Daniel Martínez. Foto: Nicolás Der Agopián

El precandidato del Frente Amplio reivindica su liderazgo “horizontal” y no “autoritario”, y dice que si Tabaré Vázquez eligió apoyar a Carolina Cosse en las internas, “está todo bien”

Martínez quiere replicar “la revolución” que hizo en Montevideo mientras pelea por “cada peso” en “cada lugar” del Estado

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Nº2013 - al de Marzo de 2019
entrevista de Guillermo Draper y Raúl Santopietro

Daniel Martínez dice que le gustan los desafíos. Que los busca si no los tiene, que necesita esa “adrenalina” para vivir. Aun si eso implica “tirarse a la piscina” y abandonar un buen pasar económico para dedicarse a la actividad pública. Aunque por hacerlo le digan que está loco. “¡Qué lindo hacer lo imposible!”, exclama.

Martínez está orgulloso de su gestión al frente de la Intendencia de Montevideo. Dice que iniciaron un “cambio cultural”, una “revolución”. Tan confiado está de lo que hizo, que le gustaría replicarlo en el gobierno nacional si gana las elecciones.

El precandidato presidencial por el Frente Amplio considera necesaria una “reforma del Estado”, pero no aquella “madre de todas las reformas” que prometieron Tabaré Vázquez y José Mujica. Hay que atacar “cosas puntuales”, aclara, como “lograr mucha más transversalidad, funcionamiento en equipo” y “homogeneidad de las políticas a la hora de su aplicación”.

Destaca la capacidad del gobierno de mantener la estabilidad económica en tiempos volátiles, aunque no deja de reconocer falencias que explican cierto de­sencanto en la población. El caso Sendic “golpeó” al oficialismo, dice, y admite que hay “problemas” en la seguridad y que se necesita “tener humildad para reconocer que no se hizo todo lo que se debería haber hecho”.

Martínez, un ingeniero socialista de 62 años, pidió licencia la semana pasada al cargo de intendente de Montevideo para dedicarse de lleno a la política y la primera reunión que tuvo fue con el líder del Movimiento de Participación Popular. Asegura que fue una casualidad, que también pidió encontrarse con el presidente Tabaré Vázquez, el ministro Danilo Astori y la exministra Azucena Berrutti.

A continuación, un resumen de la entrevista que Martínez mantuvo con Búsqueda.

—¿Qué le quedó pendiente de la intendencia?

—Siempre quedan temas pendientes. A mucha gente le cuesta entender lo que son los cambios culturales en las organizaciones, chicas o grandes, pero mucho más en las grandes, y nosotros lo que empezamos a liderar es un verdadero cambio cultural en la intendencia. Siempre digo que lo más importante, lo que define hacia dónde ir, es la política, pero política sin gestión está mal. Desarrollamos un proceso para que comenzara a aplicarse una tecnología de gestión llamada PMO, una herramienta de gestión desarrollada en Massachusetts que no se conocía internamente en la intendencia. Y hoy por hoy tenemos sesenta y pico de proyectos que van desde US$ 35.000 hasta US$ 70 millones, como es la Unidad de Alimentación, todos con su procedimiento basado en el sistema de gerenciamiento de proyectos. Cada proyecto tiene un líder y todos responden a él, lo cual es una revolución en la intendencia.

La limpieza era un tema que estaba muy complicado porque había muchas cosas que funcionaban muy mal y hubo una mala actitud de Adeom que quedó demostrada: durante todo un año mantuvimos limpia la ciudad y la gente decía: “Cómo cambió, qué limpia que está”. Mantuvimos la ciudad limpia después de Noche Buena y Navidad, contra todas las predicciones, y al otro día empezaron un conflicto que mantuvieron por cinco días. Ojalá tuviéramos una estructura y reglas de juego que implicaran no poner de rehenes a los ciudadanos y que el corporativismo no venciera el interés colectivo de la ciudadanía.

—¿Si hay algún problema con la basura el único responsable es Adeom?

—Es todo un proceso, obviamente…

Si durante un año, como usted dice, sin conflicto funcionaba todo bien…

—Exactamente. No digo que funcionaba perfecto. Si bien faltan cosas, hubo inversión en contenedores, hubo inversión en toda la línea. Se hizo todo para que funcionara, falta el afianzamiento organizativo.

Y tal vez no se nota tanto, pero también hicimos un gran esfuerzo en un área que tal vez estaba más complicada que limpieza: movilidad. Empezamos a trabajar con líneas locales, hay dos y va a haber seis. Son líneas de ómnibus que van a funcionar en barrios aislados, que van a dejar a la gente en puntos de intercambio para acceder a todo Montevideo. Además, hemos logrado algo que parecía una locura: con la tarjeta STM, desde el 1º de marzo del 2017 al 31 de diciembre del 2019 el boleto no va a haber aumentado. El que diga que no es un logro tiene cero en economía.

