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Ministro: Paraguay es ahora como una “casa” en uno de los “barrios lindos de Punta del Este”, por su macro
El titular de la cartera de Economía, Carlos Fernández Valdovinos, afirma que se “está empezando a mirar de manera muy diferente” a su país y, refiriéndose a Uruguay, dice que “hay lugar para los dos” en el comercio y las inversiones
El ministro de Economía de Paraguay, Carlos Fernández Valdovino.
Después de mucho tiempo con su nombre lastrado por el contrabando, el narcotráfico o la inestabilidad política, Paraguay entró en años recientes en un ciclo diferente, de mayor orden macroeconómico. Se ganó la categoría de grado inversor o investment grade, y ahora su gobierno tomó la decisión de buscar entrar como miembro pleno a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un club de países avanzados o dispuestos a hacer reformas para serlo.
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El ministro de Economía paraguayo, Carlos Fernández Valdovinos, señala que estos avances han sido una construcción maratónica y colaborativa, de distintas administraciones. “Después de 22 o 23 años”, Paraguay es como una “de las casas en uno de los barrios lindos de Punta del Este. La gente ya está empezando a mirar de manera muy diferente” al país, compara, aunque admite que hay refacciones todavía en obra, por ejemplo, en materia de combate a la corrupción o de condiciones sociales.
Y refiriéndose a la posibilidad de ser un competidor de Uruguay en lo comercial y en la captación de inversiones, sostiene: “hay lugar para los dos”.
A continuación, un resumen de la entrevista que Fernández Valdovinos —un doctor en Economía por la Universidad de Chicago que antes presidió el Banco Central del Paraguay (2013-2018)— mantuvo con Búsqueda vía Zoom.
—La economía creció de manera casi continua en los últimos años a tasas promedio cercanas al 4%, la inflación ronda también el 4% y el déficit fiscal cerró el año pasado en 2% del Producto Interno Bruto (PIB). En lo macro, ¿Paraguay es actualmente la vedette sudamericana?
—En primer lugar, estuvimos haciendo bien las cosas durante mucho tiempo. Lo defino como una casa en construcción en donde cada gobierno va poniendo ladrillos. Eso nos ha permitido a esta altura, después de 22 o 23 años, tener una casa que ya podría ser una de las casas en uno de los barrios lindos de Punta del Este. La gente ya está empezando a mirar de manera muy diferente a lo que es Paraguay.
La macro es una bicicleta que, si uno permanentemente le da volantazos a la izquierda o a la derecha, termina finalmente cayéndose. En cambio, Paraguay tuvo incluso movimiento yendo a la izquierda con (Fernando) Lugo. Paraguay ha tenido consistencia.
Tenemos claro que el éxito económico no es una carrera de 100 metros, es una maratón. Ya con la maratón conseguimos el grado de inversión. Pero ahora nos queda algo mucho más desafiante, que es un Ironman: va a ser mucho más demandante de acá para adelante que Paraguay continúe teniendo un (buen) desempeño e implementando las políticas adecuadas para ese desempeño. Que nos sigan haciendo merecedores de estar en ese club exclusivo (del investment grade), y al mismo tiempo seguir teniendo los resultados macro que estamos teniendo hasta ahora.
Por otro lado, si bien de repente es odioso decir esto, la región también nos ha ayudado; un desempeño mediocre para abajo en varios países hace que la economía paraguaya, que el año pasado creció un poco más del 6% —que ya de por sí es un número muy importante—, sobresalga aún más.
—Entonces, desde la economía política, ¿la consistencia es la explicación de los avances recientes? ¿Hay una adhesión ciudadana a este tipo de políticas?
—Mi experiencia tanto en mi tiempo de gobernador del Banco Central como ahora como ministro de Economía es de que nosotros no podemos decir que somos técnicos y no trabajamos con ellos. Siempre el éxito de los diferentes gobiernos, principalmente este, que ha implementado más de 19 reformas económicas solamente en dos años y medio —grandes reformas, no chicas—, estuvo basado en un trabajo muy coordinado con el Congreso, es decir, con la clase política. No es técnicos versus políticos, sino políticos y técnicos trabajando juntos. Eso explica el hecho de que Paraguay puede implementar medidas consistentes a lo largo del tiempo. Porque hay que acordarse, por ejemplo, en lo básico nomás: el presupuesto general de gasto está aprobado por el Congreso; si no hay esa coordinación entre la parte técnica y la parte política, podés tener un presupuesto que te haga explotar toda la estabilidad macroeconómica. Y hemos evitado eso durante mucho tiempo, y mucho más con este gobierno.
