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    viernes 12 de julio de 2024

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    Solidaridad trucha

    POR

    Sr. Director:

    No por primera vez es noticia el anuncio del cierre de una fábrica porque ya no da para más.

    El año pasado fue la de portland de Ancap, ahora la planta de FNC en Minas.

    En el caso portland, la realidad económica era obvia: perdía plata, desde siempre, y la perdería para siempre.

    El gobierno planteó que se aceptara la realidad y cerrar la fábrica. Reacción inmediata: gobierno neoliberal, carente de solidaridad. Políticos, gobernantes locales, sindicalistas, todos ellos profundamente solidarios, pusieron el grito en el cielo. ¿Resultado? La planta no se cerró. Sigue ahí, meta perder plata.

    Alguien lo paga.

    Exactamente lo mismo está pasando con la fábrica de cerveza de Minas. Empresa neoliberal, egoísta vs. Tribuna solidaria. Y el gobierno, otra vez, prestándose a “solucionar”.

    Presionar para que la planta siga funcionando y que otro pague la cuenta no es solidaridad.

    Podrá no ser demagogia (en algunos), pero ¿solidaridad? Minga.

    Por dos razones: 1º) Porque una solidaridad verdadera es la que le cuesta a quien la brinda. No es de boquilla, es de bolsillo. Exigir que otros carguen con el peso y el costo de lo que yo reclamo, es trucho. Si realmente me duelen las consecuencias del cierre de la planta de FNC, pues dar un paso adelante y comprometerse a apoyar directamente. 2º) Porque la solución “solidaria” trucha no solo implica obligar a otros a hacerse cargo de los costos, sino que, además, prolonga el problema sine die, generalmente agravado con el tiempo. Es decir que mi “solidaridad” de hoy carga un peso adicional sobre futuras generaciones.

    Y no te digo nada de lo que significa como precedente.

    Por último, la solidaridad es una virtud siempre que cumpla el requisito de toda virtud: ser realista.

    ¿Cuál es la realidad en el caso de la planta de FNC? Que pierde plata, que a futuro perderá cada vez más. La realidad económica (no el neoliberalismo) dice que hay que cerrarla.

    Pero es cierto que hay otra realidad simultánea: la de la gente que quedaría sin trabajo. No está bien dejarlos tirados.

    Perfecto, seamos solidarios. ¿Cómo? Sacrificándonos todos quienes nos solidarizamos por las personas (no por la planta). Poniendo nosotros, en vez de reclamar de otros.

    Se dirá “el Estado está para ayudar”. Pero el Estado no tiene vida propia, ni plata propia.

    No es nuestro sustituto. A lo sumo, una herramienta. Somos nosotros que, al resolver utilizarla, debemos hacernos cargo.

    Nosotros. No Juan Bonete.

    Ignacio De Posadas