Según la investigación, las diferencias dependen en gran medida de las tecnologías digitales específicas y los sectores en los que se implementan. Por ejemplo, las mipymes se asemejan a las grandes empresas en su uso de computadoras, especialmente en actividades con alto uso de recursos digitales. Sin embargo, sus patrones de adopción del comercio electrónico difieren notoriamente. “Un factor que contribuye a esta discrepancia son las prácticas de gestión inadecuadas, derivadas de las limitadas oportunidades de capacitación. Esta brecha pone de manifiesto un área en la que los responsables políticos deberían centrarse” dando apoyos específicos, señala la autora, Florencia Jaccoud.
¿Qué recursos tecnológicos usan las empresas?
El estudio se basó en tres fuentes de datos empresariales; la principal es Check-up Tool, una herramienta de evaluación digital provista por el BID en 14 países y administrada en Uruguay por la Agencia Nacional de Desarrollo (Ande). Entre abril de 2022 —cuando se lanzó— y julio de 2023, un total de 1.333 empresas uruguayas utilizaron este instrumento, que desde el punto de vista estadístico provee información sobre las características básicas (como el número RUT, el departamento donde se ubican, su código relativo al sector de actividad, tamaño, antigüedad, volumen de ventas y género del gerente general y del propietario, entre otros datos).
El análisis fue complementado con datos del Directorio de Mipymes para mitigar posibles sesgos asociados con las empresas usuarias de Check-up Tool (dado que estas adhieren porque tienen vulnerabilidades digitales que pretenden corregir) y, al mismo tiempo, obtener una cobertura más completa. Por otro lado, para contrastar con la adopción tecnológica de las compañías medianas o grandes, se recurrió a la Encuesta Anual de Actividad Económica elaborada por el Instituto Nacional de Estadística.
Según resultados preliminares citados en el documento publicado por el BID, el 94% de las empresas usuarias de la herramienta de evaluación adoptan al menos una tecnología, mayormente aquellas más sencillas, como la creación de cuentas en redes sociales (85,8%). Le siguen la actualización de la web (48,9%), la inversión en marketing digital (47,8%), la contratación de una conexión a internet adaptada a las necesidades de la empresa (46,2%) y la inversión en nuevo hardware (39%).
Estos resultados para Uruguay concuerdan con la evidencia aportada para el caso de la Check-up Tool en Chile, donde la digitalización en las áreas de comunicación y comercialización es la predominante.
Luego, considerando las disparidades derivadas de las características diversas de las empresas, la investigación incorporó al análisis factores como el tamaño, los años que lleva en actividad y la ubicación geográfica; comprobó que la “intensidad” de adopción y la “madurez” digital tienden a aumentar con el tamaño y la antigüedad.
Asimismo, el estudio captó un contraste significativo dentro de las microempresas: las unipersonales muestran tasas de adopción “considerablemente inferiores” a aquellas que tienen dos o más empleados.
Respecto a la pregunta principal de la investigación —hasta qué punto las mipymes reflejan los patrones de adopción digital de las empresas de mayor porte—, la investigadora llegó a resultados mixtos. La evidencia empírica sugiere que la respuesta depende en gran medida de la tecnología específica y de las características sectoriales.
En las grandes empresas se observa una cartera diferente de tecnologías digitales. Por ejemplo, la importancia de los procesos de renovación de servidores informáticos es alta (56,2%), lo que se compara con un 36,3% entre las microempresas con dos o más empleados, y un 47,8% para las firmas pequeñas.
En relación con la formación del personal de tecnologías de la información, casi la mitad de las grandes empresas (46,9%) siguen esta estrategia, mientras que el porcentaje ronda la cuarta parte tanto entre las microempresas con dos o más empleados como en las pequeñas.
Otro contraste se da en la formación del personal de tecnologías de la información, donde el 46,9% de las grandes empresas siguen esta estrategia, mientras que el porcentaje es del 22,6% y del 25,3% para las microempresas con dos o más empleados y las pequeñas empresas, respectivamente.
