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    “Sin las botas puestas”

    Sr. director:

    Andrés Danza, director de Búsqueda, escribe en su columna “Sin las botas puestas” (23/7/2026) que “si no se cambia el centro del problema, que está en la forma misma de gobernar, de ejercer el poder y de mostrar lo que se hace, nada de lo demás va a cambiar; llegó la hora del golpe de timón, del cambio de rumbo”.

    El planteo es compartible a condición de ampliar el enfoque; no alcanza con cambiar el modo de ejercer el poder y comunicarlo, sino, y sobre todo, redefinir qué se quiere hacer, para lograr qué, y cómo se lo piensa lograr. Repensar el Uruguay o, mejor expresado, repensarnos nosotros como ciudadanos responsables —modo democrático— que elegimos a quienes nos representan.

    El quid es a cuáles resultados se apunta a corto, mediano y largo plazo, cómo, cuándo y con quiénes se piensa llevarlos a cabo —recursos tangibles e intangibles requeridos— y, faltaba más, cómo se van a monitorear los procesos concurrentes. Que deben ser planificados de antemano y practicarse en paralelo y sincrónicamente al paso del tiempo.

    Para bajarlo a tierra y no quedar en palabras vacuas e inocuas, documentar todo el proceso. Registrar todos los pasos episódicos del proceso. Monitorear semestralmente que ello se cumple a cabalidad. Estadificar la data y correlacionarla a los objetivos fijados. Evaluar si lo que se pretende se corresponde a lo que se logra. Eso permite hacer ajustes sobre la marcha. En suma, lo que el Estado uruguayo ignora olímpicamente.

    Uruguay cuenta, en el papel, con el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Y un Sistema Nacional Estadístico (SEN). Ambos —trabajando de forma articulada, integrada y sistematizada— debieran respaldar todo el esfuerzo nacional al desarrollo y el progreso. Educación, seguridad, salud, medioambiente, etc. Eso, hoy y aquí, hace años que no ocurre.

    Sin un INE y un SEN que cumplan sus cometidos a cabalidad no hay certezas ni capacidad de prever yerros y, obvio, es casi nula la posibilidad de prevenir descalabros. Económicos, pero sobre todo humanísticos, que de eso se nutre la cultura e idiosincrasia nacional. La que hoy, ¡por fin! parece tener una primera reacción a la inoperancia local. Medida en porcentajes patéticos.

    Ahora comienza el período productivo del quinquenio. Ya pasó el tiempo de las recetas culinarias, hay que ponerse a cocinar. ¿Saben qué es lo que se nos va a ofrecer? Creo firmemente que no. La sensación es que la dieta viene de adelgazar y sufriremos algunos cólicos.

    La cuestión del desarrollo y el progreso nacional se enunció de forma insistente en los Programas de Gobierno de las últimas décadas. Buena letra —a los Reyes Magos— que escriben de apuro antes de las elecciones. Luego, el que gana dispone de un trimestre y reparte responsabilidades a quienes tocará ponerlas en práctica. O sea, el futuro nacional se define en función de acuerdos sectoriales que responden a intereses ídem. La conocida “colcha de retazos”.

    Hay situaciones absurdas que no resisten el análisis lógico. En seguridad no sabemos si aplicar el rigor de la norma legal o mirar para el costado y hacerse el distraído. En salud el poder encargado de la cartera se desalinea de la autoridad que emana de la sabiduría académica y revisa fallos legales. O habla de “Comisiones de Evaluación” cuando se sigue desatendiendo el registro de data. En educación vivimos entrampados en la lucha de poderes sectoriales sin lograr el fin común del interés general: la ciudadanía ilustrada de Artigas.

    Hoy asistimos al absurdo en su máxima expresión con un articulejo de la Rendición de Cuentas que refiere a la incalificable decisión de “recortar 18 cargos en el IIBCE, Instituto Investigaciones Biológicas Clemente Estable”. Dan la pauta de las prioridades que reconocen y las que ignoran. La cuestión económica de los gobernantes. Apuntan certeramente a las neuronas creadores de conocimiento y eluden ver y apuntar a los intereses particulares —acomodos politiqueros— en los cuales tienen arte, parte y contraparte con sus atendidos correligionarios.

    ¡A tal punto y extremo llevan a su desfachatez! La Rendición de Cuentas debiera dar un paso más y dejar claro lo que quieren e imponen. Agreguen un segundo artículo que facilite los trámites para emigrar a jóvenes investigadores. Sean coherentes en su colosal incoherencia. ¿O no se dan cuenta de que debe haber 18.000 o más casos de acomodos que evitan ver?

    Pregunta: ¿a ningún jerarca se le ocurrió hacer una vaquita y ver si, dentro de su entorno político partidario, sectorial, familiar, amistoso, etc., habría algún cese a hacer —tipo pases en comisión, secretarías, etc.— y así lograr sustituirlos para mantener no solo a los 18 y expandirlos a 40 investigadores en el IIBCE? Harían patria. Desarrollo. Progreso. Ética.

    A los jerarcas del gobierno les vendría bien leer al recientemente fallecido Edgar Morin (104 años en plena lucidez). Comiencen por Introducción al pensamiento complejo, 150 páginas escritas en 1990. Ni siquiera necesitan comprarlo, lo encuentran en la red. Les servirá para entenderse y corregirse.

    Gonzalo Pou