El objetivo era usar esos recursos para ampliar el financiamiento anual que la FIFA destina a sus 211 federaciones miembro para el desarrollo del fútbol. El ciclo 2027-2030 ya contempla unos US$ 8 millones por federación al año; la nueva propuesta elevaba esa cifra a US$ 20 millones, con incrementos previstos a US$ 22 millones y US$ 24 millones en los ciclos siguientes.
El esquema también reservaba un lugar para Infantino: iba a cumplir otro mandato como presidente de la FIFA hasta 2031 para luego ocupar el cargo de comisionado de FFE, una posición equivalente a la que ejercen los comisionados de las grandes ligas estadounidenses —como la NBA (básquetbol) o la NFL (fútbol americano)—, encargados de la dirección ejecutiva y comercial de esas competiciones. En ese puesto, la remuneración anual prevista para Infantino superaba ampliamente los aproximadamente US$ 6 millones que percibe actualmente.
Horas después de la publicación del artículo, la FIFA confirmó mediante un comunicado que había iniciado un proceso de consultas tras recibir una propuesta orientada a “aprovechar todo el potencial de los derechos de retransmisión y patrocinio” de sus competiciones masculinas, femeninas y juveniles.
El organismo precisó que la iniciativa de FFE contemplaba una inversión total destinada al desarrollo del fútbol superior a los US$ 10.000 millones durante el ciclo 2027-2030. Estos recursos adicionales generados con la nueva empresa planeaban destinarse a las federaciones para su uso en infraestructura, formación de entrenadores, selecciones nacionales, competiciones, fútbol base y fútbol femenino, distribuyéndose de forma equitativa entre las 211 asociaciones miembro, sin distinción de tamaño, recursos económicos o ubicación geográfica.
En caso de aceptarse, los inversores externos solo dispondrían de participaciones minoritarias en la nueva empresa, sin funciones operativas, con la FIFA conservando el control absoluto sobre la gobernanza del fútbol, las competiciones, el calendario internacional y todas las decisiones deportivas y reglamentarias.
Donald Trump y Gianni Infantino, en la Casa Blanca el día previo a la final del Mundial 2026.
FIFA
Aunque la creación de FIFA Forward Enterprise no estaba aprobada de manera definitiva, la revelación pública del proyecto provocó una reacción casi inmediata en tres de las seis confederaciones que integran la FIFA y que agrupan a las asociaciones nacionales por continente.
El miércoles 29, la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA) emitió un comunicado en el que advirtió que la iniciativa impulsada por Infantino cruzaba “una línea que las instituciones que regulan el fútbol nunca deberían cruzar”. Según la confederación europea, la esencia y la gobernanza del fútbol no son “activos con los que se pueda comerciar”, especialmente ante la falta de claridad sobre quiénes serían los beneficiarios económicos de la operación. “Ninguno de nosotros es dueño del fútbol. No le corresponde a la FIFA venderlo”, afirmó la UEFA.
Al día siguiente, la UEFA difundió un segundo comunicado ante versiones que indicaban que algunas de sus 55 federaciones miembro podían respaldar la propuesta de la FIFA. “Rechazamos de forma unánime e inequívoca la propuesta. La Copa del Mundo no puede ser tratada como un producto de inversión. La Copa del Mundo no está en venta”, señaló la UEFA, que advirtió que, si el proyecto prosperaba, sus federaciones no volverían a disputar competiciones organizadas por la FIFA.
La confederación europea agregó que la entrada de inversores privados en las competiciones de la FIFA podía modificar para siempre el modelo de gobernanza del fútbol mundial: “En el momento en que los inversores externos adquieran participaciones en las competiciones de la FIFA, el fútbol cambiará. La rentabilidad comercial se convertirá en una obligación permanente. Las expectativas de los inversores se convertirán en una presión diaria. A partir de ese momento, cada decisión sobre el calendario internacional, cada decisión sobre los formatos de las competiciones y cada decisión que dé forma al futuro del fútbol ya no estará motivada por lo que mejor sirva al deporte, sino por lo que mejor sirva a los accionistas”.
