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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Hay algo que no cambia, y es que todo cambia” (Heráclito)
Hace unos años, el filósofo español Fernando Savater visitó la Argentina. Al irse, a raíz de sus intercambios con las elites culturales, manifestó que había recorrido “los museos del pensamiento social de la historia del mundo”.
En Uruguay sucede algo similar. En términos discursivos, una de las partes, el “progresismo”, se nutre de un ala militantemente marxista, con representantes en el gabinete de gobierno. El Partido Comunista, partido que cada vez más países europeos que lo padecieron lo están prohibiendo por compartir con el nazismo prácticas aberrantes, acá parece normal.
El sindicalismo es cooptado por dicha fuerza y es posible observar cómo políticos y sindicalistas con esa creencia pasean orgullosamente su ignorancia intelectual al adherir a dicha ideología del fracaso.
En la práctica, esto se traduce en propuestas cuyo objetivo velado es colectivizar la sociedad. El plebiscito pasado de la seguridad social fue un excelente ejemplo al respecto.
La limitación de la jornada laboral, “partage”, como se dio en la Francia socialista de los años 90, pasar de 39 horas a 35 horas, pagadas como 39 horas. Si cada persona trabaja menos horas, habrá más gente ocupada. “Sucede que la semana laboral de 35 horas tiene buenas intenciones y poco resultado, no ha logrado ninguno de sus objetivos”, salvo el incremento del gasto público (Maggi, Carlos, 2002, El fin de la discusión, Ediciones de la Plaza, pág. 92). Veladamente, es “socializar” las empresas, lo demás no interesa (rentabilidad, competitividad, etcétera).
La herramienta preferida de esta ideología es estatizar y el empleo público, lo inverso de lo que ocurre en el mundo. Suecia, país paradigma del Estado de bienestar, también desmanteló ese Estado. Ya lo habían hecho antes Italia, Francia, Inglaterra, Alemania, China comunista (Maggi, 2002). Con la globalización de los años 90 todos los países adecuaron sus estructuras institucionales al nuevo ambiente. Hicieron lo que enseñó Alfred D. Chandler Jr.: “La estructura organizacional sigue a la estrategia”. ¿Cómo va a competir el país en un mundo globalizado, cómo compiten sus productos en el mercado internacional, cómo vienen los capitales a instalar empresas acá?
La estrategia es lo que permite “internalizar el ambiente externo”. El Uruguay no puede mantener un Estado que viene de principios del siglo XX. ¿Por qué nos cuesta tanto crecer, por qué somos caros?
El Estado uruguayo rompe los ojos como un “peso muerto”, caro, ineficaz e ineficiente.
Reformar el Estado para que sea un vehículo apto para implantar las estrategias deseadas, también el cambio recrea toda la economía. “En lugar de considerar los puestos de trabajo como una cantidad fija que debe ser protegida y aumentada, el Estado debe fomentar el cambio económico recreando continuamente la economía del Estado”. (Donald Hicks, de la Universidad de Texas, que estudió la vida media de las empresas tejanas, citado por Kelly, Kevin, 1998, Nuevas reglas para la nueva economía, Barcelona, Ediciones Granica S.A.).
“Irónicamente, la estabilidad a largo plazo solo se puede conseguir promoviendo el flujo (fuerza creativa de destrucción y génesis). Cuando se inhibe el flujo de las cosas, se van produciendo las muertes lentas”, aseveró Donald Hicks (en Kelly, 1998). Este autor comparó lo que ocurrió entre los años 1980 y 1995 entre la Unión Europea y Estados Unidos. Europa protegió 12 millones de puestos de trabajo gubernamentales y en el proceso de estancamiento perdió 5 millones de puestos de trabajo en el sector privado. Estados Unidos fomentó el flujo, se perdieron 44 millones de puestos “viejos”, pero se generaron 73 millones de nuevos puestos de trabajo, con un beneficio neto de 29 millones de nuevos puestos de trabajo, dijo Donald Hicks (en Kelly, 1998).
También los cambios en las estructuras serán la raíz de los cambios culturales imprescindibles para vivir en el mundo globalizado, liberar la energía emprendedora hoy dormida por un Estado asfixiante.
Los políticos tienen la palabra. ¿El país hará los cambios que el mundo exige o seguiremos viviendo en un museo cada vez más pobre?
Rafael Rubio