El economista reconoció que regular la IA sin frenar la innovación no es sencillo, y el “temor” de que una “regulación muy restrictiva” desaliente el desarrollo de estas herramientas existe. Sin embargo, advirtió también que postergar la discusión conlleva el riesgo de que después sea “más difícil cambiar las decisiones ya tomadas”.
Da Rocha cuestionó que la regulación no esté “arriba de la mesa” actualmente en el país. “Hoy pesa más la preocupación por las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial y por la necesidad de que Uruguay no quede atrás en una tecnología que cambia rápidamente”, añadió.
Para el PIT-CNT, las reglas tienen que discutirse ahora. Da Rocha señala que Uruguay está avanzando en la adopción de estas tecnologías mientras la regulación de la IA todavía “no está del todo definida”. “La sensación que tenemos es que va a llegar la discusión de la regulación cuando ya está todo medio armado”, plantea.
Como ejemplo del uso de IA en el mercado laboral, aludió al análisis de “microgestos” durante entrevistas laborales. Aunque “la decisión final no la toma la IA sino una persona que recibe el resultado”, para la comisión eso no resuelve quién responde por esa decisión ni qué posibilidades tiene el trabajador de cuestionarla. Algo similar ocurre con la IA aplicada para decidir despidos.
Ante este tipo de herramientas, considera un problema que en Uruguay no exista un marco definido. “Eso hay que resolverlo”, dijo. Agregó que mientras no haya reglas claras, hay diferencias entre lo que está permitido en un país y en otro. “En Europa están prohibidos y aquí están permitidos, y ya se están usando”, afirmó, y calificó el hecho como “un vacío”.
En Uruguay existe una ley que desde febrero de 2025 regula el uso de sistemas automatizados en las plataformas de reparto y transporte, pero ese marco no alcanza a otros sectores.
Pablo Vignali / adhocFOTOS
Los datos y el control del trabajo
El PIT-CNT también quiere discutir qué pasa con la información de los trabajadores cuando se utilizan herramientas de IA en el trabajo: quién puede tener acceso a esos datos, para qué pueden utilizarse y dónde quedan guardados.
Da Rocha aclaró que la transparencia algorítmica “no se trata de que los trabajadores conozcan cómo funciona por dentro una herramienta de IA ni cómo está construido el algoritmo”, sino de “saber si se está utilizando, para qué y qué se hace con la información que genera” el trabajador.
“Los trabajadores tienen que saber que se está implementando una tecnología, tienen que saber para qué, tienen que saber qué se hace con su información, si tienen mecanismos de impugnación”, plantea.
Para explicar cómo se aplica esa transparencia, Da Rocha puso como ejemplo una empresa que utiliza un algoritmo para medir los tiempos de un trabajador. “El empleado debería saber que ese sistema se está utilizando y para qué, pero también debería poder cuestionar una decisión basada en sus resultados. Su uso, su implementación, su posibilidad de impugnación son cosas que queremos que queden transparentadas”, afirmó.
Da Rocha también planteó que la regulación sobre protección de datos necesita actualizarse. “Creemos que en materia de protección de datos falta mucha discusión”, sostuvo. En Uruguay existe una ley que desde febrero de 2025 regula el uso de sistemas automatizados en las plataformas de reparto y transporte, pero ese marco no alcanza a otros sectores.
El reparto de las ganancias
Más allá de cómo se regulen estos sistemas, para el economista la discusión laboral tampoco debería “quedar reducida” a la posibilidad de que la IA elimine puestos de trabajo. Sostuvo que “hasta ahora, no hay evidencia de una destrucción agregada de empleos por esta tecnología”; sí surge “con más claridad una modificación de las tareas”.
Ese cambio, según Da Rocha, puede generar un aumento de la productividad, pero eso no significa que se traduzca en mejores salarios o menos horas de trabajo. Y cita una investigación de Anders Humlum y Emilie Vestergaard realizada en Dinamarca sobre más de 25.000 trabajadores y 7.000 lugares de trabajo. El estudio encontró que algunas tareas se hicieron más productivas, pero no hubo mejoras en los salarios ni reducción en las horas trabajadas.