Uno de los principales cuestionamientos planteados por la confederación europea estuvo relacionado con el origen y el proceso de elaboración del proyecto. Según la UEFA, la iniciativa fue diseñada personalmente por Infantino durante el Mundial de 2026, disputado principalmente en Estados Unidos entre junio y julio, espacio que el presidente de la FIFA aprovechó para mantener reuniones con potenciales inversores y actores del mercado estadounidense.
Con la propuesta avanzada, Infantino pretendía presentarla directamente a las federaciones miembro y al Consejo de la FIFA sin pasar por el Congreso de la FIFA. El proceso de consulta contemplaba un plazo hasta el 19 de setiembre para que cada una de las 211 asociaciones emitiera su voto individual. Con 106 votos favorables, la iniciativa ya podía luego ser discutida en el Consejo, integrado por 37 miembros e influenciado por Infantino, que lo preside.
Aleksander eferin, abogado y dirigente deportivo esloveno, preside la UEFA desde 2016.
UEFA
“Resulta irresponsable e indefendible que una propuesta de tal importancia para el fútbol se haya concebido en secreto y se haya llevado al borde de su aprobación sin ninguna consulta significativa con quienes tienen encomendada la gestión de este deporte. Esto no es solo un profundo fracaso de liderazgo, sino una renuncia al deber de la FIFA como guardiana del fútbol mundial”, afirmó la UEFA, que incluso calificó el proceso como una forma de “gobernanza basada en la intimidación” y “un acto de coacción indigno”.
El jueves 30, a la posición de la UEFA y sus 55 asociaciones miembro se sumó la de la Confederación de Fútbol de la Asociación de Norte, Centroamérica y el Caribe (Concacaf), que rechazó la iniciativa y expresó “su profunda preocupación por la falta de un debido proceso en torno a la propuesta, el plazo artificialmente corto impuesto y la ausencia de revisión o aprobación por parte de los órganos de gobernanza competentes de la FIFA”.
Al día siguiente, viernes 31, fue la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) la que manifestó oficialmente su “profunda preocupación” por el plan y expresó su respaldo a las posturas de UEFA y Concacaf. “En este contexto, ante las divisiones sin precedentes que han surgido en todo el mundo del fútbol, la AFC considera que la propuesta no puede alcanzar realísticamente el amplio consenso y la unidad necesarios para avanzar. Una propuesta de tal magnitud, con el potencial de afectar el futuro comercial, deportivo y estratégico del fútbol mundial, no debe surgir a través de procesos que hagan que las confederaciones, las asociaciones e incluso los propios órganos de gobierno de la FIFA se sientan marginados”, indicó la confederación asiática.
La posición de la Conmebol
A diferencia de Europa, Norte y Centroamérica, y Asia, la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) no se expresó ni con la misma velocidad ni el mismo tenor que otras confederaciones. Presidida por Alejandro Domínguez, la asociación sudamericana mantiene un estrecho vínculo con Infantino, fundamental, por ejemplo, para que Argentina, Paraguay y Uruguay sean parte del Mundial 2030.
El viernes 31, la Conmebol emitió un pronunciamiento más moderado que otras confederaciones, en el que reafirmó que “el fútbol siempre está primero” y que cualquier decisión comercial o financiera debe estar al servicio del deporte y no por encima de su esencia. La entidad informó que había iniciado consultas con sus asociaciones miembro y solicitó a la FIFA información adicional sobre el alcance, estructura, gobernanza y posibles efectos del proyecto FFE. Además, destacó que continuará analizando la propuesta con responsabilidad, a través de los canales institucionales y bajo principios de buena gobernanza.
Infantino en el Estadio Ciudad de México, días antes del comienzo del Mundial 2026, junto a directivos de la Federación Mexicana de Fútbol.