Desde la oposición cuestionan que las obras de la ciudad se están haciendo en año electoral.

—Eso lo dice gente que no entiende mucho de obra ni de funcionamiento público. Me hubiera encantado empezar antes. Aplicando un poco de razonamiento: ¿qué más hubiera querido yo que inaugurar alguna de las obras más grandes? El uso político hubiera sido inaugurar alguna obra por lo menos, pero preferimos hacer las cosas mejor aunque demoraran. En el sistema político uruguayo hay mucha gente que conoce poco de obras, y no estoy juzgando, sino que sucede simplemente porque no han trabajado en eso.

Foto: Nicolás Der Agopián

—¿Por qué usted debe ser el candidato del Frente Amplio?

—Eso que lo diga la gente, yo qué sé.

—¿Pero cómo los convence?

—La gente vota por un montón de factores, ¿no? La gente, en Uruguay, donde hay cercanía, es difícil no conocer la historia de las personas, de cada candidato. No seré perfecto, pero historia de trabajo y de compromiso con las ideas he tenido. Empecé a trabajar con 16 años. Empecé trabajando en facultad como portero y acomodador de un cine para ser coherente con mis ideas. Me casé a los 19 años, tuve hijos. Me recibí con 24 años, ya teniendo dos hijos y militando en la clandestinidad desde los 16, con un compromiso con la democracia que no era teórico, era práctico. Después hice una carrera pública y después privada. Me fui de Ancap valorado como buen ingeniero; era dirigente sindical, presidente de la Federación Ancap, miembro del Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT e iba a trabajar. Tenía hasta responsabilidades. Después en la actividad privada me fue muy bien, hice tecnología, algo que nadie hacía en ese momento. Y en política he buscado ser consecuente. Desde el Ministerio de Industria aplicamos el plan de energía, las políticas de desarrollo industrial, la promoción de las pymes tecnológicas, el apoyo al cooperativismo como forma de producción, hubo pila de cosas…

El Frente Amplio se jacta de tener un proyecto único. Entonces, ¿cuál es su ventaja comparativa en relación con los otros tres precandidatos oficialistas?

—Eso lo tiene que decidir la gente.

—¿Pero usted tiene algún énfasis?

—El 90 y pico por ciento conoce mi historia de vida. Siempre digo en broma que en política los que más contribuyeron a colectivizar mi historia personal eran los trabajadores de Ancap. Porque uno se encontraba con gente y te decían: “Pah, estuve con alguien de Ancap y ¡cómo te quieren!”, o “qué buen ingeniero que eras”. Eso es el cariño que uno despierta en el accionar, en la cotidiana.

Las propuestas la gente ya las sabe. Creo en la innovación, creo que el camino del país es dar un salto de calidad, tener un nuevo impulso. Durante el lanzamiento de la Estación del Futuro contaba que Holanda hace 15 años decidió, con pensamiento estratégico y de largo plazo, que el problema del alimento en el mundo es de largo plazo. Holanda, que es un país chiquitito, parecían locos, ¿no? Estoy seguro de que alguno les dijo por ahí que no tenían los pies en la tierra a los que desarrollaron eso. ¿Y saben en qué lugar del ranking de explotación de alimentos está hoy Holanda? Son el segundo exportador de alimentos del mundo después de Estados Unidos. Uruguay ha hecho un excelente manejo macroeconómico que nos ha dado estabilidad, ahora que eso está consolidado tenemos las condiciones para volcar recursos y dar ese salto de calidad, para capitales semillas, de riesgo. Los holandeses pusieron todo eso. Eso y el hecho de que dos de cada tres niños que nacen van a trabajar en tareas que hoy no existen, son dos ideas fuerzas que repito para que entendamos. Tenemos que entender: el mundo no es el mundo de los recursos naturales, es el mundo de inteligencia, del conocimiento que —puesto en los recursos naturales— potencia la capacidad de un país. Eso es lo que puedo ofrecer yo: dejar la vida para que eso sea posible.

Carolina Cosse ha hecho énfasis en temas similares: innovación, seguridad, generación de empleo. ¿Qué cree que lo diferencia?

—¿Pero por qué tengo que…? Nosotros tenemos un programa común.

Porque los frenteamplistas van a tener que elegir uno y esta es una oportunidad de mostrar las diferencias.

—Obviamente. Si hay coincidencias, espectacular, porque quiere decir que los dos candidatos que, según las encuestas, tienen más posibilidades, tienen una cierta coherencia en las propuestas que plantean. Después está la persona, cada uno tiene su historia y la gente evalúa con base en eso. Y bueno, los que elijan a Cosse, yo: Vamo’ arriba.

