En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
El mundo tiene menos democracias que autocracias por primera vez en más de 20 años; las democracias liberales se han convertido en el tipo de régimen menos común
El lunes 15 se conmemoró el Día Internacional de la Democracia. Esta fecha nos ofrece una excelente oportunidad para repasar datos, tendencias, problemas y desafíos de la democracia. Hay mucha información disponible gracias a la combinación de esfuerzos de distintas instituciones y redes de expertos. Me voy a detener en las conclusiones que me parecen más interesantes de cuatro de ellos, elaborados por IDEA Internacional, V-Dem, EIU y Latinobarómetro. Todos están disponibles en línea.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Acaba de aparecer The Global State of Democracy 2025, elaborado por IDEA Internacional, una ONG con sede en Estocolmo fundada en 1995 con la misión de promover la democracia en el mundo. Dice textualmente: “Las tendencias generales muestran que la democracia sigue debilitándose en todo el mundo. En 2024, 94 países —el 54% de los evaluados— experimentaron un descenso en al menos un factor de desempeño democrático en comparación con su propio desempeño exhibido cinco años antes. Por el contrario (o en contraste), tan solo 55 países (el 32%) avanzaron en al menos un factor en el mismo período”. Asimismo, el informe señala que la dimensión de la democracia con peor desempeño es el Estado de derecho. No es difícil suscribir esta conclusión cuando se piensa en los procesos recientes de países tan distintos como EE.UU. y El Salvador, en los que presidentes electos popularmente se las ingenian para eludir de modo sistemático restricciones legales.
En marzo de este año, la sede América Latina del Instituto V-Dem publicó el Informe sobre la Democracia 2025: 25 años de autocratización: ¿democracia truncada? Las conclusiones de este trabajo van en la misma dirección que las de IDEA. Puede leerse: “Si observamos el panorama político del año 2024, podemos advertir que nos encontramos en los peores niveles democráticos en los últimos 25 años. Como detallamos y analizamos a continuación, la tendencia de la ‘tercera ola de autocratización’ se está profundizando y extendiendo. Esto incluye el debilitamiento de la democracia en algunas democracias liberales establecidas, la ruptura de la democracia en países que fueron democráticos durante la mayor parte del siglo XXI, así como la profundización de la autocracia en Estados ya autocráticos”. Presentan muchos datos que respaldan esta conclusión. El mundo tiene menos democracias que autocracias por primera vez en más de 20 años. Las democracias liberales se han convertido en el tipo de régimen menos común. Casi tres de cada cuatro personas en el mundo viven ahora en autocracias. La tercera ola de la autocratización, después de 25 años, sigue en aumento.
En febrero de 2025, Economist Intelligence Unit publicó Democracy index report: World. El informe sostiene que “la democracia no está funcionando”. Y pone el acento, en términos analíticos, en la crisis de representación y uno de sus corolarios, el avance del populismo: “El auge de las alternativas políticas populistas en la última década refleja un problema con los partidos mayoritarios que han estado en el poder durante los últimos 75 años y los sistemas políticos que han desarrollado. No hay nada antidemocrático en que los nuevos partidos antisistema desafíen el statu quo, siempre que lo hagan por medios democráticos. Puede que no parezcan tener todas las respuestas a los problemas acuciantes de nuestro tiempo, pero al menos conectan con sectores marginados del electorado y satisfacen la demanda de representación de los ciudadanos que sienten que no tienen voz” (la traducción me corresponde).
Combinados los tres informes, el panorama global no podría ser más inquietante: debilitamiento de la democracia y del Estado de derecho (IDEA), persistencia de la tendencia a la autocratización (V-Dem), crisis de la representación y avance del populismo (EIU). A esto hay que agregar que informes previos de estas instituciones señalaron que la tendencia a la polarización forma parte de la crisis global de la democracia. En términos de V-Dem, cuando la polarización se vuelve “tóxica”, es decir, cuando se instala la lógica amigo-enemigo entre grupos distintos, pasamos de la “grieta” al abismo, de la lógica de la política (gestionar diferencias) a la lógica de la guerra (destruir al otro).
El último informe de la Corporación Latinobarómetro (2024) aporta información de alto interés sobre nuestra región. Apenas 52% de los latinoamericanos prefieren la democracia a “cualquier otra forma de gobierno” (Argentina y Uruguay encabezan este ranking). El 25% son indiferentes: les da lo mismo un régimen democrático que uno no democrático. El 16% dice que “en algunas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático”. El apoyo disminuye con la edad, y aumenta con el nivel socioeconómico de los encuestados. Los más jóvenes y los más pobres son los más desencantados.
De todos modos, apoyar la democracia no quiere decir estar satisfecho: dos de cada tres latinoamericanos están insatisfechos. La insatisfacción, dicho sea de paso, es crónica: “Con la excepción de Uruguay, los ciudadanos de la región han estado insatisfechos desde hace 30 años con sus democracias”. La insatisfacción crónica tiene un corolario tremendo: viene creciendo el porcentaje de latinoamericanos que manifiesta que “no le importaría que un gobierno no democrático llegue al poder si resuelve los problemas” (44% en 2002, 53% en 2024). Otra pregunta del informe es altamente reveladora de lo que sienten los latinoamericanos en relación con la política: siete de cada diez considera que su país “está gobernado por unos cuantos grupos poderosos en su propio beneficio” y no “para el bien de todo el pueblo”. En términos de Aristóteles: la mayoría de los ciudadanos de América Latina considera que vive en oligarquías “gobernadas por los ricos” y no en repúblicas.
En ese contexto, global y regional, la democracia uruguaya sigue brillando. En todos los informes se señala el caso uruguayo como “desviado” de las tendencias generales. No son pocos ni menores nuestros méritos como comunidad de práctica democrática. Podemos sentirnos orgullosos, por ejemplo, de tener elecciones limpias, partidos vibrantes y comparativamente bajos niveles de polarización afectiva. Pero todo lo que pasa en el mundo, tarde o temprano, termina pasando en Uruguay. Ya lo sabemos. Ya lo vivimos. Por eso tenemos la obligación de prestar atención a las luces amarillas y de revisar, de modo sistemático, nuestras prácticas e instituciones.