En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Tarde o temprano, la realidad se terminará imponiendo; la mezcla se hace inevitable porque la sociedad uruguaya ya está infiltrada por decenas de miles de extranjeros, con otras costumbres y con ganas de avanzar hacia un futuro conjunto con los locales
Durante las primeras décadas de cada siglo, en Uruguay suceden acontecimientos importantes, de esos que marcan la historia. No son tantos los inicios de centenarios de los que se llevan registros en estas tierras al oriente del río que le da nombre. Tres, para ser más precisos. El del siglo XIX, cuando todavía era la Banda Oriental bajo el dominio español, pero con una revolución libertadora en marcha; el del XX, con un país que se comenzaba a consolidar, reformar y fortalecer luego de muchas guerras civiles; y el del XXI, con sucesivos cambios de orientación ideológica en el gobierno.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
El historiador Leonardo Borges analiza en su libro Los tres Pepes cómo tres personas llamadas José —Artigas, Batlle y Ordóñez y Mujica— fueron artífices de los comienzos de los siglos XIX, XX y XXI, respectivamente, y contribuyeron a dejar su impronta y construir una identidad distinta entre los uruguayos.
La comparación es provocativa y un tanto arriesgada. De todas formas, no deja de ser relevante y atendible, teniendo en cuenta que los tres mencionados fueron líderes muy populares y llegaron a los máximos lugares del poder político en sus respectivos momentos. Pero, más allá del peso o no de esas figuras, hay algo que también une a esos tres comienzos de siglo: las oleadas de inmigrantes. Así se hizo y se sigue haciendo Uruguay.
La diferencia central es que, mientras la primera y la segunda mezcla de distintas culturas a través de la migración son reivindicadas y puestas en el centro del progreso, la tercera pasa mucho más desapercibida y todavía no es considerada como un punto de quiebre. Al contrario, según algunos sondeos de opinión pública recientes, es vista con cierta resistencia y hasta con rechazo por una parte importante de la población.
A principios del siglo XIX fue Artigas el que trató de unir bajo una sola bandera a grupos muy distintos entre sí, entre los que se encontraban europeos, criollos, indígenas, negros y mulatos. Su idea siempre fue forjar una nacionalidad, al estilo de lo que estaba ocurriendo en otras partes de la región. Con Batlle y Ordóñez, los que se fueron integrando a la sociedad uruguaya fueron los inmigrantes españoles e italianos, principalmente, que bajaron por decenas de miles de los barcos a fines del siglo XIX y principios del XX.
Pues, si se tienen en cuenta las cifras conocidas en los últimos meses, fue principalmente durante el gobierno de Mujica que se profundizó otra gran oleada de inmigrantes, pero esta vez de países de América Latina. Durante su gobierno, el expresidente tupamaro realizó una apuesta significativa para atraer extranjeros a Uruguay mediante distintos beneficios, pero algunas de sus jugadas quedaron por el camino. Sin embargo, otras sí dieron resultados y fueron continuadas por los demás gobiernos.
En los hechos, el último censo de población, realizado en 2023, muestra que el único motivo por el cual aumentaron los habitantes de Uruguay es por los inmigrantes, que empezaron a crecer en forma explosiva desde 2013, al mediar la administración de Mujica. Ese sondeo registró que la lista de extranjeros viviendo en Uruguay alcanzaba 107.953 personas hace dos años y, por estimaciones posteriores, la cifra actual asciende a alrededor de 125.100.
Entre los extranjeros instalados en Uruguay, los más numerosos son los argentinos (32.027 personas), seguidos por los venezolanos (16.179), cubanos (11.862), brasileños (10.766), españoles (8.211) y estadounidenses (3.095). Luego se suma una larga lista de más de 30 países. La mitad de esos inmigrantes llegaron a partir de 2011.
No es casualidad. Durante los últimos 15 años, Uruguay volvió a ofrecer una nueva frontera de oportunidades a personas provenientes de países con graves problemas políticos y económicos. Como había ocurrido a principios de los dos siglos anteriores, la penillanura levemente ondulada, que sigue permaneciendo muy poco habitada, se transformó en un destino predilecto para quienes huían de la pobreza, de la represión o de la persecución ideológica y la falta de libertades.
Una nota publicada por Búsqueda el 8 de enero, basada en un análisis del área de Investigaciones Económicas y Financieras del Banco de Previsión Social (BPS), informó que, entre 2017 y 2025, el promedio mensual de puestos cotizantes de extranjeros aumentó 69,1%. Al cierre de 2024 eran 86.235, equivalentes al 5,6% del total de ocupados formales inscriptos en el BPS.
Sobre sus ingresos, hay mucha disparidad según el país de origen, lo que también habla mucho de los uruguayos. Según informa la nota, “en un extremo se encuentran los nacidos en Argentina y España, con sueldos promedio en el entorno de los $ 73.000, y, en el otro, República Dominicana, con $ 28.000. Ese último país muestra puestos altamente feminizados (68%). Otros países con incidencia en los deciles salariales altos son Estados Unidos y Colombia, mientras que en los deciles bajos figuran también Cuba, Perú y Paraguay”.
Todo un nuevo panorama en muy pocos años. Muchas culturas que se suman a la local, poco acostumbrada a la diversidad. Una verdadera revolución silenciosa en gestación. Porque de la mezcla y la diferencia surgen los cambios culturales más interesantes. Así lo muestra la historia uruguaya.
El problema es que hace muchas décadas que eso no ocurría. Al contrario, durante toda la segunda mitad del siglo XX y los inicios del siglo XXI Uruguay fue un país de emigrantes. Los que se fueron suman cientos de miles y los que venían a instalarse eran muy pocos. Así se fue transformando en una sociedad conservadora, con baja tolerancia a lo distinto y monocromática. Esa resistencia a las culturas exógenas todavía sigue existiendo en una parte importante de la población, pero está perdiendo la pelea cotidiana.
Tarde o temprano, la realidad se terminará imponiendo. La mezcla se hace inevitable porque la sociedad uruguaya ya está infiltrada por decenas de miles de extranjeros, con otras costumbres y con ganas de avanzar hacia un futuro conjunto con los locales. Por eso, quizás esta primera etapa del siglo XXI termine siendo parecida a la del XX y a la del XIX con respecto a la conformación de una nueva sociedad, mucho más diversa e integrada. Sería una muy buena noticia que así sea.