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A los 50, los hombres de mejores ingresos viven 7,4 años más que los del menor decil, calcula BPS
Los servicios del Banco de Previsión Social identificaron “sesgos” en la estimación de mortalidad que producen “mecanismos de redistribución implícita regresiva”
Detrás de las tasas de mortalidad de un país, hay trasfondos socioeconómicos que los sistemas previsionales con “parámetros uniformes” —como el uruguayo— no consideran. Eso crea una serie de problemas en términos de “equidad distributiva”, como el hecho de que “los individuos de mayores ingresos tienden a percibir prestaciones durante un período más prolongado, lo que genera transferencias implícitas desde los grupos de menor esperanza de vida hacia aquellos con mayor longevidad”.
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Teniendo en cuenta que tradicionalmente la información sobre mortalidad supone solo diferenciales por sexo y edad, pero que también “las condiciones socioeconómicas influyen de manera sistemática en los riesgos de muerte”, la Asesoría General en Seguridad Social del Banco de Previsión Social (BPS) publicó la semana pasada un breve estudio sobre mortalidad en Uruguay por nivel de ingresos, y propuso la inclusión de la variable en futuras proyecciones financieras y diseños de reformas previsionales.
La fuente del análisis son los registros de alrededor de 2 millones de personas con 20 años o más de edad, cotizantes de la seguridad social (aportantes) y pasivos (jubilados, pensionistas), que se cruzaron con datos de fallecidos de la Dirección Nacional de Identificación Civil entre los años 2020 y 2024.
Los resultados se concentran únicamente en las diferencias de la esperanza de vida promedio a los 60 y 65 años y según sexo entre el 2021 y 2024, y produjeron deciles por ingresos cuyos montos no fueron especificados.
Al comparar el decil 10 de ingresos (más altos) en relación con el decil 1 (más bajos), se halló que las mujeres uruguayas de 60 años más ricas superan en 5,17 años la esperanza de vida de las más pobres. En los hombres a igual edad la diferencia es aún mayor: 7,15 años.
Cuando se contrastan esos mismos deciles para las personas de 65 años, “tanto en mujeres como en hombres el resultado muestra una mayor esperanza de vida en el último (más alto) decil de ingreso, pero a un nivel menor, siendo superior la diferencia de años de sobrevida en los hombres”, describió el estudio.
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La brecha por ingresos se cierra conforme pasan los años. Si se observan las personas de entre 50 y 70 años, las diferencias de esperanza de vida “van disminuyendo en la medida que aumenta la edad, siendo estas superiores en los hombres”. Lo mismo aplica a las brechas por sexo. Por ejemplo, a los 70 años las brechas entre mujeres y hombres son de 4,18 y 4,79 años, respectivamente.
Se deduce de las gráficas presentadas que la desigualdad más considerable es a los 50 años; a esa edad, las mujeres del decil 10 superan a las del decil 1 en 5,34 años de vida, mientras que en los hombres son 7,40 años.
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Así, los servicios del BPS confirmaron un “mecanismo de redistribución implícita regresiva”, donde los “sesgos” de estimación provocan una “subestimación” del financiamiento para las pasividades de las personas con mayores ingresos y una “sobreestimación” para los de menores ingresos. Eso también se traslada a los esquemas de capitalización individual (sistema AFAP), porque afecta “la neutralidad actuarial de los factores de conversión utilizados para transformar el saldo acumulado en una renta vitalicia (jubilación)”.