En términos de economía política, ¿qué hace que la gente esté conforme con la macro o que la macro sea sostenible? Cuando toda la ciudadanía está convencida de que una inflación baja, de que un déficit fiscal controlado, o un nivel de endeudamiento bajo relativo al PIB como condición necesaria para cualquier tipo de éxito económico… La sociedad acá es muy conservadora. Es católica, entre otras características, y conservadora en términos de votar casi siempre al mismo partido político, que es un partido conservador. Y en términos de políticas macroeconómicas; acá hay grandes titulares (en la prensa) porque dicen que nuestra deuda externa acaba de pasar, marginalmente, el 40%. O sea, ¡también empiezan a discutir si no estamos quebrados porque la deuda bruta de todo el sector público alcanzó el 40% sobre el PIB, que es el nivel más bajo en toda la región! Eso es bajísimo para cualquier estándar. Pero acá somos tan conservadores que 40% ya causa alarmas.
Ministro Paraguayo2
Carlos Fernández Valdovinos
Ministerio de Economía del Paraguay
Otra anécdota. Cuando estuve de gobernador, el titular medio escandaloso de un periódico fue, tipo: “El Banco Central no alcanza su meta de inflación, la inflación se disparó”. Creo que la meta en ese año era 3,5% y el resultado de la inflación anual fue 3,7%. ¡Y tuve que salir a explicar por un 0,2% más de inflación! Es odioso cuando uno está en el cargo, pero te da un poco la pauta del éxito que tiene, o la consistencia que tiene, digamos, la política macroeconómica. Entonces, a veces la gente muy conservadora es mala para otras cosas, pero en términos macro nosotros estamos bien alineados con la sociedad. Nadie discuta acá que hay que controlar el déficit o que el Banco Central no le puede prestar al fisco para cubrir su déficit.
—El presidente Peña es economista. ¿Eso ayuda a encauzar la agenda reformista que usted mencionaba? ¿Él se involucra en la gestión cotidiana?
—No solamente ayuda, él es el capitán del equipo y sabe bien dónde jugamos cada uno de nosotros. Con él hace más de 20 años que trabajamos juntos y jugamos de memoria; su primer jefe en el Banco Central era una persona bastante antipática, pesada y demás: yo. También trabajamos en el Fondo Monetario (Internacional) y en otro momento fuimos juntos al sector privado. Entonces, las cuestiones que estuvimos discutiendo o implementando las conversamos con él durante mucho tiempo. Y él tiene toda la fuerza política para implementar de repente las cuestiones técnicas que yo le sugiero. Y eso hace que sea todo mucho más fluido.
—Algunos funcionarios del gobierno anterior y, más recientemente, varias autoridades municipales han sido sospechados de actos de corrupción. ¿Esa sigue siendo una debilidad institucional de Paraguay?
—Estamos lejos de ser el país perfecto. Y no tenemos ningún problema en hablar de nuestras fortalezas y también de nuestras debilidades. Pero no solamente hablamos; en este gobierno en particular estamos implementando medidas para atacar las debilidades que tenemos en el aspecto que menciona.
Tenemos algunas instituciones que son muy fuertes. Un Banco Central muy fuerte, el Ministerio de Economía muy fuerte. Pero tenemos cuestiones débiles también, por ejemplo, esa percepción de la corrupción. Creo que estamos muy lejos de donde merecemos estar. Pero estamos ahí. No es que simplemente protestamos. A finales del 2023, que fue al inicio del gobierno, se lanzó por primera vez la estrategia nacional de combate a la corrupción. ¿Qué es eso? Por primera vez se ponen de acuerdo el Poder Ejecutivo, el Congreso, el Poder Judicial, la Fiscalía General del Estado y la Contraloría. Se diseña un plan, que no es la bala de plata que va a acabar con toda la corrupción en Paraguay, pero es una serie de medidas que van a disminuir sustancialmente los niveles de corrupción. Son 44 medidas claramente especificadas, que se están cumpliendo; por ejemplo, se pasó una nueva ley dándole muchos poderes a la Contraloría, que es justamente la encargada de revisar todas las cuentas y después ver si existe o no algún indicio como para darle a la Fiscalía que inicie un proceso judicial contra los funcionarios públicos.