Así, si bien hay una “correspondencia relativamente alta” entre las mipymes y las empresas grandes en cuanto al uso de computadoras, esta es más pronunciada en sectores caracterizados por una intensidad digital “media-alta” y “alta”, como las actividades de consultoría, programación, radiodifusión y los servicios informáticos. Sin embargo, en rubros como las ventas en línea, las mipymes “parecen estar rezagadas, independientemente del sector”.
Sin embargo, la investigadora señala un hallazgo que resultó “algo inesperado”: la tasa de adopción de tecnologías avanzadas, como la inteligencia artificial (IA) y el aprendizaje automático, es “considerablemente menor en las grandes empresas”. Una posible explicación es que ese tipo de compañías tienden a adoptar tecnologías más sencillas de forma más generalizada —como el software para la gestión de la cadena de suministro, las finanzas y otras áreas operativas—, y participan en Check-up Tool para mejorar la adopción de tecnologías más complejas. Otro factor podría ser que el cuestionario de la herramienta no define claramente estas tecnologías avanzadas, lo que podría dar lugar a una interpretación errónea de su alcance y a respuestas inexactas. Esto “requiere una investigación más profunda”, admite.
“Intensidad digital”
Complementariamente, el estudio midió, por un lado, la “intensidad” de la adopción y, por otro, la “madurez” digital, entendida como el “contenido tecnológico” empleado.
Clasificadas según el número de tecnologías que eligen, el 53,8% de las empresas que participan en la herramienta de evaluación digital presentan una “baja” intensidad de adopción digital (hasta tres tecnologías), es “media” (de cuatro a siete) para otro 38,9% y solo el 7,4% es “alta” (adoptan ocho o más tecnologías).
La proporción de adopción de alta intensidad aumenta a medida que crece el tamaño de las empresas.
Por otro lado, el 45,2% de las empresas participantes del Check-up Tool se encuentran en la categoría “inicial” de madurez, un 44,2% son “principiante”, y “solo el 9,8% se consideran ‘competentes’ y el 0,8% ‘avanzadas’”.
Seis de cada 10 (61%) de las mipymes con un empleado son “iniciales” y otro 35,4% están en la categoría de “principiantes”.
El mayor contraste se observa en las grandes empresas, donde 31,2% son “iniciales”, el 34,4% clasifican como “principiantes” y casi el 30% como “competentes”. También presentan el mayor porcentaje de “avanzadas”, con un 4,7%; la autora señala ese porcentaje como “considerable” comparado con el 0,86% de empresas de esa categoría en el total de la muestra.
Según la ubicación geográfica —agrupados Montevideo y Canelones por un lado, y los demás departamentos por otro—, la proporción de empresas con “baja” adopción es casi 12 puntos porcentuales menor en el área metropolitana en comparación con el resto del país.
Recomendaciones
Jaccoud interpreta que la “considerable diferencia en la adopción de tecnología digital según el tamaño de la empresa indica la necesidad de políticas adaptadas para abordar las necesidades específicas” incluso dentro del segmento de las mipymes.
Además, si bien “una proporción notable” de empresas informa haber adoptado o planear la adopción de nuevo software, la dependencia de programas relativamente sencillos “subraya la necesidad de iniciativas políticas que promuevan el uso diverso” de programas informáticos. De la mano de eso, la disposición de una parte significativa de las empresas a invertir en la capacitación del personal resalta la importancia de comprender las necesidades relacionadas con el software y la capacitación para un diseño de políticas informado.
Paralelamente, sostiene que la prevalencia relativamente baja de la adopción y las ventas de comercio electrónico entre las mipymes (28,2%), junto con el uso limitado de software relacionado con ese canal de comercialización, requiere una mayor investigación para abordar “posibles problemas subyacentes”.