• Cotizaciones
    jueves 30 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Uruguay, el petróleo y ese viejo futuro perdido

    Sr. director:

    Nuestra sociedad global basada en los combustibles fósiles está comenzando a vivir el ocaso de su “efímero y extravagante período de opulencia”, como nos señalaba lúcidamente el premio Nobel de Química Frederick Soddy hace más de un siglo1. Mientras tanto, seguimos aferrados a la idea del crecimiento económico infinito, ahora disfrazado de verde. La narrativa dominante nos augura un futuro de progreso económico y tecnológico. Por lo tanto, el público parece no estar dispuesto a conversar sobre la posibilidad de que las cosas empeoren. Los políticos quieren ser electos nuevamente, las empresas quieren generar más excedentes, los padres desean que sus hijos vivan en una sociedad más próspera que la que les tocó vivir a ellos, y las universidades prometen a sus estudiantes que los títulos que entregan tendrán utilidad en el futuro.

    En el Uruguay, no somos diferentes, la posibilidad de encontrar petróleo en nuestro territorio ha sido siempre un anhelo que nos genera la ilusión de que vamos a encontrar una solución a nuestros problemas estructurales y el camino más rápido hacia la tierra prometida, el desarrollo económico y material del país. En esa tónica es que el gobierno uruguayo ha decidido intensificar la exploración sísmica en la plataforma marina mediante la concesión de licencias a empresas internacionales para evaluar la presencia de hidrocarburos.

    No voy a profundizar sobre los efectos que la actividad de exploración sísmica va a tener sobre la red de sistemas vivos que construyen el ecosistema de nuestro mar territorial. Solamente dejar claro que todos los sistemas vivos y no vivos de este planeta, los ecosistemas, el clima, los animales, las plantas, y las sociedades humanas son sistemas abiertos disipativos, dicho en forma más simple, sistemas que para poder existir deben intercambiar constantemente energía y materiales con sus entornos. Toda actividad productiva y actividad en cualquiera de estos sistemas implica, al mismo tiempo, una importación de energía y materiales desde el entorno, y una exportación de energía no útil y de materiales de desecho hacia dicho entorno. Básicamente, la segunda ley de la termodinámica, ¡entropía! Y cualquiera de estos sistemas que deja de importar energía de alta calidad, o recibe grandes cantidades de entropía desde algún otro sistema, colapsa.

    Por lo tanto, la actividad de prospección sísmica que se está llevando a cabo en aguas territoriales uruguayas inevitablemente está exportando entropía hacia el ecosistema marino. Está afectando un ensamble de sistemas naturales entrelazados de los cuales la sociedad uruguaya en su conjunto desconoce, y la comunidad académica los ha estado estudiando, a pesar de las dificultades logísticas y de financiamiento, para poder descifrar la red de interconexiones que estructura su dinámica.

    Por lo tanto, da lo mismo lo que pueda decir el gobierno y sus autoridades sobre las medidas de mitigación, protección y resguardo del ambiente marino. En realidad, desconocemos las consecuencias que tendrá la exploración sísmica. Solo sabemos que, de acuerdo a la segunda ley de termodinámica, las consecuencias son inevitables, simplemente no podemos saber la magnitud ni el alcance que tendrán.

    Pero este problema no es nuevo: luego de cuatro décadas de expansión agroindustrial, forestación, plantas de celulosa y pasturas artificiales para el ganado, hemos comenzado a experimentar suelos infértiles, descenso del nivel freático de las napas, aguas subterráneas y ríos contaminados, floraciones de cianobacterias, el pastizal natural acorralado, el cambio climático y Montevideo sin agua potable. Desde el regreso a la democracia, en 1985, hemos duplicado el PIB per cápita, pero la pobreza infantil, las pensiones, la salud, la educación, la seguridad y la calidad de nuestra democracia crujen por todos lados. La receta de todo el espectro político ¡es que falta crecer más!

    La posibilidad de encontrar petróleo nos conecta con esa idea de poder acelerar nuestro crecimiento económico y lograr el ansiado desarrollo. Pero encontrar petróleo para un determinado país es muy parecido a lo que pasa en la comedia; las cosas tienen que ocurrir en el momento oportuno para tener el efecto esperado.