Concacaf
En una línea similar de cautela institucional, horas antes se pronunciaron la Confederación Africana de Fútbol (CAF) y la Confederación de Fútbol de Oceanía (OFC). La CAF informó que había recibido la documentación enviada por la FIFA y que su Comité Ejecutivo analizaría la propuesta junto con sus asociaciones miembro. Por su parte, la OFC también confirmó que evaluaría FIFA Forward Enterprise en su próximo Comité Ejecutivo e invitó a sus asociaciones miembro a participar del proceso de consulta abierto por la FIFA.
El rol de la AUF
Los posicionamientos de la UEFA (55 federaciones), Concacaf (41) y AFC (47) representaban, ante una eventual votación, 143 votos contrarios a la iniciativa FFE, una cifra ampliamente superior a los 106 apoyos que necesitaba la FIFA para aprobar el proyecto. Ese escenario ya hacía inviable la aprobación de la propuesta, incluso sin considerar posibles votos favorables, como el de Catar o el de la Federación Mexicana de Fútbol, que se desmarcaron de las posturas de la AFC y de Concacaf al anunciar que abrirían procesos internos de análisis antes de definir su posición.
Ante este contexto negativo en su contra, el viernes 31 la FIFA difundió un comunicado firmado por el propio Infantino en el que afirmó respetar “los comentarios y las inquietudes expresadas en público” y sostuvo que el proceso de consulta iniciado con las federaciones miembro estaba “alterado por informaciones erróneas en los medios de comunicación”.
Reafirmó, sin embargo, la continuidad del proceso y defendió que FIFA Forward Enterprise tenía como objetivo proveer mayores recursos para las asociaciones nacionales y ampliar las oportunidades de competición para países como Cabo Verde. También negó que la iniciativa implicara que inversores privados asumieran el control. “Nadie está vendiendo el fútbol. Es un fondo de desarrollo sin precedentes, una participación verdaderamente global en las oportunidades comerciales de nuestro deporte y plena autodeterminación a través de un proceso democrático para todas las federaciones miembro”, dijo.
El intento de recomponer la situación duró poco. Ese mismo viernes, la FIFA emitió un nuevo comunicado en el que anunció que “la propuesta no seguirá adelante”.
Gianni Infantino e Ignacio Alonso antes del partido Uruguay-Cabo Verde en Miami, por el Mundial 2026.
Patricia de Melo Moreira/AFP
Ante el estrepitoso fracaso de la iniciativa, se abre ahora un período imprevisto para la FIFA. Infantino fue electo en 2016 y relecto en 2019 y 2023. El 18 de marzo de 2027, las 211 federaciones votarán a un nuevo presidente en Rabat, Marruecos. El suizo, con votos fuertes en Sudamérica y África, llegaba como favorito.
Ahora puede perder apoyos. La UEFA, tras la marcha atrás de Infantino, cuestionó la transparencia con la que se manejó el proyecto, lo calificó de turbio y opaco, urdido a puerta cerrada, y anunció que trabajará con sus federaciones y en estrecha colaboración con otras confederaciones para reflexionar sobre cómo ocurrió esto y elaborar un plan que garantice que no vuelva a suceder.
“Esa revisión debe ser exhaustiva y profunda. No debe descartarse ninguna opción. La actual dirección de la FIFA no solo ha perdido la confianza de la UEFA, sino también la de muchos otros miembros de la familia del fútbol”, manifestó la asociación. Su presidente, Aleksander eferin, ha estado en desacuerdo con Infantino en varios temas, como por ejemplo el Mundial de 64 equipos para 2030. La confederación europea remarcó, además, que la FIFA cuenta con reservas que superan los US$ 5.000 millones, que tampoco utilizó en beneficio de las federaciones, pese al supuesto objetivo de FFE de desarrollar el fútbol en las asociaciones.
