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    La voluntad del pueblo, si piensa como yo

    No es admisible plantear que hay que volver a plebiscitar una iniciativa o no de acuerdo con lo que nos gusta; coherencia; la gente no es tonta

    Columnista de Búsqueda

    Hay una frase que estamos acostumbradísimos a escuchar cada vez que un político, una organización o un partido plantea cambiar una decisión que no tuvo los votos necesarios en una consulta popular. Porque, fíjense, por lo general es así: no es que la ciudadanía haya votado en contra de algo. Simplemente no lo apoyó. Es sutil, pero no es lo mismo.

    Pero vamos a la frase: “Le están pasando por arriba a la decisión del pueblo”. Esa, palabras más, palabras menos, es la afirmación que se repite casi permanentemente. Pero fíjense también que, por lo general, quien la dice se opone a lo que se está queriendo cambiar, porque, cuando desde sus propios intereses o deseos ocurre lo mismo, la voluntad del pueblo deja de ser importante.

    Tenemos dos ejemplos bien claros de los últimos días. Podemos empezar con la vieja y querida disputa por las AFAP. No hace falta ir muy atrás en el tiempo para recordar cuándo comenzó a gestarse la idea del plebiscito para, entre otras cosas, eliminar las AFAP. Ese plebiscito pretendía reformar la Constitución y, además de eliminar estos fondos de ahorro individual, proponía establecer la jubilación a los 60 años e igualar las jubilaciones mínimas al salario mínimo nacional. Y ese plebiscito, que se realizó junto a las elecciones de 2024, no prosperó porque no alcanzó el 50% de los votos, como se requiere. Acá hay, como en otras situaciones, un matiz importante. Había una sola papeleta, la del Sí, la que apoyaba esta medida. No había una papeleta para oponerse. El que no estaba de acuerdo con la propuesta, simplemente no la votaba. Es un matiz, pero es importante cuando se dice que “la gente le dijo que no” a una propuesta de plebiscito. Sí, indirectamente le dijo que no, pero ya sabemos por experiencias anteriores que este tipo de propuestas, cuando tienen una división marcada en la sociedad, no prosperan. En el momento de entrar al cuarto secreto, se piensa en el voto al presidente, al partido que cada uno elige y, con suerte, al sector político. El resto queda totalmente en segundo plano, y por eso también es que muchas iniciativas de este tipo no llegan a los votos. Con los allanamientos nocturnos pasó algo similar, pero ya vamos a ir ahí.

    Sigamos con las AFAP. En las elecciones no se llegó a los votos necesarios. El actual gobierno, que estaba dividido y había sectores que lo apoyaban y otros que decididamente no, resolvió que el tema se abordaría en el Diálogo Social y que, eventualmente, se presentarían proyectos de ley sobre estos asuntos. Así fue. El diálogo hizo recomendaciones, el gobierno, después de algunas idas y vueltas, optó por mantener las AFAP en un formato similar al existente y el PIT-CNT, principal impulsor de la eliminación de las administradoras, lo acusó de no respetar los acuerdos. ¿Paso siguiente? Resurge la idea de relanzar un plebiscito para eliminar las AFAP. Escándalo. ¿Cómo, si el pueblo ya dijo que no? Se pasan la voluntad de la gente por las partes, no respetan el mandato popular, y así sin fin.

    Pero ¿qué pasó casi inmediatamente? Se vuelve a lanzar por parte de algunos dirigentes de la oposición la idea de impulsar los allanamientos nocturnos ante la situación de inseguridad brutal que vive nuestro país. Es una medida que tiene sus beneficios y sus complejidades, pero analizarla nunca está de más. Entiendo que, siempre que las cosas puedan ayudar a mejorar la situación de vida de todos, hay que estudiarlas a fondo las veces que sea necesario. Pero entonces, ¿la voluntad del pueblo, que no apoyó esta iniciativa en dos oportunidades, no cuenta? ¿Cuenta para las AFAP, pero no para los allanamientos? Y al revés, para quienes dicen que lo de los allanamientos ya se laudó. ¿Lo de las AFAP sí está bien plebiscitarlo y lo de los allanamientos no? Pónganse de acuerdo, muchachos. Hay más ejemplos, como la baja en la edad de imputabilidad, el voto en el exterior, la ley de caducidad, pero creo que estos son bien claros y actuales.

    No es admisible plantear que hay que volver a plebiscitar una iniciativa o no de acuerdo con lo que nos gusta. Coherencia. La gente no es tonta.

    Quizás podamos pensar alternativas. Por ejemplo, quizás sería bueno que los plebiscitos también tuvieran una papeleta por el No. De esa forma, sería más real el poder asegurar que “la ciudadanía laudó”. Algunas otras medidas también pueden servir. Cuando se convoca una consulta popular de este tipo, que implica modificar la Constitución, si no se alcanzan los votos necesarios, podría transcurrir un determinado tiempo antes de que vuelva a plantearse. Así de paso descansamos de la discusión eterna en temas que no consiguen acuerdo. Dejamos pasar cinco, diez o los años que les parezcan a los legisladores y, eventualmente, volvemos a discutirlo. Pero hay que parar con la cantinela de que el pueblo laudó y que el pueblo no es respetado solo cuando nos conviene.

    Y perdón a los lectores si aburro con el concepto, pero el sistema político debe tenerlo claro y ejercerlo. No se puede ir de un lado a otro con las opiniones y bajadas de línea de acuerdo a lo que convenga. O pensamos que, si un plebiscito no sale, “el pueblo decidió”, o resolvemos que cualquier iniciativa que no salga puede volver a plantearse con algún detalle para que parezca otra cosa. Todo no se puede. Y les doy una noticia que no van a poder creer: la gente se cansa.