“La limpieza era un tema que estaba muy complicado porque había muchas cosas que funcionaban muy mal y hubo una mala actitud de Adeom que quedó demostrada: durante todo un año mantuvimos limpia la ciudad y la gente decía: 'Cómo cambió, qué limpia que está'”.

He tenido siempre una forma de gestión de liderazgo horizontal, que se llama por consenso, y no de liderazgo autoritario. Lo que no quiere decir no estar en los temas, porque los directores saben que dejo hacer, pero estoy en todos los temas. Es una forma de gestionar en la que creo, por personalidad y también porque es la más exitosa a nivel de gestión en el mundo. Cada uno tiene su estilo… yo nunca voy a… no me pidan que… lo que me estás pidiendo es… si coincidimos en esas cosas, bueno, aplaudo.

—¿Cree que en su forma de gestionar hay una diferencia con la de Cosse?

—No sé. Eso lo tiene que evaluar cada uno de acuerdo con la experiencia de gestión que ha tenido cada uno. Lo digo en todos lados, yo no soy comentarista de lo que hacen otros.

—¿Cómo evalúa la gestión del gobierno?

—A veces uno se olvida las tormentas y tempestades que se anunciaban si ganaba el Frente Amplio. Y no pasó nada de eso. No está todo bien lo que se ha hecho y que hay problemas ciertos: en seguridad no podemos decir que no hay problemas; en educación hay cosas para hacer, no hay duda. Pero lo que queda claro es que los indicadores —salvo que seamos marcianos y a Uruguay haya que medirlo con parámetros de Marte o de Plutón— marcan que Uruguay es un país que crece en medio de tormentas internacionales y locales, un país que ha logrado redistribuir la riqueza como nadie en América Latina, que pasó a ser el de mejor PBI per cápita de América Latina, un país que está en el ranking de democracia por encima de Estados Unidos, un país con niveles bajísimos de corrupción.

—¿Por qué, entonces, las encuestas dan tan bajo cuando se evalúa la gestión del gobierno y al Frente Amplio le da peor que cinco años atrás?

—No hemos hecho todo bien, hay cosas que nos golpearon. Todo el episodio del vicepresidente nos golpeó. Por más que hay gente del exterior que nos dice que estamos locos, nos preguntan si por eso hicieron caer a un vicepresidente. Y sí, porque no importa la cantidad, es el hecho. Y no sé si con un gobierno de otro partido hubiera pasado lo mismo.

Tenemos problemas con el tema seguridad. Es un tema estructural que tiene una pata de integración social y de convivencia descomunal, y ahora estamos enfrentándolo de un modo mucho más transversal. O sea, reprimiendo a quien hay que reprimir y recuperando la presencia del Estado y la calidad de vida de los vecinos en esos lugares donde las mafias se habían adueñado del territorio.

Había un 32%-33% de pobreza cuando asumió el Frente Amplio, hoy hay un 7,5%. Todo el sector que se podía catalogar, según estándares internacionales, como clase media obviamente que quiere más y siente que merece más y está bien. Nuestra capacidad está en tener humildad para reconocer que no se hizo todo lo que se debería haber hecho, capacidad para defender lo mucho que se ha avanzado y propuesta para ver cómo se va a dar el salto en calidad.

Usted enumeró obras e hitos de su gestión en la intendencia. Si tuviera que hacer lo mismo con este gobierno, ¿qué mencionaría?

—Creo que si bien costó la implementación y hay cuestiones para afiatar, el tema de infraestructura vial se está empezando a ver. Mantener la estabilidad macroeconómica y el crecimiento en medio del relajo que es el mundo, con una guerra comercial a nivel macro, con dos vecinos que hace años que vienen mal. Otro hito de la gestión fue haber seguido creciendo en la inversión de la educación pese a este contexto global crítico, es otro punto altísimo.

Foto: Nicolás Der Agopián

Elogió el manejo macroeconómico y hoy una de las críticas que recibe el gobierno es por el déficit de 4,3% del PBI. Además, usted hablaba de que hay que invertir más en innovación. ¿Es posible?

—Obviamente que va a haber que revisar un montón de cuentas. Uno de los problemas para lograr una disminución del gasto corriente y del gasto público, es que para hacer planes austeros uno tiene que funcionar mucho más transversalmente. La experiencia de haber elegido un gabinete en el que cuidamos mucho el perfil de la gente para trabajar en equipo, sumado a la importante presencia de mujeres con responsabilidad y de jóvenes, creo que son los tres factores que determinaron que cuando tuvimos que hacer un apriete de cinturón descomunal al comienzo del período, logramos hacerlo en equipo y sin que nadie se fuera a la banda.

—¿Eso es replicable?

