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Las relaciones laborales se “sofisticaron” y el PIT-CNT prepara una estrategia con la “desigualdad” como eje
El movimiento sindical deja de mirar a la inflación como el único parámetro y empieza a desarrollar insumos sobre distribución del ingreso, salarios sumergidos, concentración, inteligencia artificial y género
En los últimos 30 años las negociaciones salariales entre sindicatos y empresarios tuvieron como eje central de la discusión a la inflación. A tal punto ese indicador estaba arraigado como única referencia que los dirigentes tenían una frase que se repetía en casi todas las plataformas: “IPC + 2%”. Esto aludía a igualar siempre la variación del Índice de Precios al Consumo y aspirar a un crecimiento salarial de 2% por encima.
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Desde hace algunos años las relaciones laborales se “sofisticaron” y es necesario que el movimiento sindical asuma “una mirada más amplia”, dijo el jueves 22 Milton Castellano, director del Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT, durante un encuentro con periodistas. El viraje de la estrategia apunta, aseguró, a poner en el centro “el concepto de desigualdad”.
Uruguay, que en las últimas décadas fue un país inflacionario, cambió en los últimos años esa realidad. El concepto de “desigualdad” como eje de negociación implica tener un repertorio mayor de insumos para las negociaciones. “Es un trabajo de negociación más duro, porque es más simple decir: decime cuánto fue la inflación y agregale dos puntos”, dijo Castellano.
Ese día, en la sede del PIT-CNT en la calle Jackson, el Instituto Cuesta Duarte presentó un informe sobre la participación de la masa salarial en el Producto Interno Bruto (PIB). Es uno de esos insumos que la nueva estrategia sindical quiere empezar a poner sobre la mesa. Pero hay más elementos para considerar. De hecho, la economista del instituto Alejandra Picco subrayó que el trabajo que estaban presentando “se complementa” con el informe sobre salarios sumergidos que dieron a conocer en agosto.
En la misma línea, Castellano agregó que “tecnología, inteligencia artificial, la tendencia en algunos sectores a la concentración y la mirada de género” son otras perspectivas sobre las que están desarrollando información para tener en cuenta a la hora de negociar. “Por eso empezamos a largar propuestas para salarios sumergidos, para intentar atacar los niveles de desigualdad. Cuando hicimos la campaña de la pobreza infantil, hablamos de desigualdad. Cuando hablamos del impuesto del 1% hablamos de desigualdad”, subrayó.
En particular, sobre el aporte que implica estudiar la participación de la masa salarial en el PIB, Castellano dijo que un viejo argumento empresarial es el de que primero se debe lograr que crezca la torta para luego repartir. El estudio, afirmó el dirigente, muestra que “la torta sigue creciendo y el reparto a veces llega y a veces no”.
Presentación del Instituto Cuesta Duarte de un informe sobre la participación de la masa salarial en el PIB.
PIT-CNT
Las luces
Castellano recordó que el año próximo habrá una intensa negociación salarial con casi todos los sectores de la actividad privada y también con negociación en el ámbito público. Subrayó, además, que quizás sea la última ronda de negociación colectiva de este período de gobierno.
Productividad es, según Castellano, otro de los indicadores que deberán tomar un mayor protagonismo. Sin embargo, lamentó, es un tema en el que hasta ahora no se logró “generar ningún ámbito” para dar una discusión “institucionalmente”.
El dirigente destacó como una buena noticia que el último convenio de la construcción crea “un observatorio para medir la productividad”. Ese convenio tuvo algunas particularidades más, la duración de cinco años (algo que antes era inhabitual por la inflación), y el acuerdo para la reducción de la jornada laboral.
Castellano agregó otras novedades “impensables” tiempo atrás. Por un lado hizo referencia al acuerdo entre la Cámara de Industrias y los sindicatos industriales para crear un ámbito para “analizar la realidad del sector, que está golpeado y venido a menos”. Algo similar ocurre entre la Cámara de Comercio y la Federación Uruguaya de Empleados del Comercio y los Servicios (Fuecys) que negocian un “convenio para discutir la realidad comercial” de Uruguay. También apuntó que en el Consejo Superior Tripartito se creó una comisión para estudiar la reducción de la jornada de trabajo.
“Hace un tiempo solamente nos sentábamos en una mesa y nos pegábamos unos piñazos por el salario”, dijo.
Milton Castellano, director del Instituto Cuesta Duarte.
Mauricio Zina / adhocFOTOS
Para Castellano, con la nueva realidad de la inflación los convenios de mayor extensión pueden volverse una tendencia. Al convenio a cinco años del Sindicato Único Nacional de la Construcción y Anexos (Sunca) se sumó el de los trabajadores de Terminal Cuenca del Plata en el puerto, por el mismo plazo.
“En este país hay luces que se encienden y generan rastros. Nadie va a desconocer el peso que tiene el convenio de la construcción para los trabajadores de este país. Y ahí no solo estuvo esta novedad de los cinco años sino la reducción de la jornada”, afirmó.
El informe
“La masa salarial se define como la totalidad de los ingresos que genera en la economía el trabajo asalariado, tanto del sector público como del privado. Su variación en el tiempo se explica por cambios en la cantidad de trabajadores asalariados, en las horas de trabajo y en el nivel de los salarios”, explica el informe presentado por el Instituto Cuesta Duarte. El trabajo abarca el período 1998-2025.
En 2025 la participación de la masa salarial en el PIB fue de 40,7%, esto es 12% menos que lo que representaba en 1998.
En relación con el 2024, el índice de masa salarial aumentó 0,7% en 2025, mientras que el PIB creció 1,8% en términos reales. De esa manera, la participación de la masa salarial en el PIB disminuyó 1%.
A lo largo de la serie estudiada, la participación de la masa salarial en el PIB tuvo el mayor nivel en 2001 con un 47,4% y el menor en 2003 con 36,1%. Desde 2004 comenzó un período de recuperación, que llegó a una participación de 43,1% de la masa salarial en el PIB en 2014. Posteriormente la participación volvió a disminuir, con excepción del año 2019. El punto más bajo en el período reciente se registró en 2022: una participación de 37,9% de la masa salarial en el PIB.
Para este año, el Instituto Cuesta Duarte estima que la participación de la masa salarial en el PIB “aumentaría levemente”.