En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Una forma de conocer un poco más a Uruguay es a través de su fútbol. Pocas actividades son tan representativas de la idiosincrasia nacional y tan reveladoras de las distintas etapas por las que ha pasado el país a lo largo de su historia reciente
Una forma de conocer un poco más a Uruguay es a través de su fútbol. Pocas actividades son tan representativas de la idiosincrasia nacional y tan reveladoras de las distintas etapas por las que ha pasado el país a lo largo de su historia reciente. A su vez, ningún otro deporte moviliza de la misma forma a los uruguayos.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Dice la sabiduría popular que aquí hay tres millones de directores técnicos. Todos tienen algo para decir sobre el desempeño futbolístico de sus equipos y muy especialmente de la selección uruguaya. También sostienen algunos historiadores que de las glorias deportivas, especialmente en la primera mitad del siglo XX, vienen algunas de las explicaciones de la identidad nacional.
Aquello de “uruguayos campeones”, que tanto se recita en el cancionero popular, surge en épocas de gloria del fútbol local, campeón del mundo en cuatro oportunidades en las primeras décadas en las que se realizaron esos torneos. La epopeya deportiva sirvió para construir esa idea de que un pequeño país se podía enfrentar a gigantes y salir triunfante, con el impulso de todos sus habitantes.
También en la segunda mitad del siglo XX hubo triunfos históricos, tanto de la selección uruguaya como de los principales equipos del fútbol local. El orgullo por el nivel de los uruguayos en la competencia internacional de ese deporte siguió intacto, y la atención se mantuvo constante o hasta en aumento con la llegada de los partidos televisados.
Eran otros tiempos, otro Uruguay. La violencia extrema todavía se mantenía muy lejos de las tribunas y de las canchas. En realidad, ir a presenciar un espectáculo deportivo era todavía una fiesta compartida por casi toda la familia. En una misma tribuna convivían los hinchas de los distintos equipos sin ningún tipo de problemas. Al contrario, era frecuente ir al estadio y presenciar un clásico con una persona simpatizante del equipo rival.
Es más, en la tribuna Ámsterdam se ubicaban las entonces “barras bravas”, pero cada una a uno de los costados y convivían sin mayores incidentes. Unos cantaban sus canciones y los otros las opuestas sin recurrir a la violencia como forma de relacionarse. Era parte del paisaje del Estadio Centenario, así se veía su tribuna más popular.
La tribuna Olímpica era la de las familias y la de la clase media. La más grande en cuanto a capacidad y la más uruguaya de todas. Un símbolo de un país integrado, que estaba dispuesto a convivir en un mismo espacio para disfrutar de un espectáculo deportivo, por más que los que se enfrentaran en el campo de juego fueran Nacional y Peñarol, los dos equipos principales y rivales históricos.
Pero en la última década del siglo pasado y las primeras dos de este hubo muchos eventos negativos. Primero se separaron las hinchadas. Peñarol para la tribuna Ámsterdam y Nacional para la Colombes. Imposible que pudieran convivir porque cambió la forma de alentar y los gritos pasaron a ser de guerra. Después fueron las acciones. El objetivo de las hinchadas era agredir al otro de alguna forma. Y ese clima beligerante y destructivo se hizo contagioso y se trasladó a la Olímpica. Entonces, ahí también se terminó la convivencia. No más tribuna de la familia ni grupos de amigos de distintos equipos ni convivencia pacífica. En el medio de las parcialidades que iban a la Olímpica hubo que colocar un “pulmón” para separar a los ejércitos en batalla.
Tampoco eso fue suficiente. Este año el campeonato uruguayo se definió entre los dos grandes, Nacional y Peñarol, como ocurrió decenas de veces en el pasado. Pero por primera vez fue sin hinchadas visitantes. Cada cual jugó una vez de local en su estadio, sin nadie alentando al equipo adversario. Imposible que se vean las caras desde las tribunas enfrentadas. Ni eso se puede ya.
Uruguay está quebrado y lo está mostrando a través de uno de sus elementos más representativos: el fútbol. Solo recuerdos quedan de aquella tribuna Olímpica como símbolo de un país integrado y pacífico. Sigue allí, sobre su último anillo, la Torre de los Homenajes para los campeones mundiales de 1924 y 1928. Debería sumar un nuevo piso en honor a lo que supimos ser, todos juntos, hace apenas unas décadas alrededor de nuestro principal espectáculo deportivo. Un lástima que lo hayamos perdido.