    Y el momento oportuno para encontrar petróleo ya ocurrió, fue justo a mediados del siglo XX, en plena Gran Aceleración, cuando éramos solamente tres mil millones de personas pisando este planeta, todo se expandía, la población humana, la producción, el comercio, la tecnología, los viajes en avión, el arte, la ciencia e incluso llegábamos a la Luna. Durante esas décadas los yacimientos petrolíferos tenían un retorno energético de la inversión, el denominado EROI (Energy Return on Investment)2 muy alto. El EROI es la energía obtenida a partir de una unidad de energía gastada en la obtención de energía. Para ponerlo en números, hacia la mitad del siglo XX el EROI de los combustibles fósiles era de alrededor de 50-60, por cada barril de petróleo invertido en extraer petróleo, quedaban unos 60 barriles libres para trabajo. En términos más simples, 50-60 barriles de petróleo por barril invertido que quedaban disponibles para que una sociedad pudiera realizar trabajo, desarrollar infraestructura, producir e importar alimentos, tener salud, seguridad, pensiones, educación, artes y ciencias.

    Sin embargo, desde la década de 1970 su valor ha caído a unos 12-15 barriles por barril invertido2-4, porque, como todos sabemos, siempre se arranca primero la fruta de las ramas más bajas. Eso implica menos margen disponible de energía libre para trabajo y para hacer funcionar la economía y población global. Desde el fin de la Gran Aceleración (1970-80), el EROI de los combustibles fósiles, el crecimiento económico, el crecimiento en el consumo de energía y poblacional vienen frenándose década a década4. El mundo que estamos viviendo es un mundo de estancamiento, sobrepoblación, degradación ecológica y el comienzo de una época de declinación en los flujos de energía. El viejo futuro de bienestar material y desarrollo para todos hace rato que está muerto, y habrá que inventar otro. Por esta razón, es muy diferente tener reservas de petróleo explotables cuando el EROI estaba arriba de 40, el consumo, la producción y la demografía estaban en plena aceleración expansiva hace 60 años, que en un mundo estancado y en declinación, con un EROI de 12 y en franca caída2.

    El mundo está comenzando a desglobalizarse por la escasez de energía. Asumimos que la economía va a seguir expandiéndose, entonces si el petróleo escasea, y el Uruguay lo tiene, hacemos tremendo negocio. Pero la cosa no funciona así, las economías son estructuras disipativas que necesitan consumir y disipar enormes cantidades de energía para funcionar. Si la energía comienza a escasear, se simplifican, se enlentecen, se estancan y terminan colapsando. Por eso, en el supuesto caso de encontrar petróleo, llegamos tarde a la cita, hubiera sido muy bueno en los años 60 en pleno auge de la Gran Aceleración, siempre y cuando lo hubiéramos podido gestionar como Noruega.

    Los políticos y gran parte del público parecieran vivir ciegos al futuro que viene y la relación entre energía, ecología, población y economía. No tiene sentido imaginar un mundo de expansión infinita. El nuevo futuro, el futuro al que tendremos que enfrentarnos, no se definirá por la expansión, sino por la contracción. Es hacia ese futuro al que ahora nos dirigimos. Y se puede expresar de forma muy sencilla y clara: cada vez menos. Menos gente, menos cosas, menos producción, menos libertades de consumo.

    Uruguay no se va a desarrollar como piensan, incrementando su PBI y pasando al club de los adelantados de la clase. El verdadero futuro lo encontraremos en formas dignas de vivir con menos, entre todos (humanos y no humanos), en este pastizal natural, el verdadero soberano de nuestras vidas, en el borde costero, en los bañados, en los ríos y en el mar que nos rodea. Por lo tanto, el estancamiento y colapso económico son la expresión de una contradicción profunda entre la búsqueda del crecimiento y acumulación de excedentes, y del accionar de las leyes de la termodinámica en el sistema terrestre.

