Adam Driver y John David Washington

El infiltrado del KKKlan, de Spike Lee

Policía blanco, policía negro

4min
Nº1994 - al de Noviembre de 2018
Juan Andrés Ferreira

En la década de 1970, Ron Stallworth fue el primer detective negro en la historia del Departamento de Policía de Colorado Springs. Y no solo eso. También fue miembro del Ku Klux Klan. Y todo se dio medio de casualidad. Leía el diario cuando encontró un aviso clasificado dirigido a quienes estuvieran interesados en recibir información del KKK. Se puso en contacto con la organización haciéndose pasar por un racista extremista y, charla va, charla viene, pronto fue invitado a ser parte del grupo. Lo curioso es que cometió la torpeza de presentarse con su verdadero nombre. Aun así llegó a cultivar una relación de cercana y privilegiada correspondencia telefónica con el Gran Líder del Klan, David Duke, político de extrema derecha que, desde el primer momento, quedó encandilado con la retórica segregacionista de Stallworth. Así las cosas, cuando tuvo que encontrarse con los miembros cara a cara, un oficial (blanco, faltaba más) se hizo pasar por Stallworth. De esta forma la Policía arruinó los planes de ataque que venía cocinando el entonces renacido KKK.

La historia es tan delirante y extraordinaria que, de ser ficción, sería inverosímil. La experiencia quedó registrada en Black Klansman: A Memoir, libro del propio Stallworth­ y es lo que sirvió de base para el realizador y activista estadounidense Spike Lee.

El director de Haz lo correcto reconstruye esta extravagante misión y los extravagantes personajes involucrados en ambos bandos introduciendo algunas muy ligeras variantes; variantes que, de hecho, no interfieren en la dimensión delirante de la historia sino que condimentan un poco la tensión y agilizan otro tanto la narración. El primer contacto del policía negro con los miembros de la hermandad blanca fue por carta; las conversaciones llegaron después. En el libro se reservan las identidades de otros policías que intervinieron (hubo otro blanco que también se infiltró), en especial la de uno al que llama “Chuck”, el encargado de poner el cuerpo en las reuniones. En el filme el policía recibe el nombre de Flip y, para salpimentar, es judío, por lo que el trabajo de ocultación es doble. El personaje de Patrice, interés amoroso del protagonista, es ficticio, aunque se basa en una joven que Stallworth menciona en sus memorias. La creación de Patrice le permite a Lee y sus guionistas ilustrar con mayor profundidad la situación que el joven policía tuvo que encarar: habitante entre dos mundos, Stallworth­ era “demasiado negro” para la mayoría de sus compañeros, los oficiales blancos, y “demasiado azul” para sus hermanos negros, lo que incluye a Patrice, miembro de la Unión de Estudiantes Afroamericanos de Colorado. Otros detalles asombrosos que parecen irreales (y que no van a ser revelados aquí) sucedieron.

Stallworth el intrépido es interpretado por John David Washington, que había debutado en la actuación con Malcolm X, del mismo director. Flip lleva el cuerpo y la voz del joven gigante Adam Driver (Kylo Ren en la nueva saga de Star Wars, Paterson en Paterson), cómodo en el papel de un agente caminando en la cuerda floja. Washington está notable como policía recto, proactivo y canchero; que su Stallworth­ sea intachable, que no se le encuentre una sola fisura, una sombra, no es problema de él sino de Lee, para quien la sutileza no es una opción, como lo demuestra al insistir con algunas analogías, tiros por elevación o alusiones directas al fenómeno Donald Trump.

De cualquier manera, El infiltrado del KKKlan es una de esas buenas películas de época que dialogan con el presente. Es el regreso de lo mejor de Lee. Y lo mejor de Lee está en esos encuadres, en el ritmo, en la elección de la música, en el casting y en la dirección de actores (y en la aparición de Alec Baldwin), en el uso del color, en el humor y en la notable ambientación. Está desde las secuencias iniciales, en la entrevista del oficial con sus futuros jefes, en sus trabajos en el archivo, en el discurso de Stokely Carmichael al que asiste Stallworth en una de sus primeras misiones. Está en esa narración de acciones paralelas entre lo que ocurre durante un ritual de iniciación del KKK (con proyección de El nacimiento de una nación) y la charla de un veterano Jerome Turner (Harry Belafonte) en la que relata un hecho salvajemente real, el linchamiento del joven Jesse Washington a principios del siglo XX, que parece increíble.

Stallworth logró lo que logró en buena medida gracias a su ideal de justicia, su espíritu inquieto, su astucia, su capacidad para imitar acentos y modismos y sus dotes para la improvisación. Cuando se cerró la investigación, los superiores le ordenaron que quemara todos los documentos. Así se hizo. Aunque él conserva un pequeño souvenir: la tarjeta que lo acredita como miembro del Ku Klux Klan.

El infiltrado del KKKlan (BlacKkKlan­sman). EE.UU., 2018. Dirección: Spike Lee. Guion: Charlie Wachtel, David Rabinowitz, Kevin Willmott y Spike Lee a partir de Black Klansman, de Ron Stallworth. Con John David Washington, Adam Driver, Topher Grace, Laura Harrier, Ryan Eggold, Jasper Pääkkönen. Duración: 134 minutos.

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