Esta administración definió seguir avanzando en la realización de este tipo de estudios en torno al desarrollo de la cadena del hidrógeno, y logró fondos de organismos internacionales para realizar una Evaluación Ambiental Estratégica como un insumo de la revisión de la política energética general que impulsa la DNE hacia el 2050 y que el gobierno aspira llevar a debate multipartidario el año próximo. Esa evaluación se prevé finalizar en breve.
El “gran potencial”
Los autores del Estudio prospectivo del mercado laboral en la cadena de H2V y derivados en Uruguay, Martín Lavalleja y Santiago Mullín, indican que avanzar hacia esa energía es un “paso natural” en el proceso de descarbonización, por la significativa reducción en el uso de fósiles en la matriz eléctrica del país y por las ventajas competitivas que presenta para ser un “productor relevante”.
Señalan que el país tiene un “gran potencial” para generar energía renovable porque “cuenta con un buen recurso combinado de viento y sol en varias regiones, lo que permitiría obtener buenos factores de capacidad en el electrolizador y costos competitivos de producción de hidrógeno”. Destacan la buena disponibilidad de agua (lo que es clave para la producción de H2 con base en electrólisis) y de CO2 biogénico, que es el dióxido de carbono producido por la descomposición de la biomasa.
Lavalleja y Mullín sostienen que en 2024 Uruguay emitió alrededor de 11 millones de toneladas de CO2 biogénico (provenientes de las plantas de celulosa y otras de menor escala de producción de energía) que podrían usarse para producir derivados del hidrógeno.
Considerando que el desarrollo futuro de la industria del H2V en el país está “sujeto a incertidumbres y diferentes visiones estratégicas”, los autores de ese estudio encomendado por el MTSS y la DNE plantean un análisis de impacto ocupacional sobre la base de un escenario principal de producción caracterizado por una alta concentración geográfica de la producción asociada a los derivados de H2V como e-metanol y urea, el uso de plantas de síntesis de gran capacidad individual y una infraestructura logística clave como los hidroductos.
Apuntan además que implementar exitosamente ese escenario sería un “avance sustancial hacia los objetivos de descarbonización del país, promoviendo sinergias interindustriales y un modelo de desarrollo sostenible”.
Creación de empleos
Para realizar el ejercicio prospectivo en el mercado laboral, los investigadores se basan en lo previsto en la hoja de ruta. Parten de una base de producción de casi 1 millón de toneladas anuales de H2V al 2040: 863.000 toneladas para la elaboración de derivados y 110.000 toneladas para abastecer el transporte de carga pesada.
Por otra parte, señalan que sería razonable que se desarrollen plantas de producción de H2 por electrólisis, plantas de producción de amoníaco y urea, de metanol y combustibles sintéticos o e-fuels. Vinculado a las plantas habría sistemas de almacenamiento y transporte, redes eléctricas de alta tensión, entre otras infraestructuras.
Para la producción definida y los distintos usos y productos posibles se instalarían 9 GW de capacidad de electrólisis y el doble (18,9 GW) para generación de electricidad con energías renovables, principalmente eólica y solar. Por eso, contemplan la instalación de plantas de producción de H2 en el noroeste del país, plantas de conversión en derivados, como e-metanol (en Durazno y Paysandú), e-SAF en Montevideo y de urea en el centro. Además, prevén inversiones en infraestructura logística, como los hidroductos para transportar H2, ductos para CO2, red eléctrica y transporte ferroviario de los productos finales hacia el Puerto de Montevideo.
Planta de hidrógeno verde en Chile.
HIF Global
Según el estudio, para disponer de esas capacidades productivas proyectan 48.390 empleos directos totales en los 15 años de la fase de construcción. El promedio anual de esa etapa alcanzaría los 3.200 puestos, pero en los momentos de mayor concentración se podría alcanzar los 6.000.
A su vez, habría una plantilla promedio anual cercana a los 4.000 empleos directos estables hacia el 2040 dedicados a las tareas de operación de las plantas, así como en las actividades de mantenimiento de infraestructura energética y logística.
“Este escenario no solo proyecta a Uruguay como un exportador relevante de e-combustibles, sino que también fortalece al sector agropecuario mediante la producción local de urea verde, reduciendo la dependencia de importaciones y mejorando el perfil ambiental de las exportaciones agrícolas”, concluyen.
Los investigadores indican que se trata de una “estrategia integral y ambiciosa” que es “coherente con la hoja de ruta del H2V de Uruguay”.
Perfiles ocupacionales
Para “anticiparse” a estas necesidades de capital humano en el sector, recomiendan diseñar “rutas formativas específicas” que estén articuladas entre la UTU, las universidades, el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional y las empresas.
Proponen, por ejemplo, la creación de un programa nacional de certificación de competencias técnicas para las “tecnologías emergentes”, invertir en capacidades docentes y desarrollar un plan nacional de “transición justa” para trabajadores de “sectores en declive” que puedan reconvertirse a la cadena productiva del H2V y derivados, entre otras acciones.
Los investigadores plantean que la estrategia de H2V de Uruguay debe concebirse como una nueva política de desarrollo industrial que potenciaría la innovación, crearía empleos de calidad y mejoraría la competitividad nacional.
Por eso, afirman, “es crucial” alinear las políticas educativas, energéticas y de desarrollo productivo. Y en esa dirección proponen considerar la creación de una “Mesa Interinstitucional de Empleo y Formación para el H2V” con la participación de ministerios, instituciones educativas, gobiernos departamentales y actores privados.
A su vez, plantean el desarrollo de mapas territoriales de “demanda laboral anticipada” para planificar la oferta educativa por regiones a través de un “Observatorio de prospectiva laboral para la transición energética”, en la órbita del MTSS, que dialogue con la mesa interinstitucional.
Los perfiles de capital humano demandados para esta industria del H2V varían según el componente tecnológico de cada eslabón de la cadena de producción y el grado de desarrollo.
En el caso de las energías renovables, donde Uruguay ya tiene camino recorrido, se requerirían técnicos de montaje y mantenimiento de parques eólicos y solares, operadores de subestaciones, instaladores eléctricos y supervisores de obra, detalla el estudio.
Para las plantas de electrólisis y síntesis química, las competencias requeridas serían de operadores de plantas, técnicos en automatización y control, ingenieros químicos, especialistas en seguridad de proceso y mantenimiento industrial.
Para la captura y el transporte de CO2, los perfiles ocupacionales irían desde operadores de controladores de potencia de planta e ingenieros ambientales hasta técnicos en redes de ductos y sistemas de medición certificada.
En cuanto a las labores logísticas, se requerirían operadores ferroviarios, encargados de terminales y técnicos en transporte de materiales peligrosos.
Según los investigadores, falta oferta formativa específica en los perfiles vinculados a la electrólisis, captura de CO2 y síntesis química de derivados, dado que se trata de una industria nueva o en etapas iniciales de desarrollo. Además, identifican “baja incorporación de habilidades transversales”, como seguridad industrial, digitalización y gestión ambiental. También encuentran necesario actualizar los programas técnicos de las áreas de energía, química y logística.