—Creo que hay que aplicarlo. Diferentes ministerios se tocan y se chocan, donde tienen repetido estructuras, contrataciones y de todo un poco. Hay que concretar esa reforma del Estado en cosas puntuales, lograr mucha más transversalidad, funcionamiento en equipo, homogeneidad de las políticas a la hora de su aplicación. Y mirá que ahí no hay magia. Tengo claro que la estructura de gasto del Estado es mucho más rígida que la intendencia, obviamente, pero se trata de pelear cada peso y en cada lugar.

—¿Ese ajuste de cinturón puede implicar un ajuste fiscal?

—Hablar de ajuste fiscal me parece que es totalmente apresurado para el momento en el que estamos. Lo importante es que los sectores sean competitivos y que el esfuerzo que haga el Estado no altere las cuentas públicas ni el grado inversor. Habrá que estudiar caso a caso, nosotros venimos trabajando en eso. Estamos lejos de decir que estamos en condiciones de ajustes fiscales globales. Estoy más para estudiar sector por sector cómo podemos ayudar a mejorar la competitividad que medidas globales, porque las medidas globales, generalmente, ayudan a unos y complican a otros.

—¿Pero un ajuste del cinturón es posible en el próximo gobierno?

—Hay que ser austero hasta en el momento de comprar el papel para la impresora. La austeridad y la rigurosidad del gasto es algo de todos los días; sé que el gobierno ha hecho un esfuerzo gigantesco y tenemos que continuarlo y hacer más.

Usted habló de la reforma del Estado, que en los gobiernos del Frente Amplio era calificada como “la madre de todas las reformas”.

—Yo no hablé de la madre de todas las reformas, prefiero no decirlo. Lo que espero es generar hechos que avancen hacia ello, porque no tengo dudas de que un Estado diferente es determinante para esta nueva época.

“Tenemos problemas con el tema seguridad. Es un tema estructural que tiene una pata de integración social y de convivencia descomunal, y ahora estamos enfrentándolo de un modo mucho más transversal. O sea, reprimiendo a quien hay que reprimir”.

—Pidió licencia la semana pasada para dedicarse de lleno a la campaña y su primera reunión de perfil alto fue con Mujica. ¿Por qué?

—Pedimos reunión a Tabaré, Danilo, Pepe y Azucena Berrutti. La gente que ha tenido experiencia tiene algo que aportar. La historia de la izquierda del Uruguay ha estado marcada en los últimos 30 años por tres personas: Vázquez, Astori y Mujica, ponelos en el orden que quieras, y me pareció importante hablar con los tres. Uno se nutre, escucha puntos de vista.

—¿Firmaron la paz con Mujica?

—No. Mujica lo dice públicamente: “mi problema no es con Daniel Martínez, yo al que no quiero es al Partido Socialista”. Yo no busco pelearme con nadie, estás loco. No gasto tiempo. ¡Pucha, si tendría para atacar y contestar cuestiones! Pero mi actitud ha sido no gastar un minuto en responder y envenenarme el alma con fake news y ataques. Nunca.

—¿Con Vázquez coordinó su reunión?

—Sí, quedó para el lunes.

A nivel político hay una percepción de que Vázquez y parte del gabinete tienen candidata y es Cosse.

—Puede ser, yo qué sé. Está todo bien. Y si es así, está en todo su derecho. No voy a juzgar a ningún compañero por quién apoye.

Bueno, usted mencionaba al pasar lo que le dijo Rossi de mantener los “pies en la tierra” cuando propuso la Estación del Futuro.

—Eso fue una broma.

Pareciera que están entrando en la cancha a jugar.

—En mi vida me he tirado al agua una cantidad de veces, en la política y en la actividad privada mucho más. He tomado decisiones por las que me decían que estaba loco, y yo les decía que enfrentarme a esos desafíos que parecían imposibles me generaba adrenalina. ¡Qué lindo hacer lo imposible! Los desafíos me generan adrenalina, si no tengo un desafío es como que lo busco. Es en parte la esencia misma de buscar la excelencia, de buscar qué se hace mejor. El Uruguay tiene que empezar a pensar así, sino estamos fritos. Independientemente de quién gobierne, necesitamos un país que acepte más los desafíos, el emprendedurismo y la innovación. Que entienda que se acabó el mundo de la tranquilidad y la paz, que el mundo está cambiando a gran velocidad. Lo que es la revolución de la inteligencia artificial, de la robótica, de los nuevos materiales, de la gestión diferente, o sea, estamos en un mundo que va a cambiar todos los días. Entonces, o dormimos la siesta o nos adaptamos. Dormir la siesta es morir. Lo que no cambia, no mejora, retrocede en este mundo. Por lo tanto, déjenme tener esa forma de actuar y de pensar como paradigma.

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