del licenciado Petinatti a Pilar Rahola, me revivió una experiencia de hace más de cincuenta años con la ONU. La entrevista está en YouTube y vale la pena oírla.
Ing. José M. Zorrilla