Se hizo una nueva Ley de Arbitraje. Muchos de los problemas con los contratos a veces son por el Poder Judicial, que demora demasiado en términos de ejecutar los contratos; incluso los contratos del Estado van a estar sujetos. Esto va a facilitar el rule of law en Paraguay.
Ministro Paraguayo3
El ministro Fernández Valdovino
Ministerio de Economía del Paraguay
También la creación del Registro Único Nacional. ¿Qué es esto? Uno de los grandes problemas era que Paraguay tiene 406.752 kilómetros cuadrados, pero en términos de titulación de tierra somos un país de 600.000 kilómetros cuadrados aproximadamente. Es decir, superposiciones de tierra, una corrupción enorme. ¿Y cuál era el gran problema? No había una entidad encargada del registro de las tierras, sino tres, y una burocracia enorme para cualquier tipo de transacción. ¿Y qué significa la burocracia? Corrupción. Ahora el registro de las propiedades está en una sola entidad; eso va a ser muy importante. Ya lo dijo Hernando de Soto: el principal motor del capitalismo son los derechos de propiedad.
Entonces, escuchamos lo que nos dicen, pero también atacamos muchas de las cuestiones que estamos haciendo en términos de manejo de las cosas públicas o incluso de los contratos entre privados, de manera de mejorar todos estos índices de corrupción.
—Uruguay se precia de respetar la regla del juego y de no hacer cambios bruscos en las políticas cuando cambia un partido de gobierno. ¿La estabilidad dejó de ser un diferenciador para atraer inversiones y obtener financiamiento de mercado? ¿Se transformó en un commodity, como dicen algunos?
—Desafortunadamente, no; ¿verdad? Porque, como dije antes, la región (nos) ayudó. O sea, nosotros no tenemos que dar por hecho la cuestión de la estabilidad macroeconómica. Primero, es muy difícil conseguirla, porque no es que Paraguay en tres años ya era conocido por su estabilidad. Esto fue una carrera; 22 años nos llevó salir desde la situación de default selectivo a tener grado de inversión. Es un tiempo largo y es lo que les decimos también a los amigos de Argentina, que van por el camino correcto, pero no crean que a los cuatro o cinco años van a tener ya grado de inversión. Lleva muchísimo tiempo.
No se entendió en la región y creyeron que uno puede hacer lo que quiera, pero uno puede perder fácilmente el grado de inversión. Veamos a Colombia, que era grado de inversión y lo termina perdiendo. A mí me gustan mucho las orquídeas que tengo en el patio de mi casa: una vez que conseguiste que florezca es muy bello, pero la tenés que seguir cultivando, tratando bien. Uno empieza a hacer uno o dos años de políticas que no son sostenibles y las calificadoras te van a terminar castigando. Entonces, va a continuar siendo un factor diferenciador, porque no todo el mundo está en esta situación de ese grado de inversión; son cerca de 20% los países que tienen grado de inversión.
A esto vamos a tener que seguir cultivándolo y adicionarle otras cuestiones. O, visto al revés: que tengamos el famoso 10-10-10 (alícuotas de 10% de IVA, de renta empresarial y de renta personal) en el sistema tributario, por sí solo, no era suficiente si no teníamos estabilidad. Ahora tenemos 10-10-10 y tenemos estabilidad, tenemos grado de inversión, pero van a faltar otras cosas. Por ejemplo, que un inversionista importante pueda producir y pueda tener energía suficiente para su fábrica. Paraguay es uno de los pocos países en la región que tiene exceso de energía. Entonces, ese tipo de, llamémosle, infraestructura o cuestiones adicionales a la estabilidad, van a ser importantes.
