El Escudo de las Américas es un invento reciente del Pato Donald con una finalidad visible y otras muchas no tan visibles.
A fin de cuentas, ¿qué tiene que ver el delincuente procesado y correligionario Rafael Correa con la lucha contra el narcotráfico, que es lo que busca Trump con el “escudo”?
El Escudo de las Américas es un invento reciente del Pato Donald con una finalidad visible y otras muchas no tan visibles.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSi uno busca las referencias oficiales, se puede leer lo siguiente: “El Escudo de las Américas es una coalición militar regional impulsada por Donald Trump para combatir cárteles de droga y crimen organizado en América Latina, coordinando operaciones y compartiendo inteligencia entre países aliados”.
Así dicho resulta incomprensible (al menos para el presidente Orsi) que no nos hayan invitado al party en la Florida, en el que se fundó el grupo y se estrecharon vínculos entre varios países de nuestro continente, se comieron buenos saladitos de salmón y de caviar, y se bebió buen whisky. Don Donald es un gran anfitrión.
Cuando le preguntaron al Yama por la ausencia de Uruguay en ese encuentro, dijo que le parecía “muy raro” que no lo hubieran invitado, ya que al país también le interesa luchar contra el narcotráfico y sus chicos malos. Se ve que no había leído el diario ese día (porque, como habrán visto, las principales noticias del acontecer cotidiano el presidente las lee en los diarios), y a veces con el mate y las galletitas de mañana temprano se le queda alguna noticia sin leer. Se ve también que no había hablado con el Pacha, que antes de la pregunta que le hicieron al presi ya se había despachado con la energía que lo caracteriza sobre el engendro, obra del fantasma desmadrado del Norte, por el que marcaba la cancha entre imperialistas y antiimperialistas. Esa versión al presidente le quedó en el tintero, porque no la había leído, y a esa hora (eran como las 10 de la mañana) todavía no había abierto el celular, y capaz que el Pacha le había dejado un WhatsApp con sus declaraciones.
Como sea, el presidente no captó con claridad que una de las sagaces intenciones de Trump era marcar una línea divisoria entre los que están con MAGA y los que están con MCG&S, “uséase” —dijera Gonzalo Aguirre— los de Make America Great Again y los de Make China Greater and Stronger.
Será por eso que a Orsi, cuando vio la integración del grupo, no le causó sorpresa que en el “escudo” estuvieran Javier Milei, Rodrigo Paz, Daniel Noboa y Nayib Bukele, entre otros, y hasta Kamla Persad-Bissessar, de Trinidad y Tobago, pero no estuvieran ni Luiz Inácio Lula da Silva, ni Gustavo Petro ni Claudia Sheinbaum.
“Vaya uno a saber —dicen que dijo Orsi—, en la lucha contra el narcoterrorismo estamos todos, y se ve que irán completando la lista más adelante”. Algunos de sus asesores dicen que le dijo al presidente que capaz que el tremendo contingente humano que lo había acompañado en su viaje a la China le había hecho pensar a Trump que el Uruguay sentía una simpatía especial por ese país, y además que él hubiera demostrado tanto afecto por su nuevo amigo Xi Jinping, por la China continental y a la vez desprecio por los piratas de Taiwán no le habría gustado demasiado a Donald Trump.
“Macanas —dicen que dijo Orsi—, qué tiene que ver el viaje a China con la lucha contra el narcotráfico”, aseveró con énfasis.
Al presidente tampoco le preocupó mucho que sus asesores, que se ve que lo consultan poco, así como el partido político que lo llevó al poder, se hubieran adherido a la manifestación pública con banderas y muchos autos en apoyo al gobierno de Cuba ante los crueles ataques del imperialismo norteamericano, en una caravana que recogió muchos aplausos populares y muchas declaraciones de jerarcas gubernamentales en rechazo a la “vergonzosa injerencia de los que le inventaron un bloqueo a Cuba para ahogarla y matarla de hambre, queriendo estrangular a la revolución de Fidel”.
A Orsi le importó poco el tema. Cuando los periodistas le preguntaron si esa actitud de su gobierno y de su partido no interferiría con la posible incorporación al “escudo” de Donald, él lo descartó por completo. “Esto es una manifestación de apoyo a un gobierno amigo, porque nosotros somos amigos de todos, y no andamos discriminando”, afirmó, y dijo luego: “Además, qué tiene que ver la solidaridad con Cuba con la lucha contra el narcotráfico”, y, como de costumbre, los periodistas que lo rodeaban no le repreguntaron de manera aclaratoria lo que estaba diciendo, una vieja costumbre que hace muchos años tenían los periodistas, pero que se ha perdido en el tiempo.
Los días que siguieron a esas manifestaciones han tenido algunos síntomas y ejemplos que seguramente le han confirmado a Trump que no nos va a invitar nunca a ser parte del “escudo”, pero que seguirán desconcertando al presidente porque no tienen nada que ver con la lucha contra el narcotráfico.
La colecta popular encabezada por sus partidarios de izquierda junta dinero, alimentos y medicamentos para llevarle en persona al pueblo cubano, que está pasando necesidades desde hace años, pero que ahora pasa más necesidades porque hay apagones y falta el petróleo que antes le regalaba Venezuela, antes que Trump extrajera a Maduro y lo mandara al calabozo.
“Eso no tiene nada que ver con la lucha con el narcotráfico”, dijo el presidente cuando alguien le dijo que con estas actitudes Uruguay se alejaba cada vez más del “escudo”.
Y ahora, para poner la frutilla arriba de la torta, tenemos la visita del expresidente de Ecuador Rafael Correa, procesado por cohecho agravado y corrupción, acusado de haber aceptado millones de dólares contra la concesión de obra pública a la empresa Odebrecht, que, dicho sea de paso, ha dejado el tendal en toda América Latina y se ha llevado a la cárcel a varios presidentes y gobernantes.
Correa vive como asilado político en Bélgica, pero ha venido a entrevistar a amigos y simpatizantes para un programa de streaming que tiene en Bruselas. Al momento de escribir esta nota, acaba de entrevistar a Lucía Topolansky, recordando a su viejo amigo el Pepe. No se sabe —pero no sería extraño— que se entreviste con autoridades nacionales y, por qué no, con el propio Yamandú Orsi.
A fin de cuentas, ¿qué tiene que ver el delincuente procesado y correligionario Rafael Correa con la lucha contra el narcotráfico, que es lo que busca Trump con el “escudo”?
Lo más seguro es que, si lo piden, lo reciba y lo abrace al polémico visitante. Y se saquen fotos juntos.
Y, también, lo más seguro es que Trump no invite nunca al Uruguay a su grupo de amigos antinarcos, antichinos y anti todo lo que Orsi sigue sin entender…