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El Frente Amplio denunció una y otra vez con firmeza durante la gestión anterior las falencias en la conducción del organismo; ¿no es entonces el momento de que quien tome sus riendas se dedique de lleno a cambiar esa realidad?
Escribo estas líneas a riesgo de que hoy mismo la Junta de Transparencia y Ética Pública me cierre la boca. Todo indica que no será así, pero aún con esa posibilidad sobre la mesa hay algunos aspectos que en medio de todo el barullo generado por este y otros temas entiendo importante pensar en profundidad y quizás sacar algunas conclusiones.
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Uno: el desgaste. De acuerdo a distintas fuentes, la decisión del presidente de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), Álvaro Danza, será dejar sus empleos privados y dedicarse exclusivamente a la presidencia del organismo más grande de la salud del país y a su cargo como profesor grado 5 de la Universidad de la República. Una decisión obligada a esta altura por la imposibilidad de sostener ante la sociedad la lista de justificaciones que intentaron defender que, mientras dirige los servicios de salud del Estado, mantenga sus trabajos privados en tres mutualistas diferentes. Una decisión que pudo incluso no ser tan radical si desde el principio hubiera optado por mantener algunas horas en alguna mutualista como médico consultante —como le planteó al estudio Delpiazzo— para analizar casos concretos dada su alta experiencia universitaria. Para que sus conocimientos no se fuguen en el agujero negro de la toma de decisiones administrativas, digamos. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es asumir un cargo de tamaña responsabilidad y no dedicarse con alma y vida a eso. Estamos hablando de los hospitales públicos de todo el país, con todas sus carencias y necesidades. Vaya si necesita dedicación. Pero volviendo al punto, el tiempo hizo su trabajo y la renuncia a la actividad privada ya no será suficiente, aunque con ella cesen las irregularidades. No se sacará de arriba el reclamo opositor de que abandone el cargo ni los cuestionamientos éticos, y el gobierno deberá seguir defendiendo durante todo el mandato una decisión que debió haber tomado antes. Y el desgaste en la figura de Danza será difícil de revertir.
Dos: lo jurídico. Es verdad que cuando aparecen casos aparentemente reñidos con la ética todos somos, de un día para otro, juristas expertos en legislación y normas de la función pública. Es impresionante lo que sabemos. En fin. Fuera de la ironía, las leyes están para cumplirse, y aunque es verdad que para casi todo hay dos bibliotecas, este caso parece bastante claro. No lo digo yo, lo dice, entre muchos otros, el Instituto de Derecho Constitucional de la Universidad de la República. Tal como informó Búsqueda la semana pasada, la Comisión de Salud Pública y Asistencia Social de la Cámara de Diputados le encomendó al organismo, integrado por 18 docentes grados 3, 4 y 5, su opinión sobre el asunto. El director del instituto, Jaime Sapolinski, envió al resto el borrador de una propuesta de respuesta —que luego fue aprobada por mayoría, aunque no participaron todos los integrantes— en la que se considera la incompatibilidad de la designación de Danza en ASSE con el desempeño “en una función existente de antemano”, referido a su trabajo en mutualistas, basado en el inciso 3 del artículo 200 de la Constitución. El artículo en cuestión, invocado también por la oposición en su reclamo de renuncia, señala que los miembros de los directorios o directores generales de los entes autónomos o de los servicios descentralizados no podrán ejercer simultáneamente profesiones o actividades que, directa o indirectamente, se relacionen con la institución a la que pertenecen. Con base en ese artículo irá también la interpelación que se hará a la ministra de Salud Pública, Cristina Lustemberg, por este tema. Y otro dato no menor: en su defensa, distintos integrantes del gobierno aseguran que el estudio Delpiazzo dio el OK a Danza para desarrollar su actividad privada. Sin embargo, se omite que el mismo estudio le sugiere “para su mayor tranquilidad” hacer la consulta a la División Jurídica de la Jutep. Esa consulta no se hizo oportunamente y el organismo tomó el caso recién en agosto, después de un informe del programa Así nos va de Radio Carve. Ahora el gobierno aguarda su informe para tomar una decisión que parecía obvia de antemano.
Tres: lo político. Mucho se ha hablado de las condiciones de Danza como médico, motivo por el cual se lo designó al frente de ASSE. También de su gestión hasta el momento, que para el gobierno es altamente satisfactoria. Sin embargo, en el análisis político no se ponderó que al ciudadano en general no le gusta sentirse engañado, estafado en su buena fe. Y que si aparece un informe que dice que el presidente de ASSE marca tarjeta virtual en un trabajo cuando está en otro, por más justificaciones que haya, se pierde la confianza. El Frente Amplio ha cuestionado muchas veces la ética de integrantes de otros partidos políticos, y muchas veces ha tenido razón. Pero cuando se reclama ética es importante empezar por uno mismo. Y aunque no me gustan las frases hechas, acá voy a usar una. Ser y parecer. El presidente del organismo que atiende, entre otros, a los más necesitados, tiene que ser el más dedicado a ellos. No parece posible con una carga laboral que incluye la presidencia, la facultad y tres mutualistas. El Frente Amplio denunció una y otra vez con firmeza durante la gestión anterior las falencias en la conducción del organismo. ¿No es entonces el momento de que quien tome sus riendas se dedique de lleno a cambiar esa realidad? En la propia interna del Frente Amplio hay cuestionamientos, en especial hacia adentro, pero también ha habido alguno público, como el de la senadora Constanza Moreira. Mirando de afuera, se puede considerar que cosas como estas pudieron haber terminado mucho antes y mucho mejor. Se pudo cortar el problema de raíz y que la renuncia al sector privado hubiera sido inmediata. El gobierno se compró un problema que no necesitaba.
Cuatro: el salario. Ah, si. El sueldo del presidente de ASSE es bajo para quien, insisto, tiene tanta responsabilidad. Para la mayoría de los uruguayos, $ 130.000 es muchísimo dinero. Pero es bastante menos de la mitad de lo que gana un legislador, por hacer una comparación. El presidente de ASSE debería tener un salario más alto que evitara todo lo que escribí antes. E incluso quizás debería poder tener alguna hora para ejercer su profesión en forma eventual. Teniendo en cuenta que Danza percibe unos $ 600.000 mensuales, según su declaración jurada, seguramente sea una decisión difícil bajar ese ingreso a $ 130.000. Para graficarlo, gana más que el presidente de la República. ¿Está mal que gane bien si trabaja mucho y está muy formado en su materia? Para nada. Pero a veces hay que optar y siempre se puede decir que no. Priorizamos ganar muy bien en la actividad privada o priorizamos dirigir el organismo que atiende la salud de cerca de un millón y medio de uruguayos. Hoy es así de acuerdo a las normas. Y, mientras, podemos pensar en modificar algunas. El diputado del MPP Sebastián Valdomir reconoció en rueda de prensa que “posiblemente” haya sido un error no haber acompañado la iniciativa del Partido Nacional, durante el gobierno pasado, de aumentar los salarios de los presidentes de las empresas públicas. Y sí.
En el gobierno se ha acusado a la oposición e incluso a algunos medios de hacer un escarnio público con Álvaro Danza. Pero fue el propio gobierno el que decidió blindarlo ante una situación difícil de sostener, incluso cuando él estaba dispuesto a ir para atrás en su decisión de mantener sus empleos privados. ¿Es culpa de la oposición y los medios? El gobierno no necesitaba este problema. Pero es su responsabilidad haber dejado que creciera cuando a todas luces debió cortarlo. El siga siga a veces sale mal.