“Uno empieza a hacer uno o dos años de políticas que no son sostenibles y las calificadoras te van a terminar castigando” “Uno empieza a hacer uno o dos años de políticas que no son sostenibles y las calificadoras te van a terminar castigando”
La mano de obra, tal vez, si uno mira por los indicadores de Uruguay, está mucho mejor en términos de educación con relación a la población paraguaya. Pero la gran virtud que tiene la mano de obra paraguaya es que es altamente entrenable. Las empresas brasileñas están encontrando un país estable, un país que tiene un régimen tributario bastante atractivo, competitivo y mano de obra que puede que no tenga un grado universitario o una maestría, pero para la parte de maquila, que es para lo que ellas vienen, es altamente entrenable y su productividad es muy alta incluso a nivel mundial.
Por tanto, es cuestión de que complementemos las virtudes con más y más virtudes. No nos podemos quedar con la idea de que por haber conseguido el grado de inversión se terminó la carrera; ahora comienza el Ironman.
—¿Esas características que describe del Paraguay lo hacen un competidor directo de Uruguay en términos de captación de inversiones?
—Hay cuestiones que son similares entre ambos países. Los dos somos pequeños y, por tanto, ya por esa supervivencia decidimos muchísimo en cuanto a que tenemos que ser economías abiertas e integradas al mundo, ¿verdad? Porque el mercado doméstico, allá de menos de cuatro millones y acá de menos de siete millones, no nos va a servir para nada. Por eso en el Mercosur muchas veces estamos bastante alineados en algunas ideas.
Pero hay lugar para los dos, digamos, en el comercio mundial. Era algo que veníamos discutiendo en la cuestión de esta integración Mercosur-Unión Europea, que por fin salió después de 25 años, aunque ahora se trancó en Europa. Hay una cláusula salvaguarda en donde dice que si un país, en este caso Paraguay, con su producción afecta la producción de algunas empresas gigantescas que hay en Europa, entonces se puede hacer un análisis y puede que no tenga un acceso tan fácil. Por ejemplo, una fábrica de muebles grande acá pero pequeña con relación a lo que es IKEA, es imposible que le mueva la aguja a IKEA para bajarle 1% de su venta desde Paraguay. Bueno, yo creo que más o menos esa es la influencia que la economía de Uruguay, como Paraguay, tiene en lo que es la economía global.
De modo que no competimos directamente, aunque yo compito con mis amigos uruguayos por quién tiene la mejor carne. Ambas carnes son muy buenas y hay lugar en el mundo para que tengamos mercado suficiente para nuestras dos producciones.
—Uruguay pretende posicionarse como hub logístico regional un poco a partir de sus puertos. ¿Cuál es la aspiración de Paraguay que ahora participa en este proyecto de corredor bioceánico?
—La historia es muy muy interesante, y yo lo llamo “un cambio en la mentalidad de Paraguay”. Nosotros veíamos el mapa y decíamos: “mirá qué lejos de todo estamos. Mirá la playa qué lejos nos queda. Mirá la montaña qué lejos nos queda. Estamos en el medio de la nada”. Esa era la mentalidad anteriormente. De hecho, un gran escritor paraguayo (Augusto Roa Bastos) repetía que Paraguay era “una isla rodeada de tierra”. Después empezamos a mirar en serio el mapa y dijimos: “Nosotros no estamos lejos de todo, estamos en el corazón de Sudamérica. Tomás un vuelo de una hora cuarenta a San Pablo, una hora y veinte a Buenos Aires, un poco más de eso y tenemos Montevideo. A dos horas tenemos Santiago”. Nos dimos cuenta de que en realidad estamos en el medio de todo. Y estar en el medio de todo es tremendamente competitivo desde el punto de vista logístico.
Con los trasbordos “nos fuimos más a la Argentina, a Rosario, pero ahora estamos trabajando realmente para realmente hacer un hub en Uruguay” Con los trasbordos “nos fuimos más a la Argentina, a Rosario, pero ahora estamos trabajando realmente para realmente hacer un hub en Uruguay”
Y vimos también cuál es la forma más fácil de llevar cosas a la China desde el Atlántico o llevar las cosas a Europa desde el Pacífico. Y no era yéndose por abajo, por el canal de Magallanes y tampoco era por el canal de Panamá, un trecho larguísimo. Entonces se empezó a diseñar el corredor bioceánico.
