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Mathis Wackernagel y el cambio climático: “Países que no ponen la seguridad de los recursos al centro de su programa económico están camino al suicidio”
El experto suizo Mathis Wackernagel afirma que, al tener una biocapacidad “seis veces superior al promedio mundial”, Uruguay se posiciona hoy como una potencia ambiental que debe aprender a gestionar su verdadera riqueza para no caer en la “estafa piramidal” del consumo global
El ingeniero Mathis Wackernagel durante un evento internacional.
El ingeniero suizo Mathis Wackernagel, un referente mundial en temas de sostenibilidad y cocreador del concepto de huella ecológica, plantea una tesis disruptiva: el cambio climático es solo un síntoma de un desequilibrio mayor entre la demanda humana y la capacidad de carga del planeta. Wackernagel, presidente de la Global Footprint Network —un think tank internacional sobre sustentabilidad—, advierte que la economía global opera actualmente bajo una “estafa piramidal ecológica”, en la que se toman recursos del futuro para pagar el presente, ignorando que, sin seguridad en los insumos físicos, cualquier sistema económico se encamina hacia un real “suicidio”.
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Su diagnóstico sobre Uruguay, sin embargo, es sumamente optimista. En entrevista con Búsqueda, el experto, ganador de numerosos premios internacionales, afirma que este es “uno de los países más ricos del mundo” debido a que posee una biocapacidad casi seis veces superior al promedio global, una riqueza esencial que en ocasiones se confunde con el simple ingreso monetario. Además, destaca el éxito de la matriz eléctrica uruguaya y la oportunidad única que tiene el país para posicionarse como un “prototipo” de economía regenerativa, al mismo tiempo que advierte sobre los peligros de que los precios actuales no reflejen el verdadero costo ambiental ni el valor real de la naturaleza.
—Usted suele decir que el cambio climático no es la causa principal de la crisis ambiental, sino un síntoma. ¿Cuál es, entonces, el problema de fondo y por qué todavía cuesta instalar ese enfoque en el debate público?
—Desde hace al menos 50 años el problema de fondo es la relación entre el tamaño de la humanidad y lo que estamos utilizando del planeta. Porque la biósfera nos da la vida, es nuestro hábitat; y para cada animal existe la pregunta de la capacidad de carga: qué tanta capacidad hay para mantener esa vida. Hubo un reporte bastante impresionante del Club de Roma llamado Los límites al crecimiento, que mostraba la dinámica entre la demanda humana y un planeta limitado. Entonces, el problema de fondo es que muy poca gente ve oportunidades en reconocer esa realidad. No es una parte intelectualmente complicada, pero es información que a muchos no les parece ventajosa. La información fluye en la sociedad si muestra ventajas; si muestra desventajas, la gente utiliza su cerebro para combatirla. Incluso, si ponemos más evidencia científica de que la información es real y relevante, esto la hace aún más amenazante.
Lo que hizo Uruguay, por ejemplo, al cambiar su matriz eléctrica a renovables, fue porque se mostró una ventaja económica clara. La ventaja no siempre tiene que ser económica, pero debe verse como algo que mejora la vida. En Uruguay se vio que tenía mucho sentido ser renovable porque el país no tiene energía fósil. Así se baja el riesgo país y se puede ser más barato. Algunos dicen que se ahorraron US$ 2.000 millones, y eso sin incluir los costos al planeta, porque no pagamos por los daños de la destrucción. Entonces, el tamaño de la humanidad es el problema y que la gente no ve la ventaja. Para nosotros hay dos cosas: una es que sí hay ventajas en reconocer la realidad, porque, si la reconocemos, podemos tomar mejores decisiones. Lo otro es preguntarse qué es lo más limitante físicamente para la humanidad o para las economías. Muchos hablan de diversas cosas, pero, al final, es la capacidad de la naturaleza de regenerarse lo que limita todo.
—Según cálculos de su organización, si toda la humanidad viviera como en Uruguay, no existiría sobregiro ecológico global. ¿Qué rasgos concretos del país explican ese resultado? ¿Qué políticas públicas o decisiones concretas son las que han impactado positivamente en esa posición?
—La situación es un poco más complicada. Lo que sabemos seguro es que Uruguay, por persona, tiene mucha más capacidad ecológica que el promedio del mundo: casi seis veces más. Ustedes son seis veces más ricos, ecológicamente, que el promedio mundial. Sobre cuánto se utiliza en Uruguay, ese número todavía no es tan preciso porque los países pequeños con flujos comerciales grandes tienen datos menos estables: no se sabe exactamente si algo se produce para exportar o para consumo local, o si los desechos de un procesamiento se cuentan como consumo local aunque el producto final se exporte. Por eso, los números preliminares no parecen del todo justos. Pero sí es cierto que, si todos tuvieran tanta biocapacidad como Uruguay, estaríamos mucho mejor. Sin embargo, el planeta no tiene tanto.
