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Recuperar las manos

La fatiga digital es un mal que nos afecta a todos, a chicos y grandes. Encontrar momentos y espacios donde podamos alejarnos de los píxeles es como un oasis en el desierto tecnológico

Editora Jefa de Galería

Escribir a mano, lo más simple, básico y auténtico, es una tarea que abandonamos casi por completo. Y cuando lo tenemos que hacer nos cuesta, perdimos la práctica y la letra termina siendo una serie de garabatos ininteligibles. Dicen que una buena terapia para estos tiempos desenfrenados es precisamente la de ponerse a escribir con lápiz y papel; dejar que los pensamientos fluyan, nuestro cerebro conecte ideas y logre hacer mover nuestros dedos para trasladarlas al papel a un ritmo natural. Esa conexión mente-mano que tanto ejercitamos de chicos nos devuelve a un lugar familiar y amable. Se siente muy bien.

De hecho, es ampliamente sabido que cualquier trabajo con las manos es terapéutico: pintar, tejer, dibujar, coser, modelar, arreglar. Según afirman los que saben, funciona como una pausa mental que aleja las preocupaciones diarias, exige atención plena en el momento presente, ayuda a planificar, resolver problemas y tomar decisiones, mejora la destreza de las manos y la coordinación visual y aumenta la autoestima. Parecen tareas insignificantes y sin embargo son un dechado de virtudes. Claro que para los que no se nos da la motricidad fina puede terminar siendo una fuente de estrés, pero es cuestión de aceptar que el resultado es lo de menos. Porque otra cosa que nos enseña esta actividad es que no se busca la perfección. Los niños son felices creando con sus manos sin pretender ser grandes artistas. Debemos aprender de ellos y debemos estar más cerca de ellos.

Dicen que una buena terapia para estos tiempos desenfrenados es precisamente la de ponerse a escribir con lápiz y papel. Dicen que una buena terapia para estos tiempos desenfrenados es precisamente la de ponerse a escribir con lápiz y papel.

Por todo lo dicho hasta ahora es que para este Día de la Niñez quisimos entrar en el maravilloso mundo de la creatividad y la diversión simple y elemental de las manualidades, casi como un refugio. Para eso acudimos a una experta, María José Camaño, que desde hace tiempo vive las manualidades como un apostolado, primero, creando decoraciones, piñatas y juegos para los cumpleaños de sus hijos y, luego, convirtiéndolo en un proyecto: Mamá Majo. Además de cumplir con los pedidos, en su cuenta de Instagram (@holamamamajo) comparte ideas y propuestas para crear en familia.

Entonces, si un fin de semana un hijo, sobrino o nieto dice que está aburrido, no pensemos en una pantalla como una solución a un problema. Veamos una oportunidad para que pueda explorar la creatividad y tal vez podamos unirnos a su causa, porque seguro será también para nosotros una oportunidad de hacer una pausa y compartir tiempo con ellos.

El plan es muy simple: juntar algunos papeles, cartones y tijeras, sentarse alrededor de una mesa, ensuciarse las manos con pintura, inventar un mundo fantástico o recuperar un juego de la infancia. Es una forma sencilla de conversar, reírse y estar juntos.

La fatiga digital es un mal que nos afecta a todos, a chicos y grandes. Encontrar momentos y espacios donde podamos alejarnos de los píxeles y los campos electromagnéticos es como un oasis en el desierto tecnológico. Y antes de elaborar planes complicados, optar por lo simple y lo que podemos hacer con nuestras manos puede resultar mucho más divertido, creativo y relajante mientras conectamos con ellos, nuestros niños y niñas, que tanto tienen para enseñarnos.