La Concacaf, por su parte, cuestionó directamente la gestión de Infantino: “Este reciente acto unilateral y flagrante de deficiente gobernanza y liderazgo responde a un patrón de errores y conductas similares. Ha llegado el momento de llevar a cabo una revisión integral de este liderazgo. Esta preocupación no es exclusiva de Concacaf. Es compartida por numerosas confederaciones y asociaciones”.
Se abre ahora un período de campaña electoral con Infantino debilitado. Carlos Cordeiro, asesor principal de Infantino desde 2021 y expresidente de la Federación de Fútbol de Estados Unidos, renunció en protesta por el plan FFE y calificó la iniciativa como “un mal negocio para el fútbol”. Kevin Lamour, director de operaciones (COO) de la FIFA y uno de los principales ejecutivos del organismo, también tomó distancia de Infantino. En declaraciones a la Associated Press, afirmó que el personal de la FIFA había sido “engañado” respecto al proyecto de vender una participación en el negocio comercial de la organización, y aseguró que dormiría “tranquilo” después de expresar públicamente su oposición, aunque ello pudiera costarle el cargo.
Un posible candidato opositor a Infantino es el secretario general de la FIFA, el sueco Mattias Grafström, respaldado por algunas asociaciones de Europa. Según informó The New York Times, Grafström —en los hechos el número dos de la FIFA— no estaba al tanto del proyecto FFE y estaba molesto por haber sido excluido de las discusiones. Otro candidato es el canadiense Victor Montagliani, presidente de la Concacaf.
El estadounidense Carlos Cordeiro, asesor de Infantino, renunció a su puesto tras el fallido proyecto de inversión de la FIFA.
US Soccer
A nivel sudamericano y uruguayo, la crisis abre un escenario inesperado. Infantino y el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, mantienen una relación estrecha y el proyecto de ampliar el Mundial 2030 a 64 selecciones —impulsado por el presidente de la AUF, Ignacio Alonso— cuenta con el respaldo público del titular de la FIFA. La propuesta, sin embargo, todavía no tiene una fecha ni un órgano de la FIFA definidos para su resolución.
En la AUF entienden que el desgaste político de Infantino no necesariamente compromete la iniciativa, ya que la decisión final dependerá de las 211 asociaciones miembro de la FIFA. Según dirigentes sudamericanos, los sondeos informales realizados hasta el momento muestran una mayoría favorable a la ampliación del torneo. Para Uruguay, el proyecto tiene un valor estratégico: un Mundial con 64 selecciones permite que el Estadio Centenario no reciba únicamente un partido, sino tres partidos de la fase de grupos de la selección uruguaya. Esto fortalece el argumento económico del gobierno y de la AUF para allanar la inversión de reforma al Centenario y amplía el impacto del torneo sobre la actividad turística y la economía del país.
En cuanto a la elección del presidente de la FIFA en 2027, hasta ahora Infantino ha sido un aliado para la AUF: respaldó la candidatura del Estadio Centenario como una de las sedes del Mundial 2030 cuando la sede sudamericana no tenía votos suficientes en la FIFA, apoyó públicamente la propuesta de Alonso de ampliar el torneo a 64 selecciones e incluso dejó abierta la posibilidad de que el sorteo del torneo se celebre en Punta del Este en diciembre de 2029. Durante su presidencia, además, la AUF alcanzó una presencia récord de cinco representantes uruguayos en distintos comités de la FIFA.
La actual situación, sin embargo, introduce un factor de incertidumbre inesperado. Aunque Infantino todavía cuenta con un importante respaldo entre las asociaciones miembro de la FIFA, el fracaso del proyecto FFE hace más probable la aparición de candidatos dispuestos a disputarle la presidencia. En la AUF observan esto como favorable, ya que aumenta la capacidad de incidencia del voto uruguayo. Además, una eventual pérdida de influencia de Infantino puede adelantar la candidatura de Domínguez a la presidencia de la FIFA, una opción que hasta ahora se proyectaba para después de 2031.