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Un nuevo proyecto de ley busca erradicar la violencia en el deporte con un premio a la hinchada con mejor comportamiento
La propuesta fue aprobada en Diputados y está en discusión en el Senado; propone que los hinchas intercambien emblemas antes de los partidos y ordena a los directivos a no regalar entradas
La violencia en el deporte, principalmente en las hinchadas de fútbol, es un punto de especial preocupación para la dirigencia política uruguaya.
Nacional y Peñarol ya no pueden recibir a hinchas visitantes en los clásicos del fútbol uruguayo. Cuando juegan entre ellos, los operativos abarcan a más de una decena de unidades policiales y medio centenar de efectivos. Proteger esas zonas, sin embargo, no asegura nada. Los hinchas se agreden, se disparan y se matan en bares, en ferias y hasta en asados familiares. El Ministerio del Interior considera a ambas barras bravas estructuras criminales, a la par de organizaciones dedicadas al narcotráfico o al tráfico de armas. El odio entre los hinchas alcanzó límites tan insospechados como absurdos. Las canciones violentas, que hasta hace pocos años eran solo una parte del repertorio de las barras, hoy ocupan un lugar central en las letras que se cantan en cada partido. Basta ir un fin de semana a la cancha o poner durante 30 segundos un reel de Instagram. “Preguntale a la gallina, que tienen tres giles menos”, dice una de las últimas canciones de Nacional. “Vamos a quemar el Cerro y matar otro de Nacional”, entona un clásico de Peñarol que volvió a ponerse de moda.
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El panorama preocupaba al gobierno anterior, preocupa al actual y preocupará al próximo. Pese a compromisos públicos, las autoridades del Ministerio del Interior y los dirigentes de los clubes suelen mantener diferencias sobre el tema. En ese contexto, en los últimos años el Parlamento ha concentrado los reclamos y diagnósticos de todos los involucrados y, en menor medida, sus posibles soluciones. De ese ámbito surgió el mes pasado la penúltima respuesta: un proyecto de ley que no está específicamente dirigido a la violencia en el fútbol pero que sí aborda genéricamente el fenómeno. Se suma a un ya existente entramado normativo construido durante décadas, desordenado y, sobre todo, con dificultades para hacerse cumplir.
Entre otras iniciativas, el proyecto propone “estimular acciones de convivencia entre deportistas o aficionados rivales a fin de establecer un clima positivo” antes de los partidos. “Ya sea mediante la celebración de actividades compartidas o mediante gestos simbólicos como el intercambio por parte de seguidores o aficionados rivales de emblemas u otros símbolos sobre el terreno de juego en los momentos previos al inicio del encuentro o competición”, explica.
Otra de las propuestas, en una línea similar, es “la dotación de premios y la convocatoria a concursos que estimulen el juego limpio, los que serán estructurados en categorías que incluyan, cuando menos, a los deportistas, a los técnicos, a los equipos, a las aficiones, a las entidades patrocinadoras y a los medios de comunicación”.
Se trata en ambos casos de acciones a cargo de la Secretaría Nacional del Deporte, el organismo del Estado al cual el proyecto le otorga la función de impulsar actuaciones para “promover la convivencia y la integración intercultural a través del deporte”.
Denominada “ley contra el odio, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte”, la norma fue aprobada a mediados de setiembre en la Cámara de Diputados y está ahora en el Senado. El 22 de setiembre, la Comisión Especial de Deporte y Juventud de la Cámara de Senadores estudió el documento junto con un informe elaborado en junio por la Comisión Especial de Deporte de la Cámara de Representantes.
“Se considera especialmente valioso que el proyecto otorgue un lugar destacado a las medidas educativas y de promoción de valores”, afirma el informe, respaldado por todos los partidos políticos y que lleva la firma, entre otros, de los diputados Pedro Jisdonian (Partido Nacional), Fernando Amado (Frente Amplio) y Matías Duque Barreto (Partido Colorado). “La experiencia demuestra que la prevención eficaz de estos fenómenos requiere un trabajo sostenido en el tiempo, orientado a generar cambios culturales profundos. La educación en valores, la promoción de la diversidad, el respeto por las diferencias y la construcción de espacios de convivencia constituyen instrumentos indispensables para alcanzar los objetivos perseguidos”, concluye.
Entradas a los barras bravas y a los infractores
El proyecto enumera una larga lista de distintos actos considerados de odio, racistas, xenófobos, discriminatorios o intolerantes en el deporte, entre ellos “declaraciones, gestos o insultos proferidos en los recintos deportivos”. Prevé infracciones para estos actos, que abarcan multas económicas, trabajos sociales y rectificaciones públicas.
A partir de ese listado, establece que las personas organizadoras de competiciones y espectáculos deportivos “deberán adoptar medidas adecuadas para evitar la realización” de esos actos. Apunta, en particular, a que los organizadores no proporcionen ni faciliten entradas gratuitas, medios de transporte, locales, subvenciones, descuentos, publicidad o difusión a “las personas o grupos de seguidores que hayan incurrido” en estas conductas.
La entrega de entradas y otros beneficios a referentes de las barras bravas es desde hace años uno de los puntos de fricción entre los jerarcas policiales y de Interior y los dirigentes de los clubes, especialmente de Nacional y Peñarol. Aunque los distintos gobiernos han evitado, al menos públicamente, señalar a dirigentes concretos o atribuirles de forma directa la distribución de localidades a grupos violentos, el asunto está siempre presente en los encuentros entre ambas partes, incluidos los desarrollados en la actual administración.
Santiago Mazzarovich/adhocFOTOS
Otro elemento en discusión es la orden de los operativos policiales que, en determinados partidos, obliga a los hinchas locales a permanecer dentro del estadio hasta que la hinchada visitante, o el equipo y la delegación visitante, se hayan retirado. La lógica es evitar incidentes a la salida del estadio. La medida y la comunicación de la misma fue cuestionada este año por Peñarol, luego de problemas en el Campeón del Siglo tras partidos con Corinthians de Brasil en mayo por la Copa Libertadores y con Nacional en agosto por la Liga AUF Uruguaya.
El proyecto de ley incorpora una disposición relacionada con este tema al establecer que los organizadores del espectáculo “deberán garantizar el cumplimiento por los espectadores de las condiciones de acceso y permanencia en el recinto”.
“La prevención de estas conductas requiere necesariamente la participación activa de los clubes, federaciones, asociaciones y demás instituciones vinculadas al deporte, dirigida a prevenir incidentes, colaborar con las autoridades competentes, facilitar la identificación de los responsables y evitar cualquier forma de apoyo o promoción a grupos o personas que desarrollen comportamientos discriminatorios o intolerantes”, argumenta.