Entonces, digamos, gracias a Dios y a la mentalidad de quienes nos llevaron a la independencia, finalmente estamos ahí, en el medio de todo, y estamos finalmente aprovechando la ubicación geográfica estratégica que tiene el Paraguay para hacer la conexión Atlántico-Pacífico. Y somos uno de los que más está avanzando en lo que es el corredor bioceánico. Todas las obras están en marcha. El proceso de integración es fundamental y va a ser mucho más importante a futuro para lo que es la economía paraguaya.
—El año pasado Montevideo perdió parte de los transbordos paraguayos. ¿Su puerto dejó de ser atractivo para Paraguay?
—No, se está trabajando ahora en cuestiones de tal manera de reactivar algunos puertos, ya sea en Argentina o en Uruguay. Salimos de Uruguay, nos fuimos más a la Argentina, a Rosario, pero ahora estamos trabajando realmente para hacer un hub en Uruguay para cargarse más lo que tiene que llegar hasta ahí y descargarse en barcos más pequeños para llegar hasta Asunción.
Paraguay está en el centro de esa cruz formada por el corredor bioceánico y por la hidrovía (Paraná-Paraguay), que para nosotros es fundamental. Tenemos todavía mucho por aprovechar de esa hidrovía porque es la forma más barata de transportar muchas cosas para Bolivia, para Mato Grosso del Sur, en Brasil. Y lógicamente vamos a seguir necesitando tener un puerto de traslado, si bien el calado de los buques puede ser mayor. Vamos a seguir necesitando trabajar de cerca con los puertos uruguayos y ahí se están haciendo inversiones para volver a reactivar el puerto que teníamos anteriormente en Nueva Palmira.
—Vuelvo a preguntarle por Paraguay, ahora sobre su realidad social. Si bien la pobreza bajó, sigue siendo relativamente alta, lo mismo que la informalidad laboral —que ronda dos tercios de los ocupados—, lo cual tiene efectos sobre la productividad. ¿Cuál es la estrategia frente a estos retos del desarrollo?
—Siempre decimos: si la política pública no llega finalmente a la gente, no es una buena política. El famoso “efecto derrame”, que le llaman algunos, demora muchas veces en llegar y muchas veces no llega a toda la población. Aunque el Paraguay crezca al 10%, una persona de 70 u 80 años no va a encontrar trabajo. Entonces, si está en situación de pobreza, el Estado tiene que complementar todo lo bueno que se hace con la macro con cuestiones de la red de protección social.
Para la gente en situación de pobreza e indigencia, se ajustó un programa creado en 2002, ahora llamado Tekoporã Mbarete, aumentando en un 25% la transferencia y la cantidad de gente que está cubierta para que coman.
En segundo lugar, había un programa para adultos mayores, pero tenía una cuestión de censo y demás, y al tener censo y burocracia —ya hablamos de eso— era básicamente corrupción. Entonces, se hizo una universalización de esta pequeña pensión y se empezó a bajar desde mayores de 90 años, y ahora estamos en 71 años. Como no tiene burocracia, es una cuestión de inscribirse. También tenemos algo que no solamente tiene impacto en términos de hoy, sino a futuro, que se llama Hambre Cero en las Escuelas, utiliza compensaciones que vienen de Brasil, de (la represa de) Itaipú, para dar tres comidas diarias del primero al sexto grado.
Son programas complementarios a la situación económica de las familias, principalmente a los menos privilegiados y quienes no tienen la oportunidad de beneficiarse de este crecimiento económico que estamos teniendo. Y, por tanto, ayuda un poco en la reducción de los niveles de pobreza que, cierto, 20% es altísimo, ¡pero era 57% en el 2002! Esa sí que no es una maratón, ha sido una doble maratón llegar a estos niveles. Estados Unidos tiene niveles de pobreza del 18%.