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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn mi artículo anterior (“¿Con Valeria le ganábamos a Colombia?”), algunos creyeron que el objetivo era criticar la elección de la Sra. Ripoll para candidata a vice de Delgado. Nada que ver. Poco podría criticarle cuando no la conozco. Está claro que la decisión es riesgosa: un candidato a vice difícilmente haga ganar una elección, pero sí puede hundirla, caso meta la pata. Pero tampoco ese era el sentido del artículo.
Mi preocupación pasa por otro lado. Está en que lo realmente trascendente no es la estrategia (aunque no debe despreciarse), sino el fondo del asunto. Y el fondo no pasa por la Sra. Ripoll.
Hay quienes dicen que Álvaro Delgado no tiene carisma. Quizás. También puede ser que hasta ahora no haya tenido ocasión de ponerlo en práctica. Pero, con o sin carisma, la realidad es que se trata del candidato más serio y mejor preparado para gobernar entre los que corren con chance. Tiene —entre otras cosas— lo que en inglés se llama “a safe pair of hands”. Lo que no es poca cosa. Sin embargo, parte de la tribuna pide más zucundum.
Delgado enfrenta algunos problemas que se han tornado típicos en política. Como candidato del partido en el gobierno, lo ponen frente a un doble dilema: al mismo tiempo, tener que defender la gestión y explicar qué hará de mejor, por lo tanto, de diferente a lo hecho (“¿y por qué no se hizo antes?”).
Enfrentado a ese dilema, Delgado no puede colocarse en la vereda de enfrente al gobierno y criticarlo, pero tampoco puede aparecer como un “más de lo mismo”. Refugiarse en eslóganes como “las reformas de segundo piso” no es muy atractivo. Tiene que conquistar un espacio que le permita ser él, proponiendo cosas nuevas, lanzadas, atractivas, sin que lo cuestionen por eso.
Al mismo tiempo, enfrenta un fenómeno prevalente de la política contemporánea: el relato. Materia en la cual la izquierda es maestra cocinera:
“El país se cae a pedazos” (Orsi)
“El gobierno fracasó” (pasacalles en Malvín).
¿De dónde? Son afirmaciones absurdas, totalmente fuera de la realidad. Pero prenden.
Delgado está en un brete: o se dedica a defender al gobierno y con eso pierde fuerza, carisma, atractivo, o se lanza a plantear algo renovador, diferente, atractivo, entusiasmante. Obvio que debe elegir lo segundo. ¿Cómo?
La cosa no pasa por la Sra. Ripoll. Recae fundamentalmente sobre Álvaro Delgado: sobre su elección de los temas y los énfasis. Ambas cosas son importantes: qué propone y cuánto se la piensa jugar. La diferencia, lo que llevará a ganar, no será un más o mejor de lo mismo (por más que no es poca cosa), sino la invitación a construir, sobre lo hecho, un Uruguay más libre, innovador, entusiasmado.
A soltar amarras.
Ignacio De Posadas