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    sábado 13 de julio de 2024

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    Meter para adelante

    POR

    Sr. Director:

    En 1995, Paysandú casi queda afuera de la Copa América. Contra reloj, ganamos una licitación y diseñamos con Fabra las torres para iluminar a Giorno el Estadio Artigas, pero como si fuera todo un gran acto de magia.

    Preparamos las torres altísimas, diseñadas con el programa de la NASA para cáscaras espaciales. Fabricadas en Astilleros del Litoral, las armamos en el piso ya con las estructuras de soporte y todas las luminarias fijas en su lugar, y con una pequeña grúa Grove de 13 toneladas las subimos al cielo en dos etapas, como en cabo Cañaveral, rotando en un eje horizontal de acero al cromo níquel, a nivel de cada gran base antes construida.

    El intendente de Paysandú subía y bajaba por las escaleras, se mordía las uñas, pero nunca dijo nada. Faltaban tres meses para la fecha de la inspección técnica para aprobar los estadios, Maldonado estaba terminando el suyo y quería llevarse el grupo de Argentina y EE.UU. para el este.

    Sin hablar mucho, los cuatro equipos de trabajo que había en eso nos miramos y empezamos a juntar cabezas para ver si era posible y tirar del carro para adelante. Usamos ingeniería de punta, superhormigones que recién comenzaban, premoldeados, cáscaras pretensadas, y una brigada A que corría a socorrer o cubrir un frente de avance que estuviera atrasado. Trabajando al costo porque, aunque era un secreto de Estado que no se podía decir a nadie, había 2millones de dólares contra los 20 millones que tenía Maldonado.

    Con una pequeña ayuda de los amigos, incluyendo al presidente de la República, que pasó para apoyar y dejó una ayudita, se terminó a tiempo. Tanto fue así que hasta diseñamos en cada esquina de las gradas unas tribunas troncocónicas pequeñas, y la brigada A las ejecutó para que todos los constructores tuvieran un asiento gratis en los partidos de la copa.

    Al final, en el partido inaugural, mientras Uruguay levantaba la cabeza y goleaba a Nueva Zelanda, un equipo de ensayo de estructuras, con el apoyo de los cracks del Instituto de Estructuras de la Facultad de Ingeniería, nos perdimos el partido midiendo deformaciones, frecuencias y respuestas debajo de las tribunas que se estremecían en cada gol con los saltos de la gente. Con las normas italianas para estructuras con público, las más severas, el estadio era seguro.

    Años más tarde, administraciones nuevas pusieron dudas sobre una obra hecha con tanta velocidad que era increíble. Con el equipo de Análisis Experimental de Estructuras, y el gran Gofio, se auscultó la estructura, se instrumentó, se hizo una prueba de carga, midiendo a las centésimas de milímetro, y la estructura aprobó todo.

    Los que vivimos eso, cuando Uruguay le ganó la Copa América al campeón del mundo, Brasil, festejamos como locos, por la parte que fuimos del equipo uruguayo. Seríamos los más pequeños, pero ahora para todos éramos respetados.

    La primera vez que se encienden las luces es un momento mágico. Nadie está preparado para ser encandilado, desde la noche sin luna, al nivel deslumbrante de la televisión a color internacional con el giro de una llave.

    Aunque todas, las cuatro tribunas, estaban en obra, invitamos al obispo Monseñor Daniel Gil Zorrilla a bendecir las luces. Junto con todas las comunidades de Paysandú, evangélicos, judíos, católicos. Y al que quisiera venir, que al final eran como 8.000 personas y llenaban las calles alrededor.

    Monseñor Gil nos contó a todos, entonces, una anécdota de la visita al papa de todos los obispos uruguayos. Como es costumbre, el último día el papa les dio un almuerzo de despedida.

    Surgió el tema en la mesa de cómo la selección de Polonia estaba para la clasificación para el Mundial y la Eurocopa y cómo Uruguay en la clasificación al Mundial matemáticamente tenía chance.

    “¿Se dan cuenta —les interrumpió el papa— que es la primera vez que estoy a la mesa con mis obispos y estamos hablando de fútbol?”.

    En seguida le contestó uno: “No es casualidad, su Santidad, en Uruguay la vida es como el fútbol”.

    Y siguieron otros:

    —Si haces un acierto, hiciste un golazo.

    —Y si es una macana, es un gol en contra.

    —Si estás haciendo tiempo, la tiraste al óbol.

    —Y si te agarran descolocado, quedaste en offside.

    —Ah —dijo el papa—. Ahora entiendo, porque un grandote me llamaba del Uruguay pidiéndome que los mandara al banquillo a alguno de ustedes.

    Después de la bendición, los parlantes pidieron un minuto de silencio, y con tres toques, tic, toc, tac, se fueron prendiendo las luces por tramos. Una exclamación de admiración, ¡ahhh!, salió de todos, ni nosotros nos esperábamos entonces tanta luz como en Las Vegas.

    La selección en esta Copa América nos está dando el ejemplo: así como somos para el fútbol tenemos que serlo para todo. Con talento, con preparación, sobre todo, con garra. Sí, se puede, hay que meter. Meter para adelante.

    Ing. José M. Zorrilla