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Migrantes recientes están “sobrecalificados”; uno de cada cinco trabaja en el comercio
Las ramas de actividad que concentran el trabajo de los migrantes recientes “no se condice con sus mayores niveles educativos”, en parte porque encuentran barreras en el sector público y para revalidar títulos
Si bien el fenómeno migratorio de venezolanos y cubanos —entre otras nacionalidades— es algo relativamente “novedoso” para Uruguay, no escapa de un proceso que se está manifestando en varios países de América del Sur desde hace aproximadamente una década. En el transcurso de esos años, el Instituto Nacional de Estadística se encargó de recoger una serie de datos que, aunque muestran diversos perfiles sociodemográficos, permiten sacar dos conclusiones rápidas: vienen con una alta calificación educativa y superan ampliamente los niveles de actividad de los uruguayos nativos.
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Son hallazgos que surgen del informe Inmigración reciente en Uruguay, elaborado por la Unidad Estadística del Trabajo y la Seguridad Social en conjunto con la Facultad de Ciencias Sociales, difundido el jueves 23. Constató, entre otras cosas, que dentro del universo de 107.000 inmigrantes, hay un peso mayoritario de los llegados en el quinquenio 2018-2023 en el caso de orígenes como Cuba (87%), Venezuela (71,9%), Colombia (61,6%) y República Dominicana (50%).
El último Censo del 2023 y la Encuesta Continua de Hogares difieren en su capacidad de captar determinada información, pero según surge del análisis, ambos relevamientos realizados por el INE confirman un alto nivel de calificación de los inmigrantes recientes. Un 50% de la población que llegó entre 2018 y 2023 asistió a la educación universitaria, aunque no necesariamente la culminó —proporción similar a la de quienes inmigraron entre 2012 y 2017—, mientras que solo el 16% de la población nacida en Uruguay (“nativos”) alcanzó ese nivel. En contrapartida, solo el 15% de los inmigrantes recientes tiene hasta primaria completa, frente al 28% en el caso de los uruguayos.
El informe no especificó la proporción de nivel terciario completo más allá de la población ocupada. Tomando como base únicamente a quienes tienen algún tipo de trabajo, la mitad de los inmigrantes recientes cuenta con estudios terciarios completos. Eso es casi el triple de lo observado para la población nativa (17,9%). Si se incluye a quienes llegaron a un nivel terciario pero no lo completaron, el 62,9% de los inmigrantes ocupados califican, en contraste con el 28,1% de los uruguayos ocupados.
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En el otro extremo, solo el 2,9% de los inmigrantes ocupados completó hasta primaria, frente al 15,3% de los nativos, y apenas el 4,3% completó hasta ciclo básico, frente al 14,4% de los nacidos en Uruguay.
En cuanto a la educación media superior completa (bachillerato), el 24,4% de los inmigrantes recientes ocupados alcanzó hasta ese nivel, en comparación con un 11,7% de los nativos.
Sobrecalificación
No obstante, el estudio aclara que la alta calificación no necesariamente se refleja en los sectores de actividad que ocupan. Aunque no brinda información específica por rama entre la gente con nivel terciario alcanzado, la foto general es que los inmigrantes recientes se concentran en comercio (21%), alojamiento y servicios de comida (7,6%) y transporte (7,4%), en proporciones mayores que los nativos. En servicios médicos (10,7%) e industria manufacturera (10,2%) las proporciones son similares. A su vez, la ocupación de los llegados desde el exterior en actividades profesionales, científicas y técnicas es del 4,3%, no mucho más que los uruguayos.
En informática y comunicación, una actividad que ”suele requerir población más calificada”, trabaja un 6,6% de los inmigrantes recientes, una proporción que triplica a la población nativa. Con esa salvedad, la conclusión es que la inserción por sector de los inmigrantes recientes “no condice con sus mayores niveles educativos” a causa de una “sobrecalificación” que los afecta.
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Algunas barreras concretas que lo podrían explicar tienen que ver con las restricciones para acceder a cargos en el sector público, un vínculo “más estructural” de las personas nativas con el sector primario de la economía y mayores dificultades para revalidar títulos, especialmente en la enseñanza. “Queda en evidencia la necesidad de profundizar en este sentido en próximos estudios”, advierte el informe.
En cuanto al nivel de actividad de las personas inmigrantes recientes —un 78,8%, frente a 61,8% de la población nativa—, es relevante que, según el último censo, los más altos niveles de desempleo “no se observan entre los menos educados sino entre quienes han alcanzado la educación media superior”. Ese es un patrón que no se constata entre los nacidos en Uruguay, donde el desempleo decrece conforme aumenta el nivel educativo.