“Si se confirma ese aumento de productividad, nosotros queremos que parte de esa productividad vaya derramada al trabajador”, dijo. Ese es uno de los planteos que la comisión busca llevar a la negociación colectiva de 2027, con la posibilidad de que esa mejora se refleje en los salarios o en una reducción del tiempo de trabajo.
Aprender a usar la IA
La capacitación es otro de los temas que el PIT-CNT quiere llevar a la negociación colectiva. Da Rocha considera que no alcanza con enseñar a los trabajadores a sacarles más provecho a estas herramientas. “Todo el mundo está pensando en cómo sacarle el máximo jugo a ChatGPT, a Claude, a Notebook LM, eso está bien, pero una capacitación tiene que hablar también de ética, de transparencia algorítmica, soberanía y responsabilidad”, planteó.
Diferenció entre un uso común de la IA generativa y otro “en el que las herramientas empiezan a buscar información, elaborar documentos y realizar tareas con mayor autonomía”. Ahí el trabajador tiene que mantener el control. “No es una adaptación neutra. Tenés que saber que la herramienta no es neutra y, por lo tanto, requiere tu constante vigilancia”, sostuvo.
La capacitación también debería incluir qué información se entrega a estas plataformas de IA. “¿Vos le estás subiendo a ChatGPT, a Claude, información que puede ser sensible y que puede ser usada para otros fines?”, se preguntó.
Los trabajadores en la discusión
La comisión planea presentar los resultados de la encuesta a mediados de octubre. Da Rocha adelantó que el relevamiento muestra una alta exposición a la IA en tareas cognitivas, que representan más de la mitad del mercado laboral uruguayo, según su estimación. También señala una diferencia entre hombres y mujeres. “Impacta más en las mujeres que en los hombres”, indicó.
Según explica, “las mujeres ocupan una mayor proporción de las tareas cognitivas y, por eso, están más expuestas a los riesgos de la IA”. Pero hace una precisión. “Exposición y adopción no es lo mismo”, ya que, “aunque están más presentes en tareas expuestas, todavía no han adoptado estas tecnologías en la misma medida”.
Da Rocha aclara que los resultados deben leerse teniendo en cuenta cómo se realizó la encuesta, en la que participaron 1.603 trabajadores. “Se trata de un relevamiento autocompletado y no probabilístico, con sesgos que deberán ser considerados”, aclara.
Más allá de cómo se regulen estos sistemas, para el economista, la discusión laboral tampoco debería “quedar reducida” a la posibilidad de que la IA elimine puestos de trabajo. Sostiene que “hasta ahora, no hay evidencia de una destrucción agregada de empleos por esta tecnología. Lo que aparece con más claridad es una modificación de las tareas”.
Un informe del Instituto Cuesta Duarte publicado en enero ubica en 44,9% la proporción del empleo uruguayo en ocupaciones cognitivas. El porcentaje llega a 56,2% entre las mujeres ocupadas, frente a 35,3% entre los varones.
Más allá de la encuesta y de los cambios que ya se están dando en los lugares de trabajo, Da Rocha plantea que Uruguay también “debe discutir qué lugar quiere ocupar” en el desarrollo de esta tecnología en la región. Cree que puede aprovechar la experiencia que ya tiene para desarrollar políticas públicas que luego puedan aplicarse en otros países.
Para eso, entiende que es necesario reunir al Estado, las empresas, la academia y los trabajadores. “Tenés que discutirlo, tenés que articularlo, Agesic tiene que liderar un encuentro con Uruguay Innova, con el nuevo Instituto Vidart de IA, posiblemente con CUTI, pero también con el PIT-CNT”, planteó.
La comisión quiere que el movimiento sindical también forme parte de esa discusión. “Los trabajadores ¿cómo no estamos en la conversación?”, preguntó. Para el economista, quienes ya están viendo cambios en sus lugares de trabajo “deberían participar de la discusión sobre el desarrollo y el uso de estas tecnologías”.