José Antonio Kast asumió este miércoles 11 de marzo la Presidencia de Chile en reemplazo del izquierdista Gabriel Boric, en medio de un escenario internacional marcado por tensiones económicas y geopolíticas.
El abogado y exdiputado ultraconservador José Antonio Kast, de 60 años y admirador declarado de Augusto Pinochet, asumió este 11 de marzo la Presidencia de Chile, en sintonía con el avance de liderazgos de extrema derecha en el mundo. Su llegada a La Moneda introduce una postura inédita desde el retorno a la democracia
José Antonio Kast asumió este miércoles 11 de marzo la Presidencia de Chile en reemplazo del izquierdista Gabriel Boric, en medio de un escenario internacional marcado por tensiones económicas y geopolíticas.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl país, principal productor mundial de cobre y una de las economías más relevantes de América Latina, queda ahora bajo el liderazgo de la extrema derecha por primera vez desde el retorno a la democracia.
Desde su equipo económico señalaron que, por ahora, no se prevén contingencias inmediatas, aunque evitaron detallar cómo la guerra en Medio Oriente u otros factores globales podrían impactar en la agenda económica del nuevo gobierno.
Kast llegó al poder con promesas centradas en seguridad, migración irregular y reactivación económica, tres de las principales preocupaciones del electorado.
La ceremonia de investidura se celebró en el Congreso en Valparaíso, con la presencia de varios líderes internacionales, entre ellos el rey Felipe VI de España, el presidente argentino Javier Milei y el mandatario uruguayo Yamandú Orsi.
Aunque se esperaba la asistencia de figuras de la ultraderecha mundial cercanas a Kast —como el húngaro Viktor Orbán, el salvadoreño Nayib Bukele o la italiana Giorgia Meloni— finalmente no viajaron. Tampoco lo hizo el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, que fue representado por el subsecretario Christopher Landau.
Tras la ceremonia, Kast tiene previsto dirigirse al país desde el Palacio de La Moneda, ya como el noveno presidente de la etapa democrática y el primero en reivindicar abiertamente el legado del régimen de Augusto Pinochet (1973-1990).
Kast encabezará un gabinete de 24 ministros —13 hombres y 11 mujeres— con fuerte presencia de perfiles del sector privado y del mundo académico, entre ellos dos exabogados de Augusto Pinochet.
El nuevo presidente reservó pocos cargos para su propio partido, el Republicano, y para las colectividades de la derecha tradicional que lo respaldaron en la segunda vuelta (UDI, Renovación Nacional y Evópoli), en la que se impuso con el 58 % de los votos.
Padre de nueve hijos, antiabortista y miembro del movimiento católico Schoenstatt, Kast ha prometido mano dura contra la migración irregular y la delincuencia, y asegura que no dará la “batalla cultural”.
Entre sus principales promesas figuran la construcción de un muro en la frontera norte, expulsiones masivas de migrantes, rebajas de impuestos y un recorte fiscal de 6.000 millones de dólares en 18 meses “sin tocar el gasto social”, una meta que varios economistas consideran difícil de cumplir.
Analistas advierten, además, que uno de sus principales desafíos será gestionar las altas expectativas generadas entre sus seguidores y contener la presión desde sectores aún más radicales de la derecha con presencia parlamentaria.
Kast sucede en la Presidencia al progresista Boric, quien hace cuatro años lo derrotó en las urnas y que deja La Moneda con 40 años tras haber llevado al poder a una nueva izquierda en Chile.
Pese a la distancia ideológica, el traspaso de mando avanzaba con normalidad hasta que Kast acusó a Boric de ocultarle información sobre un proyecto preliminar para construir un cable digital submarino entre Hong Kong y Chile, algo que el mandatario saliente negó.
La iniciativa generó tensiones con Estados Unidos. La administración de Donald Trump llegó a sancionar a tres funcionarios por considerar que el plan “socavaba la seguridad regional”.
En ese contexto, Kast decidió suspender la semana pasada las reuniones de transición y viajó a Miami para participar en una cumbre organizada por Trump sobre crimen organizado e influencia china en la región.
Analistas señalan que ese gesto refleja la presión que enfrenta desde sectores más radicales de la derecha. Además, el nuevo gobierno deberá moverse en un Parlamento fragmentado, donde el bloque de derecha y ultraderecha quedó a dos escaños de la mayoría y donde los votos del populista Partido de la Gente (PDG) pueden resultar decisivos.
Con EFE y Reuters
FUENTE:FRANCE24