    Vamos camino hacia una nueva forma de subsistencia, de organizarnos y agruparnos. Hemos comenzado un camino de regreso hacia la dependencia de los flujos de energía (solar, eólica, hidroeléctrica, de la leña y de los cultivos) para dejar atrás la dependencia del stock acumulado de energía fósil. Las entidades humanas y no humanas que componen este conjunto de ensamblajes cambiantes están apegadas e interconectadas a través de lazos de dependencia mutua. Sin otro lugar adonde ir, somos los “earthlings5, humanos y no humanos, quienes debemos vivir en este planeta, sin la promesa del progreso, pero con la perspectiva de un cambio que permita construir lugares y territorios habitables, quizás con una sociedad del crecimiento que se transforme en una del declive.

    Hace apenas un siglo, el progreso material se instalaba en Occidente, en un mundo habitado por dos mil millones de personas y con todas las reservas de petróleo bajo tierra. Entrando en el siglo XXI, hemos consumido esas reservas para convertirlas en megaciudades con rascacielos, autopistas, automóviles, aviones, medicamentos, tecnología, artes y ciencias. Las personas, mientras tanto, nos hemos multiplicado por cuatro. Los valores e instituciones que nos guiaron en ese camino de aceleración no van a ayudarnos a transitar lo que se avecina.

    Los sistemas económicos orientados al crecimiento aumentan inherentemente el flujo de energía, materiales y la producción de entropía en el medio natural. No podemos eliminar la producción de entropía, pero sí ralentizar su progresión. Seguir buscando petróleo es seguir buscando las soluciones en el lugar y el momento equivocados. El desafío central del siglo XXI es alinear los sistemas humanos con las leyes de la naturaleza, en lugar de ir en contra de ellas.

    Si no vamos a poder seguir creciendo como civilización, ¿cómo vamos a enfrentar las desigualdades materiales entre y dentro de las sociedades?, ¿cómo dejamos espacio libre para que la vida no humana del planeta mantenga un clima regulado, agua limpia, nutrientes en los suelos y océanos con peces y ballenas francas?, ¿cómo construimos sociedades capaces de controlar y democratizar el bienestar material y los flujos de energía?, ¿cómo innovamos dispositivos institucionales y culturales para controlar a las élites y corporaciones para evitar que utilicen su poder para su propio beneficio?

    ¿Cómo pueden las sociedades mantener la prosperidad y la capacidad tecnológica sin exceder los límites de entropía planetaria?

    Responder a estas preguntas requerirá acción colectiva, cambios sistémicos y una profunda revisión de la relación entre tecnología, sociedad y el mundo natural. Y claramente no será a través de explotar combustibles fósiles. Solo será posible sobrevivir en un mundo que reacciona a nuestra presencia, estableciendo límites absolutos a la actividad humana. Este proyecto de una humanidad expansiva y libertaria ya comenzó a desintegrarse, y siempre ha dependido de la apropiación masiva de las demás vidas y recursos del planeta. Nos hemos expandido a costa de ir devorando y reduciendo el mundo no humano, agrandando nuestra población y economía, nuestra supuesta casa.

    Pero no existe ninguna casa; vivimos en un planeta, palabra que proviene del griego antiguo planaomai, que significa “deambular, vagar sin rumbo, extraviarse”6. Somos sistemas abiertos, disipativos, desequilibrados, que destruyen los gradientes de energía que nos han creado, las sociedades, los ecosistemas, los suelos, el océano y el clima, todos coevolucionando juntos, y modificando de manera irreversible el planeta que habitamos.

    Mauricio Lima

    Bibliografía

    1 Soddy, F. (1922). Cartesian economics: The bearing of physical science upon state stewardship. Hendersons.

    2 Hall, C. A. (2017). Energy return on investment: A unifying principle for biology, economics, and sustainability (p. 174). Springer.

    3 Court, V. & Fizaine, F. (2017). Long-term estimates of the energy-return-on-investment (EROI) of coal, oil, and gas global productions. Ecological Economics 138: 145-159.

    4 Lima, M. (2025). “The link between human population dynamics and energy consumption during the Anthropocene”. The Anthropocene Review, 12(1), 3–17.

    5 Latour, B. (2018). Down to Earth: politics in the new climatic regime. John Wiley & Sons.

    6 Coccia, E. (2021). Metamorfosis: la fascinante continuidad de la vida (Vol. 121). Siruela.