¿Qué hace bien Uruguay? Algunas partes son por fortuna y otras son políticas. La política impresionante de Uruguay es el cambio de la matriz eléctrica. Lo hacen muy bien comparado con otros, aunque sigan usando mucha energía fósil en otras áreas fuera de la eléctrica. Si tratamos este tema solo como “ambiente”, la gente oye “costos” y ve el ambiente como un lujo, no como lo esencial para la riqueza. Por eso digo que Uruguay es uno de los países más ricos del mundo y eso no se reconoce tanto, pero es la realidad. Actualmente, el mercado no valora tanto ese recurso (el ambiente), pero eso va a cambiar, porque las fallas de mercado son insostenibles y nos duelen a todos.
—¿Sería que los precios del mercado no reflejan el verdadero costo ambiental de los recursos?
—Algunos preguntan cuál es el valor de la naturaleza y esa no es una pregunta útil, porque puedes decir que el valor es infinito (sin ella estaríamos muertos) o que es cero (porque ya está ahí). No hay un valor divino que venga y lo dictamine. La pregunta es distinta: para no tener una falla de mercado, es decir, para que el mercado regule el uso de la naturaleza de forma sustentable, ¿qué tan alto tendría que estar el precio? En otros temas el mercado se arregla solo: si no hay panaderías, el pan se encarece, más gente abre panaderías y el precio baja. Pero con los recursos no se regula y tenemos una demanda mucho más alta de lo que físicamente se puede mantener a largo plazo. Como somos tan dependientes de los recursos, la demanda es inelástica: aunque el precio suba, la demanda no baja tanto. Con el petróleo, si la oferta baja un 1%, el precio puede subir del 3% al 10% a corto plazo, porque la gente va a comprarlo aunque sea más caro. Para los recursos es lo mismo; por eso, para reducir la demanda a un nivel sustentable, el precio tendría que ser mucho más elevado. Esa diferencia entre el precio en el que debería estar y el precio de hoy, Uruguay la pierde actualmente; es una pérdida económica directa.
—¿Cómo se manifiesta esa falla de mercado en países como Uruguay?
—Eduardo Galeano escribió el libro Las venas abiertas de América Latina sobre el sobreuso de recursos para los conquistadores o para el mundo que toma los recursos de América del Sur. Tiene una perspectiva de víctima y la gente no quiere identificarse con eso; es una historia triste en la que prefieren no pensar. Lo sabemos y no actuamos. Pero lo que decimos nosotros es al revés: es una distorsión de la realidad. En un mundo que no tiene recursos y donde ustedes tienen tantos, ¿quiénes son los fuertes? ¿Los chinos, que utilizan tres veces más de lo que tienen, o ustedes, que tienen tres veces más de lo que utilizan?
No sé cómo cambiar ese desequilibrio totalmente, pero no hemos puesto la capacidad intelectual para pensar realmente cuál es el interés de Uruguay; lo tomamos como un hecho. Estamos en un desequilibrio y el intercambio actual no les sirve; es una falla de mercado fatal. Terminar con la falla del mercado es bueno para todos. Yo vengo de Suiza, que depende de flujos de recursos que no tiene; con esta falla de mercado, es inevitable que destruyamos la fuente de recursos, lo que pone en peligro a Suiza. Entonces, la falla de mercado nos pone en peligro a todos. No es solo por egoísmo decir que los precios de Uruguay deben ser más altos, es una necesidad global, que también traerá más ventajas a corto plazo para Uruguay. Por eso la discusión es más fácil en Uruguay que en París, por ejemplo. Allí tienen más miedo y no ven la oportunidad, pero es una realidad física.
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Mathis Wackernagel durante un evento internacional.
Gentileza Mathis Wackernagel
—Usted también ha afirmado que, si todos viviéramos como en Uruguay, se frenaría la “estafa piramidal ecológica” que estamos impulsando con los recursos del planeta. ¿Por qué esa metáfora es adecuada para entender el desafío global?
—En Uruguay, la estafa piramidal es ilegal. La esencia de un sistema piramidal es que pagamos el presente utilizando el futuro; tomamos del futuro para pagar el hoy, pero lo contamos como si fuera un ingreso, cuando en realidad es robar al futuro. Ecológicamente no lo pensamos así, pero estamos viviendo de la sobreexplotación de la naturaleza y pensamos que es normal, aunque lo estemos subsidiando como sociedad. El subsidio a la energía fósil es un ejemplo: el costo de impacto de una tonelada de CO2 podría ser de US$ 200, pero nadie lo paga. Es un costo real, y, al no pagarlo, la gente que sufre las consecuencias no es compensada. Si no vemos los recursos como lo fundamental de la economía, vamos a acabar con el ingrediente más importante de la economía.
—¿Y qué riesgos identifica si Uruguay no mantiene o fortalece esas políticas ambientales en el futuro próximo?
—Ustedes son muy afortunados porque tienen muchos recursos. Tienen el lujo de sobrevivir aunque tomen malas decisiones. Pero eso no significa que no sea necesario cuidarlos. En los bancos de Suiza hay mucho oro y la gente no dice: “como tenemos tanto, dejemos las puertas abiertas”. Al contrario, cuanto más oro tienen, más lo cuidan. Tener muchos recursos les da la ventaja y la capacidad intelectual para pensar cómo manejar mejor esa riqueza. Las sociedades industriales confunden riqueza con ingresos monetarios altos. La riqueza es la capacidad de producir cosas y la fortaleza para mantenerlas; el ingreso es cuánto gano cada año, pero la riqueza puede ser tener una familia fuerte. La condición de riqueza de Uruguay es muy fuerte y no es polémico decirlo: Uruguay es rico porque posee los recursos más esenciales. Los países que solo tienen altos ingresos pero no fortaleza tienen un ingreso frágil.
—Las mediciones de huella ecológica y el día del sobregiro (una medición que marca el punto en el que la demanda de la humanidad sobre la naturaleza supera la capacidad de la biosfera para regenerar esos recursos en un año determinado) han ganado atención global. ¿Cree usted que los gobiernos, incluido el uruguayo, deberían incorporarlas formalmente en sus sistemas de planificación?
—No es que tengan una obligación o presión moral. ¿Sería ventajoso? Pienso que sí. Los países que no ponen la seguridad de los recursos al centro de su programa económico están en un camino al suicidio. No es una metáfora. Para que una sociedad tenga éxito, se necesitan dos ingredientes físicos: el acceso y la seguridad de los recursos. O los tenemos, o tenemos el dinero para comprarlos. Pero si el mundo no los tiene, no todos podrán comprar. El otro ingrediente es la confianza mutua, porque somos seres sociales; si no tenemos confianza, el costo de colaborar es alto. Con esos dos ingredientes, todo es posible.
—¿Por qué Uruguay logra retrasar su sobregiro en comparación con la media mundial y qué condiciones deberían mantenerse para no perder esa ventaja?
—Para mantener bien los recursos se necesita contabilidad, como con el dinero; así puedes elegir mejor y ver dónde habrá problemas. No es decirles qué hacer, sino que nazca del deseo nacional de entender que los recursos son importantes para la política económica. Si un país quiere tener éxito, le ayuda mucho entender su flujo de recursos. Uruguay tiene toda la capacidad intelectual para pensarlo, pero tiene que ser un deseo nacional.
—Recientemente, el gobierno uruguayo aprobó proyectos de prospección sísmica en el territorio marítimo y esto generó alarma en grupos ambientalistas y en el ámbito científico. ¿Considera que esas decisiones van a contramano de la política ambiental que intenta impulsar el país?
—Si estamos frente a un bufé con mucho chocolate, es difícil no comerlo. Para Uruguay, que importa energía fósil, encontrar energía propia tiene la tentación de dejar el dinero en el país, pero, si el país tiene claro que no hay futuro para los fósiles, esas inversiones no tendrán un horizonte a largo plazo. Si sabemos que debemos salir de la energía fósil rápidamente a nivel mundial e invertimos en explotarla, esa capacidad no tendrá valor. Además, las consecuencias serían más cambio climático y menos seguridad en los recursos biológicos. La pregunta es: ¿están invirtiendo en una economía que pueda funcionar en ese futuro? Uruguay podría ofrecer, por ejemplo, exportaciones neutrales en carbono porque tienen la capacidad de absorber más CO2 gracias a su biocapacidad. Esto sería una ventaja competitiva frente a quienes exportan a Europa incumpliendo sus políticas ambientales. Pero, si siguen el paso de la energía fósil, esa puerta se cierra. El interés económico a largo plazo es casi idéntico al interés ecológico: es la diferencia entre vivir de la destrucción o vivir de la regeneración.
—¿Cómo imagina un Uruguay verdaderamente regenerativo, es decir, que no solo minimice su impacto, sino que contribuya activamente al bienestar biológico global en la próxima década?
—Uruguay tiene muchas ventajas: recursos, instituciones políticas fuertes y claras (de las mejores 10 del mundo) y una capacidad intelectual fenomenal. Al ser un país chico, es más fácil ver el interés nacional en comparación, por ejemplo, con países grandes como Brasil. Uruguay podría ser el prototipo para cambiar la narrativa: ver la sustentabilidad no como un costo, sino como la claridad de lo que tendrá valor en el futuro.