• Cotizaciones
    jueves 05 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Querido mundo, ¿estás ahí?

    Presos de las circunstancias, desde las más inesperadas catástrofes naturales hasta los hechos cotidianos y prosaicos, la vida insiste en señalarnos el escaso control que tenemos sobre lo que nos sucede

    Columnista de Búsqueda

    Hace más de 20 años, en los últimos años 90, descubrí al británico de origen pakistaní Hanif Kureishi con los relatos Amor en tiempos tristes y Siempre es medianoche. No digo que se haya convertido instantáneamente en mi escritor favorito, pero a medida que lo leía iba trepando en mi top 20. Y a lo largo del tiempo fui siguiendo de cerca su producción.

    Un día me di cuenta de que hacía mucho que no se hablaba de él, nadie citaba una obra nueva, ninguna novedad en las vidrieras de las librerías. Y corrí a preguntarle al oráculo de Google (¿o ya era el de la IA?) qué había pasado con el escritor. La respuesta me resultó inquietante: en diciembre de 2022, Kureishi, que pasaba unos días en Roma, había sufrido un accidente, en principio, un percance tonto, doméstico: le sobrevino un mareo estando sentado. Pero el mareo le provocó una caída, la caída le ocasionó un golpe, y el golpe lo dejó tetrapléjico.

    Tetraplejia: leo que se trata de una parálisis que afecta el movimiento y la sensibilidad de las cuatro extremidades y del tronco, muchas veces causada por una lesión de la médula espinal en la región cervical. Además, y como si fuera poco, el afectado puede sufrir la pérdida del control de los intestinos y de la vejiga, de las funciones sexuales, padecer problemas de digestión, de respiración, y la sensibilidad de las zonas involucradas suele verse afectada. Para que tengan una idea, no solo es difícil que Kureishi vuelva a caminar, sino que hasta ahora no ha podido volver a sujetar un lápiz, depende totalmente de sus cuidadores, no controla los esfínteres ni es capaz de llevarse la comida a la boca. Como dice él mismo: ni siquiera puede rascarse cuando le pica.

    O sea, se terminó su vida. O su vida, tal como él la vivía y nosotros la conocíamos. Puedo imaginarlo: en sus días buenos estará de pésimo humor; en los malos, deseará estar muerto.

    Uno se pregunta cómo es posible que una indisposición momentánea, algo que en principio le sucede a cualquiera, pueda tener consecuencias tan dramáticas, tan letales. Tan permanentes. Porque, ¿quién no se mareó alguna vez en los últimos años? Y uno empieza a pensar que no importa tu edad ni el tipo de vida que lleves, que seas fuerte y cuidadoso: un accidente tonto acecha en tu futuro. Cualquiera puede sufrir un mareo que le provoque un desvanecimiento, que le provoque una caída, que le provoque un golpe, que lo haga quedar tetrapléjico.

    ¿Y qué pasa cuando de un momento a otro perdés todo? En un instante te quedás sin trabajo o sin dinero, sin casa, o te enfrentás a la muerte de un ser muy querido, o sufrís un quebranto de salud irreparable. Una circunstancia cualquiera te quita lo que nunca pensaste perder, algo precioso, vital. Sucede un imprevisto trivial y te lo arrebata, te obliga a enfrentarte a la enfermedad y a la muerte, a la miseria, ya no como una posibilidad remota y abstracta, sino como un hecho cierto en un día concreto. Llega ese momento bisagra, ese instante que es igual a cualquier otro instante de tu vida, pero trae consigo un efecto devastador.

    ¿Qué pasa? ¿Cómo te sentís si de un momento a otro lo perdés todo? Dice Kureishi, hablando de historias que conoció en el hospital: “Un hombre se cayó de la cama y se rompió el cuello. La gente cae por las escaleras. La gente cae en las piscinas. Es un catálogo de acontecimientos ridículos y crueles, contingentes y sin sentido”. Y agrega: “... te han sacado del mundo al azar y castigado de alguna manera kafkiana”.

    Presos de las circunstancias, desde las más inesperadas catástrofes naturales hasta los hechos cotidianos y prosaicos, la vida insiste en señalarnos el escaso control que tenemos sobre lo que nos sucede. Y, como diría Epicuro, de nada sirve preocuparte por lo que no puedes controlar. “No pretendas que las cosas sucedan como tú quieras, desea más bien que sucedan tal como suceden y todo irá bien”, decía el estoico. Magro consuelo, pero reconozcamos que tenía razón, que poco se puede hacer frente a la tragedia, apenas lo que Viktor Frankl llama “la última de las libertades humanas”: elegir nuestra actitud frente cualquier circunstancia.

    Y eso fue lo que hizo Kureishi, eligió la actitud. Después de la tragedia que partió en dos su existencia, aunque totalmente paralizado, volvió a escribir. Aunque escribir no sería la palabra que uno emplearía para describir la actividad de un hombre que no puede mover los dedos. Empezó a dictar un diario, algo sin forma e improvisado, palabras que su esposa escribía en el teléfono destinadas a la página de Twitter del autor. Después, un blog que dictaba a su hijo, textos que llamó Querido mundo, ¿estás ahí?, y que, poco a poco se fueron convirtiendo en el libro que se publicaría con el título A pedazos, un escalofriante inventario de sus desgracias, de la melancolía y la nostalgia por su otra vida, un relato fragmentario en el que refleja su durísima cotidianidad. “Mi mundo ha dado un vuelco inesperado; se ha visto arrasado, reconstruido y transformado, y no puedo hacer nada al respecto. Pero no pienso hundirme; sacaré algo valioso de todo esto”.

    No, no hay noticias que hablen de milagros en la salud del autor. Su fisioterapia estaría avanzando muy lentamente y, por el momento, su parálisis es irreversible. Aún así tiene proyectos en el horizonte, quiere “sacar algo valioso de todo esto” apoyado en lo que llama su salvavidas literario, en esos textos a pedazos que él transforma en un ejercicio de resistencia contra la adversidad, en el que tal vez sea el único acto de afirmación de su condición humana.