• Cotizaciones
    martes 23 de julio de 2024

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    Nunca más terroristas en el Uruguay

    POR

    Sr. Director:

    Cuando escuché hoy a Juan Ferreira en la radio, diciendo que los tupamaros no eran terroristas, no podía creer lo que oía.

    En los 70, después de que Erro engañó a los socialistas y se quedó con las dos bancas de la 4190, los ultra socialistas, Raúl Sendic, Marenales y Rosencof, que venía de la UJC, hicieron una muy marxista-leninista autocrítica: ¿cómo podía ser que ellos, los más inteligentes y preparados políticamente de la sociedad uruguaya, no hubieran podido sacar un solo diputado entre los noventa y nueve?

    La conclusión no podía ser de ninguna forma que los había engañado, como a niños, un caciquillo de barrio herrerista, Enrique Erro, y se les había quedado con el diputado por los acuerdos que habían firmado.

    La conclusión de ellos, apoyada por sus mentores externos, como los agentes de la policía secreta checoslovaca en Montevideo, como Vivian Trías, era que la vía democrática al socialismo en la que estaba desde años el viejo Emilio Frugoni estaba cerrada, y que la única vía posible era derrocar a la república burguesa por la lucha armada. En ese momento fundaron el MLN Tupamaros, en plena Guerra Fría, con fondos llegados desde la Unión Soviética que, desde Moscú, y también Praga y La Habana, apoyaban a las guerrillas en todos los países de lo que llamaban el patio trasero de su enemigo yanqui.

    No me lo contaron.

    En esos días, con mis hermanas chicas, una bomba molotov en la puerta de casa nos despertó a las 2 de la mañana. Mi padre, ingeniero de ferrocarril, había avalado la sanción a un guarda, por falta grave de servicio de no respetar al Control de Trenes, y el guarda era del ERP.

    En la facultad yo era militante independiente, cristiano, y Edmundo Caranda me había invitado a un curso sobre la revolución, la lucha de clases y la militancia. Lo vi venir de lejos, ya los conocías por el olor, y le dije, “qué interesante analizar Cuba, Nicaragua, Colombia. Y si se llega, al final, que el camino no es la lucha armada, ¿se pierde el curso y hay que repetirlo?”

    También en esos días, en una disputa entre facciones, caminando frente a la Universidad mi viejo recibió un tiro en la rodilla, del que nunca se recuperó. Siempre salíamos con miedo.

    La guerrilla tupamara siguió el plan de la guerrilla urbana en la Argelia francesa, no les servían las guerrillas rurales como en Cuba o Colombia, en el interior nadie los quería. Y fue entrenada por profesionales, unos primeros en Cuba, después en Checoeslovaquia —a donde llegaban de contrabando a través de Austria o Alemania para que no figurara en los pasaportes el sello de inmigración—. Entre ellos, Marenales, Mujica y la flaca Topolanski, figura en los documentos checos liberados hace poco.

    Y el terrorismo tupamaro siguió el plan para asustar y sembrar el terror, para hacer caer el gobierno democrático, con los actos como los secuestros de extranjeros, diplomáticos y banqueros, y de figuras públicas y empresarios; los asesinatos como el del peón rural y el del funcionario policial que descubrió a Mujica; la toma de Pando y las bombas que fabricaba el ingeniero Maneras para el Bowling de Carrasco, para “aterrorizar” la sociedad de Montevideo y arruinar la vida de inocentes. Eso es terrorismo, para la ley uruguaya y para las convenciones internacionales. No eran Robin Hood repartiendo lo robado entre los pobres.

    Cuando hicimos sonar las cacerolas al final de la dictadura, con la proclama del Obelisco y un millón de personas en la calle, no había ahí tupamaros. Estaban presos desde 1972 por el gobierno democrático, gracias a Inteligencia y Enlace del Comisario Otero y a la Inteligencia Naval del Comandante Zorrilla. Como una jugada de inteligencia de Hércules Poirot, habían ido dibujando el diagrama de la ORGA, la organización terrorista, en la pared, y cuando la conocieron bien, los apresaron a todos. Antes, por aplastante mayoría los parlamentarios habían pasado a los terroristas a la Justicia militar, pues eran enemigos de la República que querían derrocarla, y en las fiscalías civiles tenían tantas penetraciones que nunca duraban presos más de tres meses.

    A Alejandro Otero y a Juan José Zorrilla, la República nunca les dio las gracias.

    La dictadura fue lo peor que nos ha pasado después, pero no me olvido de que los primeros en alentarla, engañados por Trabal, fueron los comunistas y los filotupas que no fueron presos antes. Y que, si bien Juan Ferreira vería la calle después desde la ventana de una embajada, nosotros en la calle no sabíamos si volvíamos a casa o nos pegaba una bala. O nos llevaban presos a Jefatura, como me pasó una vez cuando quisimos organizar un paro el día de Líber Arce. Por suerte, esa vez no me desaparecieron, me suspendieron en la facultad y me siguieron vigilando.

    Nunca más, nunca más matarnos entre hermanos por manijas de afuera. Que aprendan los de afuera de nosotros, de los gauchos de a caballo, como lo fue antes Artigas. Abrirles las puertas a todos como a hermanos, y avanzar todos juntos o ninguno. Pero a no olvidarnos de lo que pasó, para que no se repita.

    Con el ”Tiranos Temblad” con que hicimos temblar a todo el Estadio Centenario cuando cantamos el himno en el Mundialito del 80, ahí hicimos caer la dictadura.

    Nunca más terroristas, y nunca más tiranos, de ningún color.

    Ing. José M. Zorrilla