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    Transporte a Punta del Este

    Sr. director:

    La Intendencia de Maldonado asegura que la Terminal de Punta del Este “no se cierra; se transforma”. La expresión puede sonar ingeniosa, pero conviene analizar qué significa realmente.

    Durante la temporada, los ómnibus interdepartamentales e internacionales dejarían de llegar directamente a Punta del Este y terminarían su recorrido en la Terminal de Maldonado. Los pasajeros deberán descender allí, retirar sus equipajes y continuar en minibuses hasta su destino final.

    La pregunta es inevitable: ¿se está solucionando el problema del tránsito o simplemente se lo está trasladando al pasajero?

    Quien hoy viaja directamente desde Montevideo hasta Punta del Este deberá bajar, ocuparse de sus valijas, esperar otro vehículo y volver a cargarlas para recorrer los últimos kilómetros. Y no es lo mismo hacerlo con un pequeño bolso que con una familia, varias valijas, niños, equipamiento deportivo, personas mayores o pasajeros con dificultades de movilidad.

    Que el traslado sea gratuito no elimina el costo. Alguien deberá asumirlo y alguien deberá soportar las esperas, las molestias y las responsabilidades adicionales. Y buena parte de esos costos y responsabilidades, que en principio corresponden a la gestión de un problema público, parecen trasladarse a las empresas privadas de transporte, que deberán organizar nuevos servicios, disponer de vehículos, personal y coordinación operativa para resolver una situación que ellas no generaron ni decidieron.

    Tampoco alcanza con afirmar que solamente el 5% de los pasajeros tiene como destino final Punta del Este. Ese porcentaje debería analizarse considerando que se trata de una ciudad turística cuya demanda aumenta precisamente durante la temporada y que recibe, además, pasajeros provenientes del Aeropuerto de Carrasco y de otros destinos. Un porcentaje aparentemente pequeño puede representar miles de personas durante los períodos de mayor afluencia.

    Y hay otro aspecto que parece haberse omitido. El problema puede reaparecer cuando esos mismos pasajeros quieran regresar a sus lugares de origen. Si los minibuses terminan en Punta del Este, deberán nuevamente trasladarse con sus equipajes, esperar el ómnibus interdepartamental o internacional y volver a cargarlos. El inconveniente, por tanto, no desaparece; simplemente vuelve a presentarse, pero en sentido inverso.

    Hay, además, un posible costo económico que tampoco debería ignorarse. Aunque el transfer entre Maldonado y Punta del Este sea gratuito, las esperas, dificultades o incomodidades del trasbordo pueden llevar a algunos pasajeros a optar por taxis, remises, aplicaciones u otros servicios privados. La existencia de una parada de taxis en la propia terminal facilita esa alternativa. Y aquí aparece una paradoja: un corto recorrido en taxi desde Maldonado hasta Punta del Este puede llegar a costar más que el propio pasaje en ómnibus desde Montevideo, haciendo que el costo total del viaje aumente considerablemente. Esto puede ocurrir tanto a la ida como al regreso. Por eso, el impacto de la medida no debería evaluarse únicamente por el hecho de que el transfer sea gratuito, sino por el costo total que finalmente soporta el pasajero. Una política de transporte debería mejorar la movilidad sin que las dificultades del nuevo sistema terminen trasladándose al usuario en forma de mayores costos.

    Hay asimismo una pregunta que parece inevitable respecto de las excursiones. Si estas podrán ingresar y circular por Punta del Este, aunque no utilicen la terminal, sería interesante conocer cuáles son los criterios técnicos que permiten distinguirlas de los ómnibus interdepartamentales e internacionales. Si el objetivo es reducir la congestión provocada por vehículos de gran porte, la distinción merece una explicación.

    Por otra parte, sacar ómnibus de las calles no necesariamente significa sacar vehículos de las calles. Habrá que determinar cuántos minibuses serán necesarios, con qué frecuencia circularán, por qué recorridos y cuál será realmente su impacto sobre el tránsito. No sería razonable celebrar una reducción de ómnibus sin contabilizar los vehículos que habrá que incorporar para sustituirlos.

    Antes de modificar radicalmente un sistema que funciona bien desde hace años, sería razonable conocer el estudio técnico que demuestre que la medida efectivamente solucionará el problema que pretende resolver, incluidos sus efectos sobre el tránsito, los pasajeros y las empresas de transporte.

    Quizás el problema no sea la terminal, sino la gestión del tránsito durante determinadas semanas del año. Existen otras alternativas que podrían estudiarse: regulación de horarios, gestión de accesos, zonas de ascenso y descenso, ordenamiento de la circulación y medidas especiales durante los períodos de mayor congestión.

    Una ciudad turística internacional debería procurar que llegar a ella sea cada vez más sencillo, no convertir los últimos kilómetros del viaje en una carrera de obstáculos.

    La terminal puede no cerrarse jurídicamente. Pero si deja de recibir los ómnibus interdepartamentales e internacionales, ¿no estamos ante un cierre funcional de su principal servicio?

    Y, finalmente, una pregunta elemental que debería responderse antes de implementar la medida: ¿quién paga realmente el precio de esta solución?

    Atentamente.

    Dr